EL PAíS › LA RELACIóN DE NARVáEZ-MACRI, LLENA DE IDAS Y VUELTAS

Dos millonarios en apuros

Se conocieron en los ’90, cuando frecuentaban la noche menemista. Se lanzaron a la política juntos con una fundación. Pero se separaron cuando Macri optó por competir en la ciudad. Desde ahí, abundaron los cortocircuitos.

 Por Fernando Cibeira

Se conocen de la época en la que conformaban una alegre dupla millonaria de la noche porteña menemista, a la que solían sumar a otros de su estilo como el ex Renault Manuel Antelo o el inversionista Eduardo Constantini. Después se les dio por la política y crearon una fundación para meterse en tema. El primer distanciamiento fue cuando Francisco de Narváez quería que su amigo apuntara directamente a la Casa Rosada, mientras que Mauricio Macri prefirió hacer escala en la ciudad de Buenos Aires. Desde allí, su relación está repleta de idas y venidas y quienes frecuentan a ambos aseguran que el vínculo personal está aún más deteriorado que el político. Puede que haya sido en algún atardecer en Punta o entre copas de champán en Space o El Cielo que ambos imaginaron el proyecto de llegar al poder político –el económico ya lo tenían– de la Argentina. Tenían muchos puntos en común: descendientes de inmigrantes que los habían hecho millonarios; divorciados y en la cresta de la ola; deportistas, playboys y cultores de la onda decontractée; adscriptos al discurso de llevar a lo público la eficiencia que ellos supuestamente habían mostrado en la esfera privada. Pero, está dicho, su fortuna la habían heredado y, a lo sumo, en lo que se habían mostrado hábiles era en sacarse de encima a algún hermano molesto.

Lanzaron la Fundación Creer y Crecer, que fue el primer reducto en el que Macri se dedicó a hablar de política por fuera de su actuación como presidente de Boca Juniors. Citaba a dirigentes y periodistas y recitaba speechs bien aprendidos que le pasaban sus asesores. “La Fundación Paganini”, la llamaban quienes trabajaban ahí, en referencia a lo inusual de los sueldos que se abonaban.

Todo marchó sobre ruedas hasta que llegó el momento de las definiciones. Macri dejó de lado el proyecto presidencial en 2003 para postularse a la Jefatura de Gobierno porteña. De Narváez creía que era el momento de apuntar directamente a la presidencia, para él los números cerraban. El divorcio se realizó en buenos términos: Macri se llevó los asesores y el “proyecto” porteño, De Narváez se quedó con la propuesta nacional.

El colombiano buscó enseguida nuevos rumbos. Sería la primera ocasión en la que no podría convencer a Carlos Reutemann para que se candidatee, una costumbre en la que aún hoy persiste. Sin muchas opciones, apareció entonces como uno de los principales aportantes de la decaída campaña de Carlos Menem en 2003. A cambio, el riojano le había prometido que sería su ministro de Desarrollo Social. Se sintió totalmente frustrado cuando Menem desistió de competir en el ballottage contra Néstor Kirchner.

Ansioso por subirse a algún carro, De Narváez buscó consolidar su relación con el peronismo de una manera extraña: se puso a comprar reliquias en las subastas. Pagó 93 mil dólares por un uniforme de Perón y 148 mil verdes por su biblioteca. Así se acercó al duhaldismo y a lo que socarronamente Néstor Kirchner pasó a llamar el “Grupo Mausoleo”. En la recorrida, también tuvo un brevísimo paso por el kirchnerismo e incluso formó parte de una comitiva presidencial en un viaje a Alemania.

Mientras, Macri competía por primera vez como candidato en la Capital: quedó primero con el 37,5 por ciento, pero perdió en el ballottage contra Aníbal Ibarra, quien contó con el apoyo de Kirchner.

Macri ya había formado PRO, como una agrupación de derecha con una “pata peronista”, que integraban algunos dirigentes cercanos a Eduardo Duhalde como Cristian Ritondo. De Narváez, en cambio, buscó siempre mantenerse dentro de algún sector aunque sea periférico del peronismo, como cuando formó parte del grupo El General, junto a Roberto Lavagna, Eduardo Camaño y Juanjo Alvarez.

Pese a que sus caminos tendían a bifurcarse, siempre fueron las elecciones las que volvieron a reunir a los dos empresarios. En 2007, ante la alternativa de una avalancha kirchnerista, crearon en la provincia de Buenos Aires Unión-PRO, en donde De Narváez compartió fórmula a gobernador con el primo Jorge Macri. Quedaron terceros, arañando el 15 por ciento de los votos.

Otro punto de desunión entre ambos fue el posible papel de Duhalde en su armado opositor. Los peronistas que trabajan con Macri siempre lo quisieron como el gran estratega, pero De Narváez, encuestas en mano, invariablemente lo rechazó. En privado, De Narváez sostiene que Duhalde es uno de los dirigentes más desgastados y de peor imagen del país, por lo que más vale tenerlo lejos que cerca.

Por eso, de común acuerdo, cuando en 2009 conformaron una alianza electoral junto a Felipe Solá, consensuaron marcar que el ex presidente no tenía ningún papel que jugar en el armado.

Lo que sigue es más reciente. De Narváez consiguió una impactante victoria sobre Kirchner en la provincia de Buenos Aires y se instaló como uno de los principales referentes de la oposición. Paralelamente, Macri lucha por sacar adelante una gestión porteña que acumula más tropiezos que aciertos, por no hablar de un procesamiento por escuchas ilegales. La relación personal entre ellos no pasa de una fría corrección: comentan que en los últimos meses –al menos hasta este último cruce– sólo se habían llamado para saludarse por las fiestas de fin de año. Casi junto a las elecciones, unos publicistas despechados habían colgado en YouTube un video donde se veía a Macri ironizando sobre la multimillonaria campaña de De Narváez. “Con tal de facturarle le meten avisos. ¿Cómo hace con esa cuenta legal? Se fue a la mierda”, se lo escuchaba comentar.

Semanas atrás, en privado, De Narváez comentaba que lo que más podía perjudicar su carrera política era que Macri fracasara estrepitosamente como jefe de Gobierno. Según las encuestas que maneja, la gente los relaciona como empresarios devenidos en políticos. También había deslizado su intención de presentar un candidato propio en la Capital en caso de que Macri no buscara su reelección: Gabriela Michetti ya no lo convence y preferiría a algún peronista como Jorge Telerman, Roberto Lavagna o Martín Redrado.

Pero eso fue antes de que el peronismo disidente anunciara que llevarán un único candidato y empezara el minué con el macrismo. Los que los conocen aseguran que De Narváez no fue inocente cuando habló el domingo desacreditando a su ex aliado. Y que Macri lo sabe bien.

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