EL PAíS

Lo que muestra el caso Axel

Analizado en detalle, el secuestro de su propio hijo demuestra que la receta de mano dura de Blumberg no funciona y no hubiera evitado el delito que le costó la vida.

 Por Raúl Kollmann

El propio secuestro de Axel Blumberg demuestra que las estrategias centrales que su padre propone –aumento de penas, política más dura con los menores– no hubieran evitado el asesinato de su hijo. Ni tampoco cambió la historia la apelación a tres fuerzas que son las preferidas de Blumberg –la Policía Federal, la de Córdoba y la SIDE–, sino que ocurrió todo lo contrario: fueron decisivas en que el secuestro se cometiera, la banda se mantuviera impune y, en menor medida, que todo haya terminado con la muerte de Axel. Es cierto que hoy Blumberg plantea la profesionalización de las fuerzas de seguridad y, en forma mucho más tibia, la depuración. Pero las postales del secuestro y asesinato de Axel, que se han visto en forma palmaria en el juicio oral, muestran algunas de las claves de lo ocurrido.

1

¿Quién amparaba a la banda de Martín “El Oso” Peralta?

Ya la investigación demostró que se trataba de una banda dedicada al robo de autos y que, de paso, se metió en lo que entonces parecía un “negocio rentable”: los secuestros extorsivos. Esta semana, en el juicio oral, quedó evidenciado que Jorge Daniel Sagorsky, un hombre más que allegado a policías federales, lo llamaba al Oso Peralta –ocho veces en un solo día– y le indicaba qué autos robar, qué modelos, qué color y hasta la oportunidad para “levantar” tal o cual vehículo. Esas escuchas constan en una causa judicial en la que se investigaba la falsificación de DNI, pero queda claro que la banda robaba autos y seguía en libertad gracias a que estaba relacionada con policías federales. Sagorsky, por ejemplo, se comunicaba con el comisario Daniel Gravina que, no casualmente, había tenido jurisdicción en la zona de la avenida Warnes.

2

Adivine quién cayó en el secuestro.

La banda del Oso Peralta protagonizó en noviembre de 2003, cuatro meses antes del caso Axel, el secuestro de Ana María Nordmann. Cuando se arregla el pago del rescate, por orden de la fiscal Rita Molina, se decide “cortar el pago”, es decir detener a los que van a cobrar el dinero. En un descampado se tiran los 80.000 pesos y actúa la Policía Federal. De los dos integrantes de la banda que fueron a levantar la plata, fue detenido uno, Gerardo Carmona. ¿Adivine quién era el otro? Martín “El Oso” Peralta, que sorpresivamente logró escapar corriendo con sus más de cien kilos de peso. ¿Adivine quién tenía el dinero del rescate? No se recuperó ni un centavo porque, casualmente, la plata se la llevó –¿se la llevó?-– el Oso, justito el amigo de los federales.

3

¿Quién debía capturar a la banda?

Como se volvió a comprobar en el juicio esta semana, el Oso fue detenido por la Policía Bonaerense en San Fernando. Hubo que pagar 3000 pesos –en el idioma de policías y delincuentes se llama “cortar boleto”– para que salga en libertad. Un tercio de esa suma la puso Sagorsky, el confidente de la Federal y socio en el negocio del desarmado de autos. No habría sido la única vez: hay un rumor extendido de que Peralta y también otros integrantes de su banda tuvieron que “cortar boleto” en varias comisarías de la Bonaerense. O sea que al momento del secuestro seguía en libertad gracias a las dos fuerzas.

4

Un verano tranquilo.

Tras el secuestro de Nordmann, una comisión de la Policía Federal parte a Córdoba, ya que se detecta que El Oso tenía un desarmadero en La Falda. La comisión vuelve a las 48 horas diciendo que no lo encontraron. Se le pide entonces a la policía de Córdoba que esté atenta porque todo indicaba que Peralta solía pasar por su lavadero. Transcurren los meses y nada. Después de la muerte de Axel se produce un escándalo nacional y finalmente a Peralta lo detuvieron en Córdoba, en abril. En ese momento, los vecinos de La Falda contaron que el sujeto solía andar por allí en forma más que frecuente. Se ve que tanto la Federal como la policía de Córdoba tuvieron mala suerte: en casi medio año nunca se lo cruzaron.

5

De un fiscal a otro.

Esta semana la fiscal Rita Molina dijo que tuvo que abandonar la causa en forma obligada y que no se continuó la investigación. Les tiró la pelota a sus pares Jorge Sica y Pablo Quiroga y hasta se arriesgó a decir que si ellos hubieran continuado la persecución de la banda, se habría evitado la muerte de Axel. Sica siempre esgrimió la foja 391 de ese expediente, en el que Molina aduce “excesivo trabajo y escasez de personal” para delegarle la causa. De San Isidro, el distrito de Molina, se delegaron 34 causas de secuestro a Sica, de Morón ninguna, de Campana cuatro y de San Martín tres. De todas maneras, la misión de detener a la banda no era de los fiscales –ni Sica ni Quiroga ni Molina– sino de las fuerzas de seguridad. Al único que apresaron fue a Abel Di Napoli, un integrante de la banda del Oso, el 16 de marzo de 2004, una semana antes del secuestro de Axel.

