EL PAIS › EL GOBIERNO INVESTIGA A MILITARES RETIRADOS Y EN ACTIVIDAD

Los últimos dinosaurios

El próximo acto de reivindicación del terrorismo de Estado será el 5 de octubre y los conjurados, con Cecilia Pando una vez más como abanderada, buscan masificarlo. Las listas que maneja el Gobierno. Quiénes son los complotados y cuáles sus centros de reunión.

 Por Sergio Moreno

El Gobierno observa con atención algunos movimientos, embozados y no tanto, que están efectuando militares retirados y algunos en actividad, cuya finalidad es continuar con las maniobras fragoteras y de reivindicación del terrorismo de Estado y ampliar al máximo sus efectos políticos. En la Casa Rosada poseen información sobre que el acto del 24 de mayo no habrá sido el último; por lo pronto, los dinosaurios ya están organizando uno de mayor envergadura para el próximo 5 de octubre, en recordación del ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 con asiento en la provincia de Formosa, realizado por los Montoneros en 1974. Los organizadores son asiduos concurrentes al centro nacional del fragote y las conspiraciones llamado Círculo Militar, y sus mascarones de proa serán nuevamente Cecilia Pando y Karina Mujica, además de algunos miembros del Ejército distribuidos por todo el país.

La intención de estos centuriones militares y sus propagandistas es mantener el ruido que han instalado a partir del acto del 24 de mayo pasado, dejando la impresión de que en realidad son más de los que son y que estas faenas responden a un clamor con algún anclaje en la sociedad, quimera existente sólo en las afiebradas mentes de algunos uniformados y de varios de sus ideólogos intelectuales. En el Gobierno los tienen individualizados y saben que son grupos marginales de militares; eso sí, muy activos en las labores conspirativas. Acompañando al grupo jurásico, un grupo de propaladores periodísticos y especialistas vinculados a cuestiones militares –entre ellos algunos ex ministros de Defensa de recientes gobiernos democráticos– azuzan la salamandra para que el fuego aparente ser mayor que las chispas que realmente son.

A pesar de eso, el Gobierno, después de quemarse con leche en el acto del Día del Ejército en Campo de Mayo, el 29 de mayo pasado, está alerta. En aquella oportunidad, no resultó muy efectivo el trabajo de reunión de información de la conducción del Ejército, encarnada en el general Roberto Bendini, ni siquiera el del Ministerio de Defensa, encabezado por Nilda Garré. Como se recordará, en aquella oportunidad, además de haber dejado ingresar a la vociferante Pando con una majada de lloronas para gritarle al Presidente, un grupo minúsculo de militares uniformados que estaban en una tribuna al costado de Néstor Kirchner se permitió darse vuelta durante el discurso presidencial y hasta retirarse, generando un hecho político frente a las cámaras de TV prácticamente con nada. “No se puede mandar crudo al Presidente de esa manera. Esos actos deben estar garantizados, si no el Presidente no debe ir; no puede ser que cinco tenientuchos le hagan una escena a alguien que cuenta con el 80 por ciento de aprobación popular”, se quejaba ante este diario, por aquellos días de mayo, un importante consejero del patagónico. “Kirchner estaba que trinaba” después del acto, confió la fuente.

Para colmo, la desinformación de Defensa y del Estado Mayor General del Ejército quedó expuesta en otras oportunidades, a saber:

Antes del 20 de junio se envió un radiograma a varias unidades del Ejército, especialmente al II Cuerpo con asiento en Rosario, indicando que las fuerzas militares no participarían de ningún acto cívico-militar en conmemoración del Día de la Bandera. El general Bendini y la ministra Garré se enteraron cuando las autoridades de la municipalidad de Rosario llamaron a Buenos Aires para chequear que las directivas eran ciertas. Bendini dijo que fue un malentendido y que el radiograma no había existido pero, tal como lo comprobó la edición rosarina de Página/12, en una investigación publicada la semana pasada, el radiograma de marras existió y fue enviado.

La realización de una misa a manos del archirreaccionario vicario castrense, monseñor Antonio Baseotto, reivindicando el terrorismo deEstado. Baseotto fue echado por el Gobierno en lo referente al aporte estatal de salario y de rango de secretario de Estado. El conflicto con el Vaticano por el cura no está resuelto, pero las autoridades eclesiásticas habían aceptado que Baseotto no oficiara más hasta solucionar el entuerto. A pesar de ello, y por la subterránea actividad de militares retirados y activos, Baseotto encabezó otro acto político de reivindicación de la muerte y la tortura, del cual la jefatura del Ejército y la conducción de Defensa se enteraron cuando ya estaba realizado y suficientemente propagandizado por los conjurados.

No obstante estas severas deficiencias que se vienen reiterando en el área, el Gobierno está al tanto –luego de los episodios recordados– de los movimientos subterráneos de los fragoteros. En la Casa Rosada aseguran que también estaban al tando del radiograma citado y de la misa de Baseotto, pero que en su momento no se les dio la suficiente importancia. Eso ha cambiado.

Conspiradores

El Círculo Militar, un bello palacete francés frente a la Plaza San Martín, ha sido uno de los epicentros de los últimos acontecimientos y de los que seguramente vendrán. Los primeros viernes de cada mes, un grupo de dinosaurios se reúne para conversar sobre los próximos pasos a dar y para quejarse de la política de derechos humanos de “este gobierno montonero”, como gustan llamar a la administración Kirchner. El Gobierno tiene individualizados a varios activos participantes de las tertulias, entre otros, el ex militar Eduardo Fernández Cutiellos; el teniente coronel Carlos Ruarte, que cumple actualmente funciones en la Quinta Presidencial de Olivos; el coronel Juan Eduardo Elmiger, jefe de los grupos comando con destino Campo de Mayo, y, por supuesto, el coronel Eduardo Ramón Díaz Bessone, hijo del otrora presidente del Circulo Militar, el ex general Ramón Genaro Díaz Bessone, actualmente en arresto domiciliario por haber perpetrado crímenes de lesa humanidad.

