EL PAIS › KIRCHNER TOCO LA CAMPANA QUE ABRE LA RUEDA BURSATIL DE WALL STREET

“El lugar de donde no debimos salir”

El presidente Néstor Kirchner, acompañado por su esposa, Cristina Fernández, estuvo en el corazón del capitalismo mundial. Agradeció “el gesto del mercado de invitarnos”. De Vido anunció que Occidental Petroleum invertirá mil millones de dólares y Cargill, 330 millones en el país.

 Por Fernando Cibeira
Desde Nueva York

“The president Kirchner will ring the Opening Bell”, adelantaba el tablero de noticias, uno de los cientos de letras luminosas que cruzan el recinto de la Bolsa de Wall Street. Diez segundos antes de las 9.30, Kirchner apretó la campana de la que hablaba el cartel, dando comienzo oficialmente a la rueda bursátil más grande del mundo que mueve la friolera de unos 4 mil millones de dólares al día. La breve pero histórica ceremonia es transmitida en directo por cuatro canales de noticias norteamericanos y queda reservada a personajes representativos, que muchas veces no tienen nada que ver con la política o los negocios. “Agradecemos el gesto del mercado de invitarnos, volvimos al lugar del que nunca debimos haber salido”, sostuvo el Presidente en el desayuno previo a la campana, en el que se reunió con las autoridades de la Bolsa y un grupo de empresarios norteamericanos. Aunque las empresas aguardarían reunirse de manera individual con el Presidente para confirmarlo, el ministro de Planificación, Julio De Vido, comentó que Occidental Petroleum anunció una inversión de mil millones de dólares para incrementar su producción a 50 mil barriles diarios mientras que Cargill prometió otros 330 millones.

Desde el vamos estaba planteado como la nota curiosa del viaje de Kirchner a Nueva York. Nunca un presidente argentino había tocado la campana en Wall Street. Cuenta la leyenda que Carlos Menem se perdió de darse el gusto de hacerlo en el cierre de las acciones –a las 15.30, también se anuncia con un campanazo– porque se demoró demasiado en el baño. Lo cierto es que en la meca del capitalismo los tiempos son inflexibles; los hombres, circunstanciales.

Por eso, Kirchner llegó bien temprano al edificio de la Bolsa (NYSE, New York Stock Exchange) inaugurado en 1903 en el Lower Manhattan –a cinco cuadras de donde supieron estar las Torres Gemelas– engalanado con una bandera argentina, entre las muchas norteamericanas que lucía su frente. Cuando el cónsul Héctor Timerman recibió la invitación de la presidenta de la Bolsa, Catherine Kinney, para que Kirchner toque la campana, preguntó por qué no hacer también una reunión para hablar de negocios. La tónica que el Gobierno buscó darle a este viaje fue la de la búsqueda de inversiones. De ahí la idea del desayuno.

Kirchner llegó junto a su esposa, la senadora Cristina Fernández; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; la –recién llegada de Singapur– ministra de Economía, Felisa Miceli; el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. Las autoridades de la NYSE, Finney y su CEO, John Thain, fueron los anfitriones. Hubo siete empresarios norteamericanos, la mayoría con negocios en el país y ya con alguna relación previa con el Gobierno. Roy Covais, de Lockheed; Jesse Tyson, de Exxon; Gregory Wilkins, Barrick; Ray Irani, de Occidental Petroleum; Andrés Gluski, de AES; Eric Minrich, de Eaton y Van Yeuter, de Cargill. Hubo muchos empresarios argentinos que quisieron anotarse, pero sólo dos fueron los elegidos: Paolo Rocca, de Techint y Jorge Brito, del Banco Macro. Rocca tiene empresas que cotizan en Wall Street, así que también sabe de tocar la campana.

Heterodoxo y progresista

El Presidente comenzó la reunión trazando su habitual panorama sobre la economía argentina, con abundancia de los números que dan fe de la recuperación. Les dijo que la estabilidad, el desarrollo y el mantenimiento del superávit “son premisas que no vamos a abandonar”. En esa línea de seducción, destacó cuánto había bajado el nivel de endeudamiento del país respecto del PBI en relación con otras épocas y que las reservas en el Banco Central ya habían recuperado los valores previos a la cancelación de la deuda con el FMI y que seguirían creciendo. “Me llamaron heterodoxo y progresista, pero gracias a esta política pudimos salir del default y construir la estabilidad”, lanzó.

Según la versión que luego dieron De Vido y Timerman, los empresarios norteamericanos no hicieron cuestionamientos y reaccionar favorablemente al discurso. “Me encanta estar con un presidente que tiene todos los números de la economía en la cabeza”, comentó uno de ellos. El representante de Lockheed le dijo que gracias a haber seguido los consejos que le dio en 2004, siguieron en el país y ganaron dinero. De paso, comentó su intención de aumentar la fabricación de partes de avión en Córdoba. Como casi todos ya tenían inversiones en la Argentina, los empresarios norteamericanos hicieron un repaso de sus negocios y de los que tenían en sus planes. Así, surgió la novedad de los mil millones de dólares de Occidental Petroleum (“Occi”, en la jerga empresarial) para llevar su producción a 50 mil barriles diarios, algo que el Gobierno les viene reclamando a las petroleras.

Los tiempos urgían. Kirchner y Cristina pasaron por un salón especial en el que firmaron el libro de visitas. John Thain los acompañó hasta el balcón desde el que se toca la campana. Desde antes, con sus chaquetas azules, podía verse a los operarios correr de un monitor a otro haciendo anotaciones en sus libretas electrónicas y hablando por celular. El bullicio va creciendo y las luces de las pantallas parpadean, hasta que a las 9.30 se abre la rueda. “Van a ver que toco la campana y el mercado arranca el alza”, le pronosticó Kirchner al CEO de Wall Street. Según sus funcionarios más fanáticos, el Presidente acertó hasta el porcentaje: un 0,6 por ciento arriba, que se mantendría a lo largo de la jornada. Luego el Presidente, fascinado, recorrió los vericuetos del recinto y observó de cerca el trabajo de los operadores.

Los pasillos de la NYSE dan fe de lo tradicional de la ceremonia de tocar la campana. Hay fotos que van desde los jefes de Estado que uno se pueda imaginar, hasta actores, estrellas del deporte y Bugs Bunny o las Tortugas Ninja. Pero, en las palabras de Kirchner, fue el símbolo de haber vuelto al lugar del que el país no debió irse. Lo podía certificar el entusiasmo de De Vido en la calle al comentar los detalles de la reunión. Mientras hablaba con los periodistas, turistas japoneses le sacaban fotos con Wall Street de fondo y festejaban la ocurrencia.

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El presidente Néstor Kirchner, la senadora Cristina Fernández y el titular de la Bolsa, John Thain.
 
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