PSICOLOGíA › EL CASO DE ERNA IBAÑEZ Y LA NOCION DE BIOPOLITICA

“La acusada es un monito”, dijo el juez

 Por Mario Betteo Barberis *

Erna Ibáñez estuvo presa 18 meses detenida en el penal de mujeres de Ezeiza acusada de haber asesinado a su bebé recién nacido. Pasó un año y medio en el penal de Ezeiza sin ser juzgada. Recién en marzo de este año pudo reencontrarse con su otra hija Sebastiana de seis años, quien fue asistida psicológicamente para explicarle por qué su mamá estaba presa desde hacía tantos meses. Erna salió en libertad condicional, luego de que el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 4 lo determinara después de tres jornadas de sesiones. La causa cambió de carátula a homicidio culposo, que permite pasar la pena a seis años y no a cadena perpetua, y que es una condena excarcelable.

Erna Ibáñez es una joven de nacionalidad paraguaya. El juez Eliseo Rubén Otero quien fue el primero en hacerse cargo de la causa habría dicho en cierta ocasión: “Es un monito, por eso mató al bebé”. En el libro Una entre miles: el drama de Erna Ibáñez, de Luciano Saracino (ed. Autodeterminación y Libertad, 2005), nuevamente se encuentra la frase del juez Otero, transcripta de esta manera: “La chica es como un monito, no sabe ni hablar, por eso la mató”. Según la denuncia de Luis Zamora, el juez Otero habría comentado: “En el Litoral y en el Paraguay se mata así, a sangre fría, es lo habitual, lo aprendí en todos estos años que tengo de juez. En el Noroeste lo habitual es el incesto, podríamos hablar de otras comunidades y sus prácticas habituales para comparar. En Paraguay se mata así”.

Este caso en particular encuentra un diálogo fecundo con el libro de Roberto Esposito Bios. Biopolítica y filosofía (ed. Amorrortu, 2007). Se incrusta literalmente en una casuística que Esposito propone en su investigación acerca de la cuestión de la vida y de la muerte, a partir de las formulaciones de Michel Foucault sobre el lazo que une la bios con la política. ¿Qué hace que la política de la vida termine, inexorablemente, acercándose a la muerte?

Esposito toma el caso del nazismo respecto del exterminio: la biopolítica nazi fue, en sentido absolutamente literal, una zoopolítica, expresamente referida a animales humanos. Por ello, el término apropiado para la masacre es “exterminio” o incluso “solución final”, como la nominaron los nazis; nada tiene que ver con el término sacro de “holocausto”, palabra acuñada por un sector de la comunidad internacional después de la Segunda Guerra Mundial.

No se trata simplemente de constatar la identificación del hombre como animal, y su consecuente persecución, sino, y sobre todo, de la superposición entre estos dos campos, tal como de tal manera que se incluye en el degenerado, o sea, empujado a una zona de indistinción e indeterminación que no está enteramente incluida en la categoría de hombre. La degeneración sería el elemento animal que resurge en el hombre en la forma de una existencia que no es ni estrictamente animal ni humana sino su exacto punto de cruce. Esto induce entonces a medidas propuestas o actos realizados sobre una figura que incapaz de alcanzar alguna unidad, incapaz de configurar alguna forma de subjetividad jurídica, abre el camino a declaraciones como la antes mencionada en el caso de Erna Ibáñez.

* El presente texto forma parte de un trabajo referido a la noción de biopolítica.

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