SOCIEDAD › REVA SIEGEL, ABOGADA CONSTITUCIONALISTA, UNIVERSIDAD DE YALE

“No debemos usar el derecho penal para obligar a las mujeres a ser madres”

Reconocida profesora de Derecho, Reva Siegel explica aquí por qué el aborto es un derecho humano, analiza el panorama en la Argentina y repasa las posiciones que tienen Obama y McCain.

 Por Mariana Carbajal

Reva Siegel es una reconocida profesora de Derecho y Estudios Americanos de la Universidad de Yale. Como abogada constitucionalista, su especialidad son los derechos de las mujeres y la desigualdad de género. Uno de los temas que más la apasionan –por sus implicancias en las vidas femeninas, dice– es la controversia jurídica en torno del aborto. Ella no tiene dudas: está a favor de que no se penalice a la mujer que decide interrumpir voluntariamente un embarazo. Sus argumentos para defender su posición son muy originales: defiende el derecho al aborto porque –sostiene– defiende la maternidad. “No debemos usar el derecho penal para obligar a las mujeres a ser madres”, señaló en una entrevista con Página/12, en la que fundamentó ampliamente su postura, analizó la situación argentina en relación con el aborto y los casos de violación y reflexionó también sobre las posiciones de los candidatos presidenciales norteamericanos, Barack Obama y John McCain, sobre esta temática.

Siegel estuvo en Buenos Aires invitada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo, donde dio varias conferencias y tuvo como anfitrión al director de la carrera y profesor de Derecho y Filosofía, Marcelo Alegre.

–¿Por qué defiende el derecho al aborto?

–Porque defiendo a las mujeres, y las defiendo en su calidad de madres. El trabajo que implica la maternidad es inmenso; ocupa toda la vida de una mujer, y la transforma. De la manera en que está organizada nuestra sociedad, esto no es reconocido, valorado o apoyado. Por ende, las mujeres necesitan tener control sobre la decisión de convertirse en madres, para poder conciliar su compromiso hacia su familia y sus propios planes de vida con este trabajo de tiempo completo. Por esa razón es que importa tanto respetar la decisión de las mujeres acerca de si quieren o no llevar a cabo ese trabajo. Y no debemos usar el derecho penal para obligarlas a hacerlo. Esa es la base.

–Sectores conservadores niegan que el derecho de la mujer a la autonomía esté por encima del derecho a la vida del por nacer. ¿Hay conflicto de derechos?

–Las mujeres valoran y respetan la vida potencial. Otras personas en la sociedad lo hacen también. Pero nunca de una manera que sea equivalente al modo en que valoramos a las personas nacidas. Y dado que esto forma parte de una cuestión moral compleja, es importante prestar atención a quienes razonan moralmente sobre cómo coordinar el respeto por las personas nacidas y la vida por nacer. Y aquellos que usarían el derecho penal para expropiar a las mujeres el control sobre esta decisión no tienen, a mi entender, un poder de juicio moral que sea superior al de las mujeres que intentan tomar esa decisión de un modo que sea respetuoso de todos los intereses en juego. Cuando comencé a hablar dije que una sociedad que se preocupa por expresar respeto por la vida potencial debería comenzar a hacerlo en todos aquellos casos en los que las mujeres intentan traer niños al mundo y formar familias. Y sólo luego de hacer eso, es decir, de ayudar a las mujeres en todas esas ocasiones, podría comenzar a considerar si reenfoca sus energías hacia aquellas mujeres que no consienten. Por mi parte, no veo evidencia, en sociedades interesadas en criminalizar el derecho al aborto, de que ese respeto por la vida y la familia haya sido suficientemente expresado en esas otras circunstancias como para hacerme confiar que es ése el único valor que el derecho penal está intentando hacer respetar. Creo que el derecho penal está también expresando y haciendo respetar de manera forzada ciertos juicios sobre la mujer, y no sólo sobre el nonato, y esto es lo que me preocupa. El derecho penal que fracasa en ayudar al nonato en casos en que las mujeres quieren ser madres, y que sólo se enfoca en las mujeres que no quieren ser madres, refleja actitudes sobre las mujeres que muestran una gran falta de respeto y de adecuada consideración.

–Por ejemplo, cuando se criminaliza la pobreza y se le quitan los hijos a una madre sin recursos argumentando que no los puede criar...

