SOCIEDAD › COMO VIVEN EL CONFLICTO LOS URUGUAYOS EN ARGENTINA

Del otro lado del río

Admiten que su situación es difícil y buscan el equilibrio: aseguran que tanto Argentina como Uruguay tienen razones valederas, aunque rechazan los cortes de los puentes. Aquí, una reseña de vivencias y pareceres sobre las papeleras de los residentes orientales en Buenos Aires. Y las opiniones de los famosos.

 Por Pedro Lipcovich

“Exhortamos a no recorrer el camino de la confrontación, que sólo puede beneficiar a intereses ajenos”, sostiene un documento que dio a conocer el Foro de Frenteamplistas Uruguayos Residentes en la Argentina. La declaración subraya que “el enemigo no está en la orilla de enfrente”, advierte que “el imperialismo sabe explotar las pequeñas diferencias” y señala que “no se han agotado las posibilidades de resolver armónicamente las contradicciones”. Página/12, por su parte, dialogó con orientales que desde hace muchos años viven en la Argentina, y escuchó frases como las siguientes: “nos sentimos en medio del río: desde ambos lados, se agitan reivindicaciones nacionales por encima de la racionalidad”. O bien: “¿Diferencias? ¡Pero si nosotros éramos una provincia argentina!”. También, reiterado: “...Pero lo del corte de los puentes, eso está mal”. Y, siempre, “los argentinos nos han tratado con tanto respeto...” y “...agradezco a la Argentina”.

El documento del Foro de Frenteamplistas lleva las firmas de Silvia Benítez, Jorge Balparda, Osvaldo Bizjak, Astrid Rehermann y decenas más: “Los uruguayos residentes en Argentina no podemos permanecer ajenos a la situación generada por la construcción de dos plantas de celulosa en la ciudad de Fray Bentos”, ya que “nos afecta como uruguayos, como frenteamplistas, como personas radicadas aquí, que hemos recibido y recibimos la solidaridad constante del pueblo argentino”. Es que “la unidad latinoamericana es pieza estratégica fundamental en el camino de la liberación” y “debemos tener en cuenta que el enemigo principal no está en la orilla de enfrente. El imperialismo sabe explotar las pequeñas diferencias que a veces tenemos”.

Según el documento, “una política económica que generó la mayor desocupación conocida en nuestras tierras es la principal causa del actual problema” y “no se han agotado las posibilidades de resolver armónicamente las contradicciones planteadas”, por lo cual “exhortamos a bajar el tono de la conflictividad creada y a no recorrer el camino de la confrontación que sólo puede beneficiar a intereses ajenos a nuestros pueblos”. Los firmantes se comprometen a hacer “todo lo que esté a nuestro alcance para revertir este tiempo de conflicto en un tiempo de diálogo y solidaridad”.

El mismo tono tienen los testimonios de orientales residentes en la Argentina, obtenidos por este diario. Rosa Achugar, del programa radial Por el mismo camino (sábados de 9 a 12 en FM La Tribu), confesó que “con el tema de las plantas de celulosa nos sentimos en mitad del río: de ambos lados se plantean argumentos que no apuntan al tema central y se agitan reivindicaciones nacionales por encima de la racionalidad social y económica”. Rosa estima que “en los uruguayos radicados en la Argentina hay una mayor presencia del tema ambiental; en Uruguay, es más firme el apoyo a la construcción de las plantas de celulosa; allí la necesidad de trabajo se palpa con mucha fuerza entre la gente. De todos modos habrá que llegar a acuerdos, marcos regulatorios para que no haya contaminación, ya que la instalación de estos grandes emprendimientos va a seguir planteándose sobre ríos compartidos: ya se prevé en Brasil, y probablemente también en la Argentina”.

“¿Diferencias? ¡Pero si nosotros éramos una provincia argentina!”, exclama Rubén Galusso, artista plástico uruguayo, y recuerda que “éramos una provincia, un poco rebelde pero provincia, sí, y los ingleses no tuvieron mejor idea que crearnos como país. Pero bueh..., ya está hecho”. Galusso vino a la Argentina hace 31 años: “Con mi señora pensábamos seguir de largo, pero uno se fue quedando. Acá uno no se siente inmigrante. Hay muchos amigos uruguayos y los argentinos siempre nos trataron muy bien. Hoy mismo, pese a esos conflictos lamentables en los puentes del Uruguay, nos siguen tratando con tanto respeto, con una actitud muy diferente a la que pueden recibir otras colectividades”.

Omar Plá integra desde hace 15 años el grupo de candombe “Medio Mundo” en Buenos Aires: “Siempre, cada vez que presento a mi grupo en escena, agradezco a la Argentina, especialmente a los porteños, que nunca me pidieron documentos... Es decir, sí, en la época de la dictadura me los pedían, como a los argentinos, hemos compartido eso, pero jamás me rechazaron por ser extranjero”. En cuanto a las papeleras, comenta Plá, “sé que hay uruguayos que están contra su construcción. Pero lo del corte de los puentes, eso está mal; y no es culpa de la gente que los cortó, sino de las autoridades que lo permiten o lo alientan”.

Para la mayoría de los uruguayos consultados, el tema de las plantas de celulosa es ante todo “lo que pasa con los puentes”, como lo denomina María de los Angeles Carro, cantante de tango nacida en Colonia que llegó a Buenos Aires hace 15 años, apadrinada por Argentino Ledesma. “Sería una pena que tengamos diferencias entre los dos países por algo que es un tema político.”

También fue bien recibida en la Argentina, hace 22 años, María Angélica Pedraita, quien baila candombe profesionalmente con su esposo, Hilario De Armas, y trabaja como enfermera: “Cuando llegué gané un cargo en una clínica por concurso. Una vez sola tuve un problema de discriminación, con un paciente que no quiso que yo lo atendiera por ser negra. Sí, lo soy, mi bisabuelo murió hablando en africano y mi abuela todavía hablaba en dialecto”. Sobre las plantas de celulosa, “yo no me meto mucho; no estoy de acuerdo con que cierren los puentes, la gente debe hablar, dialogar. Parece que volviéramos a pelear con caña tacuara, con lanza”.

Más allá de que uno sea bien recibido en el país de adopción, hay una pregunta que formula Wilson Acuña, encargado de un bar: “¿Cuál es el país del inmigrante?”. Por esa cuestión, “hay españoles que viven acá y, con acento español, dicen ‘Mi patria es la Argentina’, y yo los entiendo”. Los entiende porque “si hubiera una guerra entre Argentina y Uruguay, yo no podría pelear por ninguno de los dos. Y, si volviera a vivir en Uruguay, no aceptaría que alguien hablara mal de la Argentina”. En cuanto a las plantas de celulosa, “nadie tiene derecho a contaminar el ambiente. Pero también tengo confianza en el gobierno uruguayo por el que luché y creo que no va a permitir un daño que sería para la Argentina como para el Uruguay”, dice Wilson y agrega: “Hace 24 años que estoy aquí. Tengo dos hijas. Como dijo Shakespeare, mi patria es el lugar donde yo sirvo”.

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