SOCIEDAD › EL DECIMOCUARTO ENCUENTRO JOVENES Y MEMORIA, ORGANIZADO POR LA COMISION PROVINCIAL DE LA MEMORIA

Días intensos y de conciencia

Miles de adolescentes elevaron el nivel de ruido en el centro de Chapadmalal con teatro, danza, rap, charlas y actividades centradas en la memoria y los derechos humanos. Este año también hubo familias víctimas de la violencia institucional de todo el país.

 Por Carlos Rodríguez

Desde Chapadmalal

“A mí me secuestraron, a mí me violaron, a mí me mataron.” El grito desgarrado y desgarrador de la alumna del Normal 1 del barrio porteño de Recoleta, primero conmocionó y luego hizo estallar en aplausos a los jóvenes que habían colmado el auditorio del Hotel número 8 de Chapadmalal, en el marco del Decimocuarto Encuentro Jóvenes y Memoria, organizado por la Comisión Provincial de la Memoria. Lo que hicieron las chicas del Normal 1 fue recordar, con pasión y vuelo artístico, a las 17 compañeras desaparecidas de ese colegio secundario durante la dictadura militar. Entre tantos casos, fueron señalados los de Betina Tarnopolsky, integrante de una familia diezmada por el terrorismo de Estado, y de Paloma Alonso, hija y musa del pintor Carlos Alonso.

El grupo de alumnas bailó sobre el escenario, pero la música y el baile fueron siendo interrumpidos y una a una, secuestradas, arrastradas hasta quedar inertes sobre un costado de la escena. Como cierre, en un toque de memoria y esperanza, un grupo de varones tocaron y cantaron para redimir de esa forma a las víctimas del genocidio. Las chicas del Normal 1 hoy son recordadas con baldosas que llevan sus nombres y que gritan que “nunca más, nunca más” van a ser borradas de la memoria colectiva, como señaló la canción de cierre, acompañada con palmas por todos los asistentes, creando un clima conmovedor.

En su quinto día de actividades, el encuentro que se viene realizando desde 2002 congregó a cuatro mil estudiantes de todo el país, apenas la tercera parte de los doce mil que serán al cierre, en la decimoquinta jornada consecutiva de la reunión. Este año se convocó también a familiares de víctimas de violencia institucional de todo el país, quienes ayer tuvieron un primer encuentro con Nora Cortiñas, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y con el Premio Nobel de la Paz y máximo dirigente del Servicio Paz y Justicia, Adolfo Pérez Esquivel (ver notas aparte), quienes fueron presentados por uno de los coordinadores y miembro de la CPM, Roberto Cipriano García.

Como en cada edición, la reunión de jóvenes tiene como objetivos la promoción y defensa de los derechos humanos a través de una agenda extensa y diversa, que busca crear lazos y fomentar curso de acción comunitarios entre las escuelas y las organizaciones sociales, barriales, culturales y también políticas para “compartir experiencias, multiplicando sus voces y la movilización en pos de lograr una sociedad más democrática e igualitaria”.

Lo de multiplicar voces, es uno de los logros inmediatos de la reunión porque los cuatro mil chicos y chicas que asisten a esta primera etapa del encuentro, convulsionaron con sus ruidos el silencio que reina en forma habitual en Chapadmalal. El bullicio tuvo su epicentro en los hoteles 7, 8 y 9, pero se trasladó a todo el predio, cercano al mar, porque además de los videos, obras de teatro y representaciones en distintos formatos para exaltar la memoria y los derechos humanos, hubo talleres de presentación y discusión entre los asistentes, partidos de fútbol de los que participaron las niñas, algunas tan o más habilidosas con el balón que los varones, y hasta furtivas escapaditas a la playa aprovechando el buen tiempo.

