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Proteñitas

Bailarín. “Les traje facturas. Más que la última vez, pero ustedes se han multiplicado por diez”, se excusó Mauricio Macri cuando salió de votar. En las oportunidades anteriores, los periodistas lo habían tratado de tacaño por la poca cantidad de facturas que aportó a los hambrientos camarógrafos y cronistas. Esta vez, Macri fue acorralado por un enjambre de micrófonos y de grabadores e intentó disimular el malestar que le provocaba. Aunque no mucho: “Si sobrevivo a este momento, voy a irme a almorzar con mis hijos en la quinta. Obviamente voy a ver a Los Pumas, que representa el cambio para la Argentina. Estoy peor con ustedes que Los Pumas con los australianos”, se quejó. Cuando le comentaron la frase de Daniel Scioli de que para votar a una imitación, mejor votar al original, Macri salió con un paso de comedia: “Yo no imitó a nadie. Si no, pregúntenle a las academias de baile que están abriendo con mis pasos”. Luego, se desdijo: “No voy a bailar, no voy a cantar. No voy a hacer ninguna locura. Esperemos a la noche”.

Ladridos. “A la mañana no hablo con nadie, porque ladro”, explicó Elisa Carrió a los periodistas que la fueron a esperar en la entrada de la escuela Onésimo leguizamón, de Palermo. La líder de la Coalición Cívica-ARI dio algunas pistas de por dónde pasa su análisis político: “Ayer rezamos en el Santuario de San Nicolás y como hoy es 25, la Virgen no nos va a fallar”. Pese a todo, se mostró contenta de no ser candidata en esta oportunidad (hace unos días, dijo que el año próximo se jubila, como suele hacer antes de lanzarse al ruedo). “Estoy harta de ser candidata. Me robaron en 2007. Ahora estoy tranquila. No tengo arrugas”, aseguró. Algunas preocupaciones, tal vez, tenga: la semana pasada envió una carta a todos sus seguidores para pedir un mayor apoyo económico para continuar con el Instituto Hannah Arendt.

Catering. Como en las PASO, el catering mermó con respecto a lo que solían ser los bunkers macristas de este mismo año, más parecidos a un casamiento que a un espacio partidario. Esta vez, hubo gaseosas, muffings, empanadas y pizza. Las cinco elecciones están teniendo su costo sobre las finanzas macristas.

Abrazo. Cerca de las 23, el dirigente radical Ernesto Sanz posteó una foto de él, Carrió y Macri abrazados. El flyer, preparado especialmente para la ocasión, decía: “Hay balotaje. A tres semanas del país que queremos”. Desde temprano, todas las pantallas gigantes del bunker invitaban a tuitear #HayBalotaje. El aparato de comunicación macrista funcionó como una máquina aceitada.

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