SOCIEDAD

“Cambiar al mundo”

 Por Inés Sanguinetti

De la nada, tres chicos tomaron el escenario: dos se movían como si fueran de alambre, inventando ritmos al son de la guitarra del tercero. Sólo terminaron una vez que la bailarina Inés Sanguinetti estuvo entre ellos y los dispensó para contar que “empezamos bailando porque mi charla es muy difícil: cómo cambiar el mundo”. Impulsora, desde 1997, de los talleres en barrios carenciados de la ONG Crear vale la pena (que preside), Sanguinetti, que había llamado su charla “Danza y transformación social”, arrancó afirmando que “la danza y la política tienen mucho que ver, porque dan lugar a dos organizaciones del movