SOCIEDAD › PRIMER ENCUENTRO NACIONAL DE LESBIANAS Y BISEXUALES EN ROSARIO

“Para perder la vergüenza”

La visibilidad fue uno de los temas centrales del ámbito nacido de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Anoche hubo performances, fiesta y música en público, frente a la Catedral y frente al Monumento a la Bandera.

 Por Marta Dillon

Desde Rosario

Fue un acto de visibilidad que al final, justo entre las líneas rectas que sostienen al monumento a la bandera, se convirtió en performance. Ahí se cruzaron las mujeres que saltaban como indias, sin remera, los pelos cortos, rapados, trenzados, en las piernas y en las axilas, con decenas de niñas envueltas en tules de colores posando como modelos, ofreciendo sus escotes de 15 años. Unas cuestionaban una manera dominante de ser mujer, las otras, las abrazadas por sus volutas de telas de colores y falsas pedrerías, mostraban con sus mohínes de bocas semiabiertas y miradas de soslayo cuán instalado está el antiguo estereotipo de la chica siempre disponible para otros. Esa fue la última postal de la marcha del Primer Encuentro Nacional de Lesbianas y Bisexuales. Y fue tan significativa que buena parte de las 300 mujeres que venían haciéndose ver a lo largo de más de diez cuadras –sobre todo las que habían llegado de otras provincias– creyeron que las chicas de vestidos de 15 eran una puesta en escena para ejemplificar el camino recorrido en la dirección opuesta a eso que se espera de las mujeres.

Hubo carcajadas generales cuando como una corriente eléctrica corrió la explicación: es ahí, en ese monumento tan fálico como buena parte de los iconos nacionales, donde novias y quinceañeras cumplen el rito del sábado a la noche. Antes de la fiesta, las fotos. Y antes de las fotos, la ceremonia. Por allí también había pasado la marcha del Encuentro desobedeciendo el mandato de silencio que suele pesar sobre las mujeres que desafían con su identidad y su sexualidad lo que es una norma: la heterosexualidad. En la Catedral de Rosario los casamientos tuvieron que esperar que lesbianas y bisexuales terminaran su danza y cantaran sus consignas antes de que pudiera sonar la marcha nupcial. Hubo paciencia, es cierto, aunque la sorpresa que se leía en la cara de la gente engalanada para ceremonia era una pauta para las que marchaban de que estaban haciendo un camino nuevo. “Hace quince años, cuando empecé a militar en organizaciones de lesbianas feministas no soñábamos con hacer un Encuentro Nacional como éste”, gritaba en medio del tamboril Fabiana Tron, del grupo Desalambrando de Córdoba. Que fueran 300 merecía una sola reflexión para esta mujer: “Obviamente no estamos todas, pero esto es una invitación para hacernos ver, para perder la vergüenza”.

El Encuentro nació de los Encuentros Nacionales de Mujeres que se realizan cada año. Esa era la única oportunidad de quienes se reivindican como lesbianas o bisexuales de encontrarse con otras, de lugares distantes o de las mismas ciudades que recién ahí, en ese espacio de libertad podían reconocerse. Así nació el Espacio de Articulación Lésbica, entre organizaciones de distintas provincias que fueron las que promovieron estos dos días de talleres y actividades culturales y deportivas –hubo torneo de fútbol y de voley– cuando entendieron que había fuerza y contexto como para ir por más y reclamar un espacio exclusivo por fuera de los ENM. De hecho el Encuentro contó con el apoyo de la secretaria de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Rosario y del Global Fund for Women, lo que permitió otorgar becas para el traslado y el alojamiento de muchas de las participantes.

“El objetivo principal es juntarnos, compartir historias, experiencias y proyectos; estrechar lazos, conocernos y fortalecernos. Pero, también, discutir la forma de cambiar la cultura, de plantear nuestras demandas, de mostrar que somos muchas y que nos estamos organizando”, dijeron las organizadoras mientras en la facultad de Ingeniería de la UNR los talleres se repartían en temas como Amor libre y pareja abierta, Diversidad y nuevas familias, Sexualidad y erotismo, Activismo y organizaciones sociales, Juguetes sexuales, Narrativas y poesía lésbica y otros más prácticos como clases de “tango queer” o los torneos deportivos.

“Yo vine a esta escuela y a esta facultad y te puedo asegurar que no fue nada fácil para mí durante esos años”, se alegraba Irene Ocampo, una rosarina fundadora –junto con Gabriela De Cicco– de la Red Informativa de Mujeres y de Safo Piensa, una de las herramientas más útiles para mantener conectadas a mujeres de todo el país y para poner en la agenda temas que hace diez años hubieran pasado desapercibidos por la mayoría: desde historias de violencia o abusos hasta festejos improvisados como cada vez que se consigue alguna garantía para derechos largamente reclamados. Para Ocampo, que el Encuentro de Lesbianas y Bisexuales se hiciera en las mismas aulas donde ella se había sentido la única, la que tenía “un problema” era, más que una reivindicación, un motivo de celebración. Aunque, aclaró, fue imposible hacer ningún tipo de actividad relacionada con la diversidad sexual en el edificio donde hasta ayer sesionaban los talleres.

El Encuentro terminará hoy a la tarde con un plenario donde todas dialogarán en el mismo espacio trazando líneas de acción hacia delante. La visibilidad es uno de los temas centrales para lesbianas y bisexuales ya que para ellas se cruzan no sólo la fobia hacia quienes eligen una sexualidad disidente sino también los mandatos de género que sobre las mujeres pesan el doble. Sin embargo, con la marcha de ayer, más o menos numerosa, se inauguró un primer paso que pareció comerse como con botas de siete leguas las explanadas del Monumento a la Bandera y la distancia que separaba a las quinceañeras y las novias de las chicas que se agitaban gritando por el “orgasmo vaginal y clitoridiano para todos los cristianos que se arreglan con la mano”. Pasado el primer susto, las adolescentes quisieron sacarse más de una foto con algunas de las manifestantes que portaban remeras con la consigna “potencia tortillera”. Y ésa sí fue una performance.

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Cientos de mujeres se reunieron en Rosario, llegadas desde varias provincias.
Imagen: Sebastián Granata
 
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