EL PAIS › CALIDO ENCUENTRO DE LA PRESIDENTA CON EL PAPA EN LA VISITA EN ROMA

Un almuerzo y una charla “naturales”

Fernández de Kirchner discutió largamente con Bergoglio el orden financiero mundial y “la necesidad de una reforma profunda”. La Presidenta contó la “preocupación” papal por los ataques contra su gobierno.

 Por Victoria Ginzberg

Desde Roma

Imagen: AFP.

Era un libro rojo de tapas duras. La Presidenta lo abrió y sin tener que buscar encontró lo que quería: el punto 56 del Evangelii Gaudium, la primera exhortación apostólica escrita por Francisco. “No me diga nada, usted ya lo dijo todo”, le comentó entonces al Papa. Es que en ese texto Jorge Bergoglio condenó la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera y afirmó que la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades reales de su economía. El respaldo en el conflicto con los fondos buitre existía de antemano. Lo que hubo ayer fue la oportunidad de dejarlo en evidencia. Y de eso se trató el almuerzo que ambos compartieron en la residencia de Santa Marta. CFK relató que encontró a Francisco “conmovido, interesado y contento” por la votación en la que, por impulso de la Argentina, 124 países miembros de las Naciones Unidas acordaron elaborar una convención para regular las reestructuraciones de las deudas. El del Papa, entonces, se convirtió en el voto 125.

Saludos

La Presidenta llegó al Vaticano después del mediodía. Como marca el protocolo, estaba de negro (un vestido, medias opacas y un saco) y tenía un tocado en la cabeza. Estuvo quince minutos a solas con el Papa antes de que entrara la comitiva. Todos habían llevado obsequios, pero la primera en entregarlos fue CFK: un retrato pop de Jorge Bergoglio de Roberto Devorik, un fileteado con la imagen de la Virgen de Luján, un cuadro de Evita, un rosario en bronce y alpaca, una caja de mieles de la cooperativa Argenmieles y una escultura (media cúpula) de la Virgen Desatanudos del artista Fernando Pugliese hecha en fibra de vidrio y resina epoxi e iluminada con led y con parlantes por donde se escucha el Ave María (“solo los argentinos podían hacer una escultura musical”, dijo CFK). Bergoglio, por su parte, le obsequió un rosario, una imagen del Vaticano en bronce y bendiciones para Néstor Kirchner, Florencia y la familia de Máximo. Luego hubo una foto grupal y ambos se fueron a almorzar a solas. Pero, antes, la nieta recuperada y secretaria de derechos humanos de la agrupación Kolina le mostró un collage en el que estaban las fotos de sus padres de-saparecidos durante la última dictadura y el lugar en el que fue enterrado su padre luego de que sus restos fueran identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (ver aparte).

Y mientras el fotógrafo enfocaba, un colaborador del Papa le dijo al diputado y secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque, que llamara a su abuela. La abuela de Larroque, muy creyente, cumplía 96 años y alguien se lo había comentado al Papa. El diputado no sabía bien qué hacer, pero ante la insistencia marcó y puso a Bergoglio en altavoz: “Francesca, te saluda el Papa”, escuchó la señora. “El Papa tiene una mirada muy especial sobre los jóvenes y sobre los ancianos, de los jóvenes porque dice que son el presente y el futuro y sobre los ancianos porque dice que son la memoria viviente de un país y tiene razón”, señaló después la Presidenta al relatar este hecho.

Especuladores

El almuerzo, el tercero de este tipo entre ambos, duró más de dos horas. La Presidenta definió la relación con Bergoglio como de “mucha naturalidad” y dijo que en esos términos fue que compartieron impresiones sobre el sistema financiero global. Mientras comían ensalada de verdes con hinojo rallado, bife de costilla (“no tan bueno como uno argentino”) y verduras al vapor con aceite de oliva (“que hay que reconocer que es muy bueno”), hablaron de la votación en Naciones Unidas en la que 124 países (contra 41 abstenciones y solo 11 rechazos) acordaron crear un marco jurídico multilateral para regular las reestructuraciones de deudas de los países.

“Esa es una preocupación constante de Su Santidad. Los que han leído Evangelii Gaudium lo pueden corroborar, pero no hace falta leerlo, hace falta simplemente escucharlo en lo que él considera la necesidad de una reforma profunda en todo el sistema financiero global y un mundo más justo y equitativo”, comentó CFK en una conferencia de prensa que dio en el aeropuerto antes de tomar el avión que la llevaría a Nueva York.

“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real”, dice el documento de Bergoglio citado por la Presidenta.

A partir del relato sobre su encuentro con el Papa, CFK aprovechó para adelantar algo de lo que será el eje de su discurso del miércoles ante la Asamblea General de la ONU. Así, sobre la votación del 9 de septiembre pasado en ese ámbito dijo: “Revela una voluntad mayoritaria del mundo de reglamentar la reestructuración de deuda soberana para que nunca más vuelva a ocurrir lo que le está pasando a Argentina (con el fallo del juez norteamericano Thomas Griesa) o lo que les pasó a otros países con anterioridad. Hacía más de 10 años que Naciones Unidas venía tratando. Y el Fondo Monetario había expresado esta necesidad. Lo expresó Christine Lagarde, lo expresó su anterior vicepresidenta Anne Krueger, que nadie puede decir que sea amiga de Argentina. Este consenso no es compartido por 10 u 11 países, las economías más importantes del mundo que tienen, por supuesto, los bancos más importantes del mundo y los fondos de inversión más importantes del mundo. Pero creo que finalmente todos van a darse cuenta de que es imposible seguir viviendo en un mundo con tanta incertidumbre. Todos hablan de previsibilidad y de certezas, pero realmente si hoy hay incertidumbre y falta de certeza, es precisamente a partir de una economía que se ha basado en la especulación de las finanzas, en la globalización, el movimiento de los capitales de un lado al otro, en la existencia de guaridas fiscales, en la existencia de fondos buitres”. Además, en la ONU, ahora la Presidenta tendrá en su haber el respaldo de Francisco, quien se ha vuelto un líder muy popular entre los principales mandatarios del mundo, incluido el norteamericano Barack Obama.

Los frentes

Durante la conferencia de prensa, la Presidenta aclaró que el Papa estaba preocupado por lo que considera los ataques a la Argentina en el frente externo, a partir del conflicto con los fondos buitre, pero que no manifestó lo mismo en relación con la situación interna. Es que hace pocos días se habían amplificado unas declaraciones del obispo Guillermo Karcher, encargado de protocolo del Vaticano, en las que afirmaba que Francisco estaba “preocupado por la gobernabilidad y la sana democracia” en el país. Karcher es el mismo que dijo que una carta de Bergoglio enviada a la Presidenta a través de la nunciatura era falsa. Oportunamente, no estaba en el Vaticano durante la visita de CFK.

Lo que sí es un tema que le interesa al Papa es el de transmitir un mensaje de paz, sobre todo en medio de la convulsionada situación mundial. La Presidenta, que también participará en la ONU en una reunión del Consejo de Seguridad sobre terrorismo, que presidirá Obama, mencionó que Francisco estaba sorprendido de que no dejaran hablar en ese ámbito a los miembros observadores, El Vaticano y Palestina. Y sugirió que ella podría leer parte del Evangelii Gaudium referida a la necesidad de buscar la paz. De esa forma, así como Bergoglio puede contribuir a amplificar el reclamo de la Argentina contra los buitres, CFK podría ser de alguna forma mensajera de un pedido del Papa para el resto de los líderes del mundo.

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