SOCIEDAD › LA PRINCIPAL HIPOTESIS DE LOS TRES HOMICIDIOS

La teoría de la entrega

Los investigadores trabajan pensando que los tres muertos entregaron a sus clientes mexicanos. Los asesinos serían argentinos o paraguayos. Las expectativas sobre Tarzia.

 Por Raúl Kollmann

La hipótesis principal sigue siendo que Sebastián Forza, Damián Ferrón y Rodolfo Bina “entregaron” el laboratorio de los mexicanos de Ingeniero Maschwitz. El trío participaba de un entramado de pequeñas empresas que proveían de efedrina a los hombres de la Banda de León, tal vez entregaron un cargamento rebajado con sal y como empezaron a intimarlos porque les habían dado un adelanto de 800.000 dólares, los jóvenes se acercaron a la SIDE y dieron los elementos para el allanamiento en Maschwitz. Según los que investigan el triple crimen, la mano de obra de la matanza no fue mexicana, sino argentina –tal vez ex hombres de uniforme– o paraguaya, pero ése es el terreno en el que menos se pudo avanzar hasta ahora. Prospera la investigación sobre la ruta de la efedrina, pero la mayor expectativa está en que Luis Marcelo Tarzia, el único argentino detenido en Maschwitz, se convierta en un arrepentido –contemplado por la ley para casos de narcotráfico– y dé claves sobre los homicidas.

Hasta el momento, en la causa que lleva adelante el juez federal de Zárate-Campana, Federico Faggionato Márquez, se vienen hilvanando los elementos del explosivo negocio de la efedrina. Se allanó la escribanía Tellerini, en Hipólito Yrigoyen 434, porque allí se registró la compra por parte de testaferros de la mexicanos de la droguería Megfarm. También una empresa de transporte en Don Torcuato y una terminal naviera en Dock Sud, todo relacionado con el envío a México de efedrina o pastillas terminadas. También la empresa F&S Group quedó en la mira porque comercia con aceites y se sospecha que tuvo relación con el negocio armado por los mexicanos. Las declaraciones de las tres viudas, del funcionario de General Rodríguez Manuel Poggi, del prestanombres Pablo Florentín, del ex socio Mario Martín López Magallanes y del propio Tarzia demuestran que los mexicanos estaban detrás del negocio de traer efedrina a la Argentina para luego procesarla, como en Maschwitz, o enviarla directamente a México. Toda esa mecánica está probada y, según se dice, Faggionato ordenaría numerosas detenciones en los próximos días.

El gran problema está en el expediente que instruye la fiscal Ana María Yacobuzzi. En esa causa se investiga el triple crimen, no el negocio de la efedrina. Quienes colaboran con la fiscal en esa pesquisa creen que efectivamente la matanza tiene que ver con el entramado que se tejió alrededor del negocio ilegal de la efedrina. Sin embargo, la fiscal parece no descartar algunas alternativas. Por ejemplo, no citó a declarar como testigo a Ibar Pérez Corradi, un financista a quien Forza perjudicó notoriamente. La relación se puso explosiva, al punto que Forza denunció a Pérez Corradi por amenazas. Que Yacobuzzi no lo haya citado a declarar como testigo significa que contempla llamarlo a declarar como imputado. Hay voces que señalan a Pérez Corradi como un prestamista duro y con vínculos con los mexicanos, pero su abogado, el ex imputado en el caso AMIA Juan José Ribelli, lo niega en forma terminante. Aun así, parece que Yacobuzzi lo tiene en la mira.

Respecto de la mano de obra del crimen, entre los investigadores hay quienes están convencidos de que se trata de ex uniformados argentinos. Los precintos plásticos utilizados para maniatar a Forza-Ferrón-Bina hacen recordar a los que usan policías argentinos. También el lugar donde se produjo la matanza, las rutas que se transitaron y la zona descampada más cercana al Gran Buenos Aires más poblado remiten a argentinos que conocen la geografía. Lo que haría pensar en mano de obra extranjera es el calibre 40 –casi seguro dos pistolas–, que no es habitual en el mundo del delito argentino y que es el mismo –también dos pistolas– que el usado en el doble crimen de colombianos en Unicenter. Además, tampoco tiene marca argentina el corte de la oreja de Bina que, casi seguro, no fue producto de la depredación de un animal. “En cualquier alternativa, el contrato para matarlos tiene la firma mexicana”, dicen recontraconvencidos los encargados de investigar el caso.

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Los muertos habrían cobrado, trampeado y delatado al cartel.
Imagen: Alfredo Srur
 
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