–Quiero ser cuidadosa, no quisiera ofender a nadie, de manera que, pese a que estoy hablando en forma dura, quiero que quede claro el espíritu de lo que intento decir: con frecuencia, la gente que piensa que sólo tiene opiniones sobre la persona por nacer también formula juicios sobre las mujeres. No es que dude sobre la sinceridad de la gente al manifestar preocupación sobre el valor de la vida potencial, sino que pienso que existen muchos juicios irreflexivos sobre las mujeres que también forman parte de la cuestión, y ésa es la razón de mi preocupación sobre aquellos otros contextos en los que la gente podría mostrar su fidelidad hacia esos compromisos. Pero resulta que en estos otros contextos, en los que las mujeres quieren convertirse en madres pero no tienen el dinero suficiente para hacerlo, la propiedad privada importa, o el matrimonio importa más que el valor de proteger la vida potencial. Y si de hecho eso es así en estos otros contextos, luego hay también algo sospechoso en el contexto del aborto. Soy alguien que defiende la maternidad, y no alguien que está en contra de ella. A lo largo del mundo, cuando uno pregunta quién se preocupa más por los niños, la respuesta es simple: las mujeres. ¿Quién dedica una mayor parte de su vida a los niños? Las mujeres. Muchas veces, incluso, se vuelven más pobres por el hecho de la maternidad y esto hace que sus propias posibilidades resulten profundamente alteradas. Esto no implica que la maternidad sea algo malo. Pero no es un rasgo inevitable de la maternidad que las mujeres deban volverse más pobres, que deban perder la oportunidad de ser independientes, o una oportunidad para educarse. Este es un hecho social contingente; es el modo en que valoramos la maternidad: transformamos a las madres en personas dependientes y les negamos su carácter de participantes, y no es necesario que sea así. Lo que digo es: esta sociedad debería modificar las condiciones de la maternidad, y cuando haga de estas condiciones unas condiciones de participación igualitaria será tiempo de reflexionar sobre si adoptar otra mirada acerca del aborto. Por cierto, ¿qué tan comunes son los abortos en Argentina?

–Casi uno por cada nacimiento: se estima que entre 450 mil y 500 mil al año.

–Una manera de debatir la cuestión es decir, “todo gira alrededor del valor de la vida por nacer”, como si ésta fuera la única pieza del rompecabezas. Pero, de hecho, cuando uno mira la estructura de la situación, ve que involucra de manera profunda ciertas cuestiones relacionadas con la sexualidad, la familia y las mujeres, e implica un control sobre la reproducción como modo de castigar a las mujeres, y de hacer cumplir normas sobre sexualidad de una manera que viola la dignidad de la vida humana y obliga a la maternidad. Esto implica también usar a los niños como castigo por una vida sexual errónea. Así que hay algo realmente importante en el modo en que las decisiones sobre el aborto implican un control sobre la sexualidad, el rol de las mujeres y la institución de la propiedad privada. Parece que la cuestión no tuviera nada que ver con todo eso, pero cuando la gente sostiene que con la prohibición del aborto sólo se trata de respetar la santidad de la vida, ¿por qué no ayudar a las mujeres pobres que quieren formar una familia, o ayudar a la gente a salir de la pobreza, de un matrimonio no deseado o la dependencia económica? Esto muestra que hay muchos valores en juego. Y una vez que uno invoca todos estos valores, el terreno moral ya no es el problema. Es otra cosa. Por esta razón es tan fascinante cuando uno en los Estados Unidos corre el velo de la historia de las luchas sobre el caso Roe v. Wade (N de R.: el caso sobre el que falló la Corte y despenalizó el aborto en EE.UU.). Uno advierte que buena parte de la demanda de las mujeres por la Enmienda de la Igualdad de Derechos (N de R: La propuesta de enmienda constitucional aprobada por el Congreso norteamericano entre 1971 y 1972, referida a la igualdad de género. La enmienda no fue ratificada por los estados) fue el faro que hizo que la cuestión del aborto fuera tan explosiva como finalmente lo fue. Lo que la gente recuerda es el caso Roe v. Wade, pero de hecho, la Enmienda de la Igualdad de Derechos salió del Congreso en 1972 y el caso Roe fue decidido en enero de 1973. La mujer que llevó a cabo la campaña contra la enmienda era una católica, y poco tiempo después comenzó a conectar la enmienda con el aborto y el cuidado de los hijos. Hay citas en las que ella aparece diciendo eso. Esto muestra realmente que la cuestión no es sólo sobre el status del feto, sino que se trata de que la mujer no se salga de su lugar, que no pueda ser capaz de decir “no” a la maternidad, o tener sexo sin esta serie de consecuencias vinculadas con roles que están asociadas a ella. La cuestión entonces es cómo hacer visibles esas dimensiones presentes en los juicios corrientes, para luego conectar los valores de la igualdad y la dignidad humana a este concepto. Es una actividad de dos partes, porque la habilidad de los defensores de las leyes penales contra el aborto es hacer referencia continua al embrión o feto a la hora de criticar aquellas visiones. Y lo que es muy interesante es que cuando uno mira el debate en su contexto puede ver que está vinculado con debates sobre la familia y el sexo. Cuando todos estos elementos del debate se vuelven visibles, uno puede comenzar a desafiarlos, empleando las herramientas habituales que proveen los derechos humanos.

