SOCIEDAD › LOS QUE YA SE HABITUARON A LEER LIBROS ELECTRONICOS

El gran salto

Dejaron el papel. Algunos total, otros parcialmente. Ya hay un club, que por supuesto tiene sede en Internet. Allí intercambian información y asesoran a quienes aún no se animaron. La experiencia de leer un libro electrónico en el tren.

 Por Soledad Vallejos

Imagen: Adrián Pérez

A simple vista no parece, pero es. Y sin embargo la lista de diferencias existe y es extensa: no se puede robar de una mesa como en las épicas de la bohemia que tanto gustan (todavía) a tantos escritores; es más difícil de prestar (eso ahorra el riesgo de no recuperarlo nunca); no se lo puede garabatear en los márgenes, ni doblarle las hojas, ni escribirle dedicatorias. No sirve para agendar datos y teléfonos de apuro; tampoco para guardar o esconder alguna cosa entre las páginas. No junta polvo cuando se vuelve una colección de crecimiento incontrolable. Tiene páginas virtuales, una tinta especial, batería, luz, botones: aunque electrónico, es un libro. Y no suena a imagen lejana en Argentina: ya está aquí. Hay fans, consumidores desconfiados, editores que ceden a la tentación del formato, equipos que se consiguen sin involucrar a alguien que haya viajado al exterior. La transformación de uno de los objetos más tradicionales y estables de la modernidad dejó de ser ciencia ficción, porque esa suerte de dimensión desconocida en la que todo Proust y un Corín Tellado pesan lo mismo en el bolso ya es cotidiana.

Locos por el e-book

Era “una comilona de nerds”: los cinco se habían encontrado a la hora del almuerzo con la premisa de llevar sus dispositivos electrónicos de lectura. Pero había más: después de horas y días y semanas de departir en redes sociales acerca de libros digitales y los chiches del momento, se habían prometido hacer algo al respecto. Estaban el programador escondido tras el usuario de Twitter @aizkiub, el blogger más conocido como Capitán Intriga (su identidad es secreta, a diferencia de su popularidad en el mundo web local), el periodista Diego Rottman, la programadora Florencia Mincucci y el blogger y “padawan de la industria editorial” Matías Fernández. El mix era explosivo, y Fernández sintetiza todo el brainstorming de e-books fans en una imagen: “Todos en la mesa, comiendo, y cada uno con su kindle. Leyendo. Buscando algo para mostrar”.

Cada uno por su lado, en algunos casos sin conocerse personalmente, había ido descubriendo el mundo de posibilidades que abría el libro electrónico, como soporte, capricho, novedad, maravilla. “Y entonces dijimos ‘bueno, nos animamos’. Y armamos el blog. Increíblemente no existía un lugar así.” De ese encuentro nació El Club del eBook (www.clubdeñe book.com), un blog de usuarios (que sí, es único en su tipo) con cierta avidez y algún conocimiento tecnológico, pero sobre todo muchas ganas de compartir la experiencia y empujar a otros a iniciarse. “Lo que hacemos es probar cosas, traducir textos interesantes de otros blogs y armar artículos con eso. Tenemos una estructura anárquica, porque también cada uno tiene sus trabajos y blogs propios, pero nos arreglamos para que siempre haya publicado algo nuevo.”

En menos de sus cuatro meses de vida, el club “con sede en Internet pero hecho con gente de carne y hueso” oscila entre las 600 y las 1000 visitas. Vale decir que algún público huérfano e interesado encontró. Fernández dice que los socios fundadores sí fueron encontrando perfiles definidos de los visitantes: “Está la gente más nerd, más tecnológica, que te das cuenta de que lo son por el sistema operativo que usan y los comentarios. También hay gente mayor, que por ahí nos escribe un mail para preguntarnos cuál le conviene. Tratamos de responder con la mayor neutralidad posible para no beneficiar marcas, que no es lo que nos interesa. Le ponemos pros y contras, le explicamos. Hay mucha gente que todavía no se anima a comprar, pero investiga”.

Y si es por investigar para contar, la plana directiva del club no se anda con chiquitas: hace unos días, Mincucci hasta se animó a instalar un software chino para probar otros formatos; Rottman logró que su gadget, en lugar de lo definido de fábrica, mostrara comics cuando no hay lectura activa.

Ver para probar

El primer e-book argentino producido por una editorial local en llegar a la vidriera gigante de Amazon fue Los sueños no tienen copyright, de la ex Belleza y Felicidad Cecilia Pavón. Editado por Blatt & Ríos, la pequeña editorial fundada por los escritores Mariano Blatt y Damián Ríos, primero fue regalado (las descargas eran gratuitas) en la web del Club del e-Book, y luego, hace sólo unas semanas, llegó a la súper tienda web, donde tiene precio de venta. “Nosotros en principio no lo hicimos tanto por ganar plata –explica Blatt–. Sino porque... es algo que está ocurriendo. Te diría que es por curiosidad editorial. Queríamos probar. Y por otro lado le vemos bastantes ventajas, especialmente para editoriales chicas: lo principal es el progreso en la distribución.” Con autores pequeños, evalúa, para quienes lo importante es más ser leídos que alcanzar grandes volúmenes de ventas, la cuestión de los derechos “no es tema”. “Distinto debe pasar en las grandes editoriales con los autores que viven de sus derechos. Pero en Argentina son muy pocos los que lo logran.”

Ahora Blatt & Ríos preparan hits del lectorado indie (y no tanto) local: Aira, Dani Umpi. Como una apuesta capaz de crecer exponencialmente. Así define Blatt, en cierto modo, lo que ve en el libro digital. “Un libro puede estar en muy poco tiempo accesible para lectores de todas partes del mundo. Ni siquiera necesita un dispositivo muy sofisticado para leer esos libros: te alcanza un programa en tu computadora”.

Fantasmas del futuro

Cada mañana, en el andén, cuando espera el tren para ir a su trabajo en una gran editorial, Fernández lee algún libro cargado en su e-reader. Sorprendido, cuenta que desde hace un tiempo un compañero de viaje, uno de esos desconocidos cuyas rutinas coinciden en parte con las propias, hace lo propio. Y los otros días, en un vagón, la escena se multiplicó: tres personas usaban lectores electrónicos, otro par, tablets.

¿Qué pasará en 20 años? “Creo que hablo por todos si digo que va a ser masivo y de uso común. A corto plazo posiblemente se use más en algunos libros que otros. En los de no fición, los de entretenimiento, en la novela romántica, por ejemplo... De hecho, Amazon anunció que va a tener su sello de libros electrónicos de novela romántica”, porque tiene el lector ideal para alimentar este momento del dispositivo: “Voraz y sin límites”.

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