Los videos, las teatralizaciones, las expresiones artísticas siempre son el plato fuerte porque los jóvenes despliegan todo el encanto y el compromiso, llegando incluso a realizar actuaciones más que aceptables. Tal el caso de un grupo de alumnos del Nacional 17 Primera Junta, de la Capital Federal, que representaron una obra llamada Somos los mismos de siempre, estableciendo un cierto paralelo entre los reclamos estudiantiles de hoy con lo que sucedía en la década del setenta. Además de reivindicar luchas con gran participación estudiantil, junto a los trabajadores, como fue el Cordobazo, se defenestraron luctuosas acciones represivas como La noche de los bastones largos, ocurrida durante la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Un punto fuerte, por el patético paralelismo, fue la crítica a sectores del periodismo nativo de ayer y de hoy. La sátira comienza en blanco y negro con un supuesto –pero posible– periodista de Gente pasándole revista a la letra de “La marcha de la bronca”, un himno de la protesta del dúo Pedro y Pablo, a los que el cagatinta señala como “más subversivos” y peligrosos para la seguridad nacional que Fidel Castro y el Che Guevara. La cita moderna del periodista que se quedó en las Cruzadas es un auténtico Eduardo Feinmann, en vivo y en directo, negándole a un joven estudiante la posibilidad de expresarse, gritándole que tomar un colegio “es un delito” y que para poder opinar “antes” tiene que ser adulto y “pagar los impuestos”.

En la muestra hubo trabajos sobre embarazo adolescentes, con reportajes hechos por estudiantes de colegios del conurbano a madres adolescentes que cuentan las dificultades del crecimiento abrupto y el golpe que eso significa con vistas al futuro, porque la mayoría abandona los estudios, por “vergüenza”, por la expulsión a manos de instituciones educativas que no integrar ni contienen. Rodrigo Marino, Gonzalo Arriola y Facundo Di Criscenzo participaron de la producción de un video sobre trabajo y explotación infantil, musicalizado por dos jóvenes raperos que actúan en vivo, acompañando las imágenes. Fue una producción conjunta de la Escuela José Hernández y el Colegio Mariano Moreno, de Merlo y Moreno.

Las docentes Noemí Abalos y María José Di Napoli, que orientaron y apoyaron la realización del video sobre trabajo infantil, admiten que “a veces cuesta que los chicos se enganchen con la propuesta, pero eso pasa generalmente con los que vienen por primera vez a este tipo de encuentros; el problema se soluciona cuando les hablan los chicos que ya han venido una o más veces, porque saben que este encuentro es único porque es muy movilizador para que los chicos tomen contacto con la realidad, con el pasado y con el presente”.

Un chico del Centro de Referencia La Tribu de Tandil, confiesa que en otras visitas a Chapadmalal “aprendimos mucho de otros chicos y es muy bueno conocerlos porque ayuda a tener esperanzas porque hay pibes muy inteligentes y comprometidos”. En la apertura de un encuentro anterior, la directora de la Comisión, Sandra Raggio definió a Jóvenes y Memoria como “un espacio para encontrarnos con la agenda política de hoy: para reconocer los avances logrados desde la vuelta a la democracia y para conquistar los derechos que, todavía, son vulnerados”.

“Chapadmalal nos permite encontrarnos con un montón de pibes, de reconocer a los otros como iguales a pesar de las diferencias, a pesar de los discursos que muchas veces circulan sobre ese otro. Y tenemos una absoluta libertad para expresarnos”, afirman Abril, Federico, Facundo y Daniel de la Escuela de Educación Media de San Martín, provincia de Buenos Aires.

“Es interesante ver cómo los temas que abordamos nosotras y las de otros proyectos, si bien tratan un mismo problema, tienen miradas y lenguajes estéticos diferentes. Es muy lindo ver que lo que nosotros pensamos en Tandil, también resuene en otros lugares y con otra perspectiva”, comenta Ana Luz del Centro de Referencial Puertas Abiertas de la Fundación Pequeños Hogares. Las chicas del centro que, a partir de su investigación, buscaban poner en crisis el rol socialmente instituido a la mujer. La violencia y la desigualdad es uno de los temas más discutidos. Fue interesante ver cómo algunas chicas le ponían freno en público, ante todos a algunas expresiones machistas de los varones. “No soy boluda y tengo derecho a opinar”, fue el reproche de viva voz de una chica de Moreno cuando dos varones la intentaron hacer callar durante uno de los talleres al aire libre.

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Las secuestradas del Normal 1 fueron recordadas con un conmovedor ballet representando lo que les pasó.
Imagen: Verónica Martínez
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