–¿Como se entiende que 30 años después de aquel histórico fallo en Estados Unidos los grupos “pro vida” sigan luchando por revertirlo?

–Diría que los conservadores en los Estados Unidos descubrieron que quejarse sobre el derecho al aborto era una gran manera de generar apoyo de otros norteamericanos ambivalentes respecto de ese tema, pero no necesariamente dispuestos a privar a las mujeres de ese derecho. Los norteamericanos parecen ir en dirección de restringir el aborto, de manera de expresar preocupación sobre el valor de proteger al nonato o cierta ambivalencia acerca de dar a la mujer demasiada autoridad en esta área. Pero los norteamericanos no parecen estar interesados en privar completamente a las mujeres del derecho al aborto. Y eso se debe a un número de cosas. Algunos recuerdan un mundo de criminalización en el que las mujeres morían y se enfermaban, humilladas y aterrorizadas. Y además porque pienso que existe cierto modo en que los norteamericanos entienden que la decisión sobre el aborto conecta mundos ideales y reales. Todos quieren que el sexo se ejerza genuinamente en una relación en la que exista consenso de ambas partes, pero la gente entiende que esto no siempre es así. Todos quieren que vivamos en un mundo en el que el trabajo de las mujeres sea genuinamente respetado y apoyado, pero la gente entiende que no estamos en un mundo tal. Todos quieren que vivamos en un mundo en el que ambos padres críen a sus hijos y estén cerca de ellos durante toda su vida, para hacer que compartan de manera igualitaria el apoyo y la crianza, pero todos saben que no vivimos en un mundo semejante. De manera que en cierto modo creo que los norteamericanos entienden, al dar a las mujeres control sobre el aborto, que están permitiéndoles negociar entre el mundo que desearíamos tener y el mundo real en el que vivimos, en el que no somos fieles a todos nuestros ideales y a nuestra mejor versión de nosotros mismos.

–¿Cuál es la posición de los candidatos presidenciales John McCain y Barack Obama?

–A los conservadores no les gustaba tanto McCain porque no era totalmente un conservador en temas culturales. Pero quiere ser elegido y, aunque no piense de ese modo, ha comenzado a hablar en maneras que apoyan la posición de los conservadores. Pero la derecha no confía en él. Quiero decir, están exasperados, han hecho durante años que la gente vaya a votar, y la cuestión del aborto sigue ahí. Y están bastante disgustados. Se sienten un poco como que han sido usados –al menos los oponentes realmente apasionados y enfervorizados contra el aborto–, un poco como que han sido manipulados por el centro del Partido Republicano. Así que están muy poco felices sobre su candidatura. Pero la derecha es la que está más acostumbrada a movilizarse para elegir presidentes en condiciones de cambiar las leyes. De manera extraña, la izquierda es menos capaz de hacer que la gente vaya a votar por esos motivos.

–¿Cuál es la posición de Obama?

–Obama apoya el derecho al aborto. Apoya el derecho de las mujeres a elegir, y nombraría jueces liberales en la Corte que, respecto de todas esas cuestiones, voten a favor de aplicar las reglas de un Estado de derecho al caso de la detención de sospechosos en cuestiones de seguridad nacional; reconozcan la diferencia entre el uso de la raza para subordinar y segregar y el uso de la raza para incluir e integrar; vean a las mujeres como ciudadanas iguales, e interpreten la Constitución de modo de respetar su derecho. Ya ve, enormes diferencias entre los candidatos.

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Imagen: Jorge Larrosa
 
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