6

Blumberg y la Federal.

Uno de los mayores reproches que el ingeniero le hace al fiscal Sica es que no convocó a la Federal para el caso. Sostiene –con razón– que la Bonaerense era un desastre. Sin embargo, en el caso Axel los hombres de la Federal aparecen relacionados con la banda de secuestradores, al punto de que Sagorsky está imputado como partícipe de la banda y sus relaciones con los policías están comprobadas. Es más, en el actual juicio oral hay dos jefes de la Federal sentados en el banquillo de los acusados.

7

La actuación de la SIDE.

El punto clave de la intervención de la central de espías fue el tiroteo en el momento en que el ingeniero iba a pagar el rescate en Panamericana y Ruta 202. Desde el punto de vista legal, Sica alega que él convocó a la SIDE y que eso habilitaba a los espías a actuar como policías, a realizar la detención y a disparar. La movida parece más que dudosa: la SIDE no tiene experiencia en eso y las cosas terminaron mal, al punto de que el Megane de los espías terminó volcado tras los empellones del Passat blindado que los secuestradores usaron y provenía del secuestro del ejecutivo de Arcor, Guillermo Ortiz de Rozas. Toda la operación, en la que también intervinieron dos móviles de la Bonaerense, fue un fracaso y exhibió fallas gravísimas. Por ejemplo, ni siquiera tenían buena comunicación entre los hombres de la SIDE y la Bonaerense. Pero Blumberg rara vez critica a la SIDE, ni siquiera por la torpeza de esa noche.

8

Los fiscales.

Sica y Quiroga venían de una supervictoria y habían quedado casi como ídolos poco tiempo antes cuando resultó exitosa la liberación de Ernesto Rodríguez, el padre de Jorge “El Corcho” Rodríguez. En aquella oportunidad, el fiscal avaló el ingreso a una quinta de General Rodríguez donde mataron a dos secuestradores, detuvieron a seis de los más buscados y liberaron a la víctima sin un rasguño. Los fiscales ya no parecían hombres que estudiaron derecho, sino especialistas en operaciones comando. Sica siempre argumenta que se limitó a darle la siguiente instrucción a la SIDE y la Bonaerense en la noche del pago de rescate de Axel: “Dentro de lo posible, hagan cesar el efecto del delito”. Y que la parte operativa la resolvieron, bien o mal, las fuerzas de seguridad o inteligencia. Esas fuerzas hacen trascender lo contrario: “Actuamos de acuerdo con lo que dijo el fiscal”. Esa polémica nunca se terminó de saldar en el caso Blumberg. De todas maneras, parece claro que el asesinato de Axel no se produjo por aquel tiroteo, sino por la desgraciada circunstancia de que el joven tuvo la oportunidad de fugarse, los captores lo alcanzaron y él les vio la cara. Todo indica que por eso lo ejecutaron.

9

Las políticas del Estado y el Gobierno.

La pregunta se la suele hacer y contestar el director de Política Criminal, Mariano Ciafardini: “¿Qué explica que hayan desaparecido los secuestros? La voluntad política”. En otras palabras, cuando hubo una fuerte presión del poder político sobre las policías y de éstas sobre las bandas, los secuestros se redujeron en forma casi total. Los delincuentes recibieron el mensaje de que quien secuestraba iba a ser “volteado”, lo que demuestra una vez más la relación que existe entre los policías y el mundo del delito. En el caso Blumberg esa relación se vio en todas sus dimensiones. ¿Las bandas que abandonaron los secuestros dejaron de delinquir? No. Se dedican a otra cosa. Hoy, por ejemplo, se volcaron bastante a la piratería del asfalto. Estrategias como tener poco dinero en las cajas de los bancos han reducido el robo a bancos en forma notoria; una política seria contra los desarmaderos –que está en marcha muy a medias– reduce el robo de autos; atacar la comercialización ilegal de metales, frena bastante el robo de cables; un mejor control sobre los camiones y las bocas de expendio, debería bajar en forma espectacular la piratería del asfalto. Es cierto que existe un delito más social, el robo a comercios, a personas, a ancianos, que depende justamente del trabajo social del Estado, de la exclusión y, como está probado a nivel internacional, de la mala distribución de la riqueza. La cuestión de fondo no tiene como eje las penas más graves ni el endurecimiento con los menores, sino la relación entre policías y delincuentes, la eficiencia y honestidad de las fuerzas de seguridad, una justicia que funcione en forma adecuada y las políticas del Estado en materia de prevención. El caso Axel se lo demuestra al ingeniero.

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