EL PAíS › PERFIL DE CARLOS FAYT

El decano supremo

Carlos Santiago Fayt llegó al mundo en Salta el 1 de febrero de 1918 con el nombre de Carlos Santiago Moisés, hijo de Sara Pérez y Emilio Moisés. A los dieciocho años, ante la oficina enroladora de Villa Urquiza, su apellido paterno quedó en el olvido y su ingreso a la vida adulta se dio con el de su abuela, Felisa Fayt. De pibe se mudó a Buenos Aires y se hizo aficionado al ajedrez. En 1941 se recibió de abogado en la UBA y se especializó en derecho público. En diciembre cumplirá 32 años en la Corte Suprema.

Se convirtió en titular de cátedra de unidades nacionales durante la dictadura de Pedro Aramburu e Isaac Rojas. En 1955 asumió en Historia de las Instituciones Representativas en la Facultad de Derecho de La Plata y un año después como adjunto de Derecho Político en la Facultad de Derecho de la UBA. “La política de la fuerza sirve al estado de necesidad, como ayer sirvió a la razón de estado”, escribió en su Tratado de Derecho Político, que Horacio Verbitsky citó en este diario.

Según su propio currículum, en 1956 fue “fundador de la Campaña de Educación Cívica”. Entre ese año y 1983 hizo una “intensa carrera de difusión de los principios básicos del orden político y constitucional y la educación cívica del pueblo procurando la elevación cívica de la ciudadanía”. “El respeto a la opinión ajena” y el “uso consciente” del voto “fueron sus principios” en aquellos años de más botas que votos. “Su actividad más conocida fueron los debates públicos en distintas plazas de Capital Federal y del Interior, donde se proporcionó tribuna a los sin tribuna”, señala Fayt en su CV.

En 1958, Arturo Jauretche dio cuenta de su paso por Forja y contó que le advirtió a Fayt: “Usted es un liberal crudo y su puesto está en el Partido Socialista”. Por ese mismo partido llegó a ser candidato a gobernador de Salta. Tuvo un rol activo en la Asociación de Abogados de Buenos Aires, que presidió entre 1963 y 1965. Renunció a su cargo en la UBA durante La Noche de los Bastones Largos. Escribió más de treinta libros de derecho, historia del pensamiento político y libertad de prensa.

En diciembre de 1983, con 65 años y sin experiencia como juez, fue uno de los cinco miembros de la Corte designados por el presidente Alfonsín. Compartió el tribunal con la “mayoría automática” designada por Carlos Menem en los 90. Cerró esa década con un fallo a su medida, que le permitió burlar la exigencia establecida en la Constitución de 1994 de tener que ser ratificado por el Senado cada cinco años a partir de los 75.

Según un estudio del constitucionalista Gustavo Arballo, en base a 526 casos relevantes resueltos por la Corte entre 1984 y 2014, Fayt votó contra el kirchnerismo en “cuatro de cada cinco casos políticamente perifilados”. Con Alfonsín había estado en desacuerdo en el 25 por ciento de los casos y en el 68 por ciento durante el mandato de Carlos Menem.

A medida que se acercó al siglo de vida se profundizaron sus achaques físicos, la dificultad para hablar, para firmar escritos y para estudiar expedientes, tarea que delega en sus colaboradores. Hace años dejó de ir a la Corte, llegó a firmar acordadas con información falsa para disimular su ausencia pero se propuso y piensa honrar el compromiso republicano de “resistir” hasta el final del mandato del gobierno nacional.

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