EL PAIS › APUESTAS DE LA DIRIGENCIA DE CENTROIZQUIERDA

Esa vieja transversalidad

Las opiniones de cara a la Concertación Plural de los que estaban en el primer intento de Kirchner de reagrupar el progresismo.

En sus inicios, Néstor Kirchner gustaba hablar de transversalidad. El objetivo, aseguraban en la Rosada, era darle nuevos bríos a un sistema político en estado terminal luego del “que se vayan todos” de 2001. La idea, que no alcanzó un anclaje institucional, comenzó su naufragio en 2005 cuando las elecciones hicieron de la confrontación con el duhaldismo la batalla madre. En su campaña reciente, Cristina volvió a hablar de cambio. Si bien el enemigo fue nuevamente la crisis de representatividad, esta vez el título fue otro: Concertación Plural, lo llama al experimento en donde hoy comulgan de modo inorgánico socialistas, radicales K y peronistas. Para el centro-izquierda, el destino de este nuevo armado vuelve a ser una intriga.

Con iniciativas como el descabezamiento de la cúpula militar, los progresivos avances en el castigo a los represores y el reemplazo de los viejos miembros de la Corte Suprema, el viejo proyecto de “la transversalidad” pretendía reagrupar a todo el progresismo diseminado en partidos y movimientos sociales bajo una misma bandera.

Las perspectivas de cara al futuro de todo este heterogéneo sector, se encuadran hoy dentro de las opciones de cambio reales que pueda significar el espacio. Los que apuestan subrayan que en el primer período las conquistas se centraron en la urgente bancarrota económica y no tanto en la importante recomposición política. Así lo ve el subsecretario de Integración Económica de la Cancillería y presidente del Frente Grande, Eduardo Sigal, quien se jacta de haber estado con el mandatario desde aquellas primeras épocas: “Desde la gestión, en estos cuatro años y medio el país ha ido recuperando el valor de la política como factor de transformación de la realidad. Sin embargo, no hemos logrado superar la crisis del sistema de representatividad ya que todavía sigue dando vueltas la imagen del que se vayan todos. Los partidos, que es la única forma de representación en el sistema democrático que conozco, siguen en una situación muy parecida a diciembre de 2001, y ése es un desafio pendiente”.

El intendente de Morón, Martín Sabbatella, procuró siempre mantener cierta autonomía respecto del gobierno nacional. No compró la primera transversalidad y ahora también mantiene sus recaudos. En lo que respecta a las características que pueda tener la coalición, sostiene: “Los partidos argentinos pueden decir mucho en términos históricos, pero hoy esas estructuras se han agotado como herramientas de cambio. Está terminando un ciclo y surge un nuevo sistema que tiene que constituirse en torno a ideas, principios y valores. Debe construir un nuevo relato que de cuenta de las distintas tradiciones e historias nacionales”. Como pisando algodones, al mismo tiempo apoya y cuestiona al gobierno. Si por un lado asegura compartir “el rumbo general que hoy tiene el país”, por el otro se preocupa en señalar sus discrepancias con “la lógica de construcción que incluya antídoto y veneno en un mismo lugar. Es que hoy hay estructuras pragmáticas funcionarias a cualquier ideología y para sostener un cambio hay que hacerlo por convicción y no por conveniencia”, explica.

Quizá sea en la ciudad de Córdoba donde las circunstancias más hayan cambiado en relación con aquella primera transversalidad. Luis Juez, intendente de la capital provincial, era uno de los estandartes junto al por entonces intendente rosarino, Hermes Binner, y al jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, de ese otro modo de construcción con el que el gobierno se entusiasmaba. Sin embargo, el visceral malestar que le generó el silencio de la Rosada ante sus denuncias de fraude en las elecciones a gobernador de septiembre, generó un frío distanciamiento entre ambos. Hoy, desde su propia experiencia, desconfía del nuevo proyecto: “Como fundador de aquella primera versión, evalúo que el resultado fue claramente negativo. Es que para la construcción de una verdadera argentina plural se debe poner el acento en las ideas, y los valores, que deben ser permanentes. No podés construir hablando de transparencia con dirigentes que no los son, con esos que provienen de la más rancia dirigencia peronista. No se hace un país distinto con los mismos dirigentes”, desliza haciendo hincapié en el mismo punto que Sabbatella. “En Santa Fe lo bancó a (Rafael) Bielsa en lugar de a Binner, en Buenos Aires apoyó a los intendentes pejotistas en lugar de a Sabbatella, acá en Córdoba estuvo con (Juan) Schiaretti. Nosotros pensamos que las construcciones sirven cuando se toma la decisión de ponerlas en riesgo justamente en procesos electorales”, agrega.

Para el socialista Ariel Basteiro, miembro de aquella transversalidad y de esta Concertación, la correcta caracterización del devenir de los partidos resulta nodal para saber qué es lo que conviene hacer acá. “El rol de los partidos está cambiando a nivel mundial y muchos tienden a desaparecer. Sin embargo, yo reivindico la necesidad de su vigencia y la conformación de bloques ideológicos. Es que a la población, los partidos políticos no le significan una referencia importante. Lo que importa es el lugar ideológico que representan porque la gente se termina montando en el bloque y se identifica con el dirigente”, sostiene, sin ocultar que su modelo es “el socialismo chileno, el Partido de los Trabajadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay”.

De esta idea se deduce que las aspiraciones de la Concertación Plural, por ahora, se centrarían en la conformación de un frente o bloque en donde confluyan aquellos sectores que se consideren parte del mundo progresista, de la centro-izquierda y/o del campo nacional y popular. Así, con este armado se buscaría una nueva polarización que actualice el debate, le de sentido concreto y reconfigure el mapa. Del otro lado, con una centro-derecha conservadora, podría estar Mauricio Macri o, dependiendo del rumbo que tome, Elisa Carrió.

Hacia el interior, si bien los matices entre uno y otro dirigente demuestran que no existe una homogeneidad total, lo cierto es que todos coinciden en la necesidad de “unir lo que tiene que estar unido y separar lo que debe estar separado”. Juez, que no se reconoce como un “opositor recalcitrante” pero tampoco se considera un “oficialista obsecuente”, convoca a Binner y a Sabbatella al espacio. Este último piensa en la CTA, el kirchnerismo no pejotista, los sectores del ARI críticos “de la derechización de lilita”, en el socialismo y hasta en Pino Solanas. Sigal mira hacia “los peronistas kirchneristas, el radicalismo de Cobos, los socialistas que gestionan y las experiencias particulares como el juecismo y el vecinalismo en la provincia” y Basteiro se detiene en la cohesión interna de su partido para sumarse al proyecto nacional.

A modo de síntesis, Sigal redefine el dilema: “Lo que está en juego es saber si este nuevo proceso político-económico-social-institucional va a parir una expresión política que tenga en cuenta a las distintas culturas, identidades e historias, o si, simplemente, va a ser otra articulación de las viejas tradiciones”.

Informe: Diego González.

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Ariel Basteiro y Eduardo Sigal.
Luis Juez y Martín Sabbatella.
 
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