DEPORTES › INDEPENDIENTE LE GANO EL CLASICO 2-0 A RACING

La diferencia la hizo el Kun

Agüero no había jugado muy bien, pero en cinco minutos se iluminó, convirtió los dos goles y sentenció el partido. Hubo incidentes al final.

 Por Daniel Guiñazú

Los grandes jugadores son así. Cuando aparecen, cambian el panorama. Y convierten un partido ordinario y despreciable en algo digno de ser recordado. Sergio Agüero es uno de ellos. Poco y nada hizo en los primeros 50 minutos del clásico Racing-Independiente. Pero en cinco minutos, de los nueve a los catorce, se encendió, marcó dos goles y desató en la mitad de Avellaneda una fiesta de tonos rojos, mientras que la otra, la blanquiceleste, se olvidó del debut como técnico de Diego Simeone. Y, harta de estar harta, hizo estallar la violencia hasta tornarla incontenible, insoportable.

Nada había hecho Agüero hasta esa ráfaga genial y demoledora. La pelota le había llegado esporádicamente, y las veces que pudo acariciarla en sus pies no supo romper el cerco escalonado que Racing le tendió y en el que Menghi lo había marcado mejor que ninguno. En el segundo tiempo, Falcioni lo mandó a la derecha a ver si por ahí podía conseguir algo mejor. Y el enroque le salió perfecto. Por la derecha encontró los espacios que andaba necesitando para encarar y pasar, y gestó la jugada del primer gol que resolvió con un zurdazo cruzado. Y cuando volvió a la izquierda porque Menghi, su implacable marcador, se había ido lesionado, pergeñó la joya que definió el clásico: le ganó a Barroso (reemplazó a Menghi), esperó que Campagnuolo saliera a taparlo, lo hizo pasar dos veces de largo, enganchó para desaparramar a Barroso, y con el arco libre disparó suave al gol.

Antes y después de que Agüero lo marcara a fuego, el clásico tuvo un ínfimo tamaño. Antes, unos y otros se anularon mutuamente por una alquimia extraña de presión y mediocridad. Y después, porque Independiente se dedicó a hacer correr la pelota a lo largo y a lo ancho del campo de juego, dando su tarea por cumplida. Y Racing quedó desnudo. Sin ideas para atacar, sin fibra para reaccionar. El equipo metedor, entusiasta y joven que Simeone había armado en el principio para trabarlo a Independiente se cayó en picada. Entraron Estévez y Capria para pilotear la resurrección. Pero el desánimo ya había nublado las mentes y bloqueado las piernas de todos. Cuando los hinchas se dieron cuenta de que la derrota era irreversible, y el último puesto en la tabla, inamovible, se pusieron en marcha. En ese mismo momento, la crónica futbolera le dejó paso a la vergüenza.


0-RACING
Campagnuolo; Menghi, Cabral, Ubeda, Shaffer; Mirosevic, De la Fuente, Romero, Fileppi; P. González, Villanueva. DT: D. Simeone.
2-INDEPENDIENTE
Ustari; L. Alvarez, Méndez, Cáceres, E. Domínguez; Machín, Herrón, Buján, Biglia; Agüero, Bustos Montoya. DT: J.C. Falcioni.
Estadio: Racing.
Arbitro: Héctor Baldassi.
Goles: 54m y 58m Agüero (I).
Cambios: 46m Fabro por Buján (I); 52m Barroso por Menghi (R); 59m Estévez por Mirosevic (R); 72m R. Capria por P. González (R); 77m Carrizo por Herrón (I); 87m Miranda por Agüero (I).
Incidencias: Suspendido a los 89m por incidentes en las tribunas.

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Todos los abrazos para Agüero, el jugador que definió el clásico.
 
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