PSICOLOGíA › “COPIAR LOS DIBUJOS DE LOS CHICOS”

Un ejercicio al margen

 Por Eva Giberti *

El análisis de las bibliografías que sugieren palabras durante la situación psicoterapéutica y la alternancia de no decir cosa alguna, me condujo a utilizar una hoja de papel intentando copiar el dibujo del niño, que es una escritura que surge durante la entrevista. Las respuestas de los niños ofrecen un repertorio que podría clasificarse como una producción aparte. Es habitual que el niño intente corregir aquello de nuestro dibujo que no coincide exactamente con el propio, que logre expresar su conformidad o disconformidad con el procedimiento y utilice expresiones silenciadas hasta ese momento. Que no significan un descubrimiento o hallazgo referida a las escenas traumáticas, tal vez el recorte de un borde que sólo marca ese borde al cual el niño se asoma. Lo acaecido como trauma está empañado por la vulnerabilidad que permanece mientras el niño se sabe “atendido” y rescata segmentos de su confianza deteriorada ante la profesional que lo acompaña. Si se le advierte: “Voy a copiar tu dibujo” las reacciones son distintas, quizás se niegue a continuar dibujando y entonces cabe explicar o interpretar. Así fue como pude encontrar respuestas propias del estímulo que significaba “copiar los dibujos de los chicos”, al mismo tiempo que ellos los diseñaban, y enlazarlas con interpretaciones que me mostraban criaturas dispuestas a producir mensajes asociados no sólo a la relación conmigo, sino a su elección de códigos para emitir mensajes tal vez relacionables posteriormente a la experiencia traumática que habían vivido.

Es posible empezar junto con el niño o después de que él ha comenzado a diseñar, puedo ser yo misma quien inicia el juego o bien el niño es quien me ofrece un crayón. A veces me dejaban continuar con la copia y en otras oportunidades me sacaban la mano, empujándomela para interrumpir mi dibujo. O tapan el diseño para que yo no lo mire. Si se procede a “copiar” sin advertirlo primero, el niño no se detiene en su diseño que “defiende” de ese gran Otro que no comprende y en oportunidades corrige. “Así no es. ¿No ves lo que te digo?” al mostrar que la copia es incorrecta. Expresa su código verbal como equivalente del diseño. El plagio o apropiación le molesta. Y puede insistir: “Vos dejá”. Es un intercambio de escrituras, de letras como dibujos, que eso es una letra si el niño está dispuesto a intercambiar, en realidad a jugar con un desconocido. Y puede ser rememorativo de una intrusión o de una práctica seductora. Conviene evaluar después de haber transcurrido un tiempo cronológico con múltiples encuentros antes de utilizar esta estrategia. No sabemos a quién le habla cuando ordena suspender la actividad adulta: “Vos dejá”. Solamente puede decir que no quiere que alguien se entrometa en lo que es de él. Es el momento en que el cuerpo/emoción se vuelve lenguaje. Si se ensayara decirle “Lo copio porque me lo mostrás”, se avanzaría sobre su responsabilidad y su culpa: él tuvo un cuerpo que facilitó el ataque.

En la observación de la práctica interesa diferenciar entre lo gestual, la palabra y el contenido dibujado. No es solo material simbólico ,son tres manifestaciones que se combinan según tres alternativas. En algunos predomina lo gestual como diría Greimas, en otros el contenido dibujado, en otro la palabra en el repertorio de lo hablado

Al analizar lo gesticular, primero cabe mencionar la tachadura que es un signo motriz; su valor reside en que se trata de una persona que se encuentra con una realidad configurada con forma visual; tal vez le parece que es una realidad que se le desdibuja, como una marca del retorno a la gelatina asociada al continuo. Es tradicional trabajar con estos niños en sintonía permanente con el significante como ejercicio de poder imaginando un orden universal necesario, que conduce a presuponer la necesariedad de la traducción a lo simbólico mediante el lenguaje que en estas víctimas es un recurso pero no el único. No es el significante la clave universal para comprensión de aquello que se busca entender. Por otra parte ¿necesitamos saber que le hicieron al niño, en detalle? Lo que va a contar no es eso sino el retazo de lo que vivió, no de lo que sucedió porque le faltará siempre la constancia de cómo estaba el abusador, qué sentía, no aquello que decía, sino quién estaba siendo ese sujeto mientras abusaba. Dato que el niño posee y no podrá transmitir de manera abarcante. No importa tanto el contenido sino el acto motriz de tachar o hacer trazos gruesos sobre el papel como movimiento. Interesa más que la creación de configuraciones visuales. Si me sacan la mano, empujándomela, también es motricidad. Para analizar la motricidad, al decir de Greimas (En busca del sentido. Ensayos Semióticos, Ed. Fragua, Madrid), es mejor incluir un “programa gesticular” ya que el cuerpo tiene varios programas gesticulares: el mismo niño que esta dibujando me aparta a mí con una mano mientras con la derecha dibuja, y fija la mirada en el dibujo. Hay que discernir qué es lo dominante relacionado con su concentración. No quiere que lo distraigan. Otros niños se defienden de mi “invasión” y quieren evitar el plagio. Los que parecerían temer una apropiación indebida de “eso de él” son chicos sensibilizados que han aprendido que la realidad “es toda falsedad”, toda mentira y teme que yo también me encuentre involucrada al estar copiando por hacer algo falso.

El “vos dejá” es una orden dirigida a impedir que el otro se apropie de lo que es de él, tal vez algo de lo que sintieron en el momento del abuso, que le estaban sustrayendo la creatividad, las ideas, sus propiedades.

* Fragmento de un capítulo de Abuso sexual contra niñas, niños y adolescentes, de reciente aparición (Ed. Noveduc).

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