Además de estos encuentros cuarteleros fuera del cuartel, en el Gobierno han analizado una serie de episodios ocurridos en varios destacamentos del Ejército y a algunos personajes que, en la Rosada están convencidos, integran este movimiento involucionista. Veamos lo que dicen algunos informes de inteligencia con que cuentan en Balcarce 50:

- “El acto del 24 de Mayo pasado no tuvo nada de azaroso.” Uno de los personajes que está siendo investigado por el asunto es un integrante del Batallón de Comunicaciones 602. Es un hombre de inteligencia militar.

- Recientemente, en Rosario fueron panfleteadas unidades de Ejército con octavillas de color amarillo donde se atacaba a la ministra de Defensa y al general Bendini. Un informe de inteligencia en poder del Gobierno señala que la idea de realizar estas panfleteadas surgió en una reunión entre el teniente coronel Juan Daniel Amelong (detenido por violaciones a los derechos humanos) y su contacto en el exterior, el teniente coronel (RE) “Chuli” Rodríguez. Según reza en el informe oficial, a esas actividades no habrían sido ajenos un teniente coronel basado en Rosario y un coronel que funciona como su enlace en Córdoba.

- El acto del 24 de mayo tendrá su continuidad el próximo 5 de octubre, en un mitin –que los organizadores intentarán sea más masivo que el de la Plaza San Martín– en recordación del ataque que Montoneros realizó al Regimiento de Infantería de Monte 29 con asiento en la provincia de Formosa, en 1974. Los organizadores son los tertulianos del Círculo Militar y las mediáticas Cecilia Pando y Karina Mujica, además de retirados y militares en actividad distribuidos por todo el país.

- Cuando en un hecho criminal fue asesinada, hace unos meses, la hermana del teniente coronel Alejandro Guglielmi, a su velatorio concurrieron varios uniformados. Un informe que está en poder del Gobierno reproducealgunos diálogos que se produjeron en el velatorio, entre militares en actividad quienes, más allá de su pesar por la tragedia, realizaron un verdadero debate cuyas diatribas alcanzaron a la administración nacional. El informe reproduce diálogos como: “Esto tiene que tener un límite, hay que buscar un referente y no debe ser general ni coronel comprometido con el poder”; “Los jefes directos son los responsables de todo y no hay sanción para los comandantes que son tan responsables como los jefes”; “La supervivencia de la institución depende de los oficiales del grado de mayor y teniente coronel con algunos coroneles que tengan el coraje de ser parte y conducir”; “Se deben iniciar diálogos secretos entre referentes de las grandes concentraciones militares en el país”; “Ayer la veíamos de afuera siendo espectadores de la disolución de lo único que funcionaba que era la inteligencia. Hoy somos todos parte y entendemos por qué atacaron a la inteligencia militar”.

- Según los datos con que cuenta el gobierno nacional, el coronel Juan Elmiger, jefe del grupo de comandos de Campo de Mayo, estaría planeando “concentrar todas las fuerzas de comandos en Buenos Aires”.

- Otro militar retirado que es investigado por el Estado nacional es el coronel (RE) Ernesto Luchini, siempre vinculado a la inteligencia desde su paso por la Secretaría de inteligencia de Estado hasta su posterior reclutamiento por la Jefatura II de Inteligencia de Ejército. Se ha mostrado muy activo contactando a retirados y activos para esta cruzada jurásica.

- El ex jefe de Granaderos y mano derecha del extinto jefe del Ejército Ricardo Brinzoni, general (RE) Daniel Manuel Reimundes, menemista convencido, coautor de la teoría de que las FF.AA. deben intervenir en cuestiones de seguridad interior y en la lucha contra el narcotráfico, así como contra los “nuevos peligros sociales” (tales como la inmigración, la pobreza, la exclusión social, el terrorismo internacional), es otro de los hombres que desde la Rosada siguen con atención. Su rutilante aparición, el domingo pasado, en el programa del viejo compañero de ruta Mariano Grondona (el pasado domingo se solazó porque “el Ejército ha empezado a hablar”) fue –dicen en Balcarce 50– de una evidencia empalagosa.

Las actividades de los dinosaurios se mantendrán in crescendo en paralelo al desarrollo de los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos por los represores de la dictadura. Ya hay dos en marcha, el del ex jefe de investigaciones de la Bonaerense de Ramón Camps, Miguel Etchecolatz, y el de Julio Simón, alias el “Turco Julián”. Ambos fueron policías. Cuando comiencen a desfilar por los juicios orales los militares y ex militares, el movimiento jurásico se hará oír más, según rezan los informes con que cuenta el Gobierno.

Los informes que ya maneja el Gobierno muestran que estas actividades subterráneas no tomarán desprevenida a la administración Kirchner, a pesar de los patinazos que dieron las cúpulas del Ejército y de Defensa. En todo caso, cuentan por adelantado con el repudio de la mayoría de la sociedad argentina, que en los últimos años ya dio muestras de que ha incorporado los valores democráticos y de defensa de los derechos humanos como nunca antes en su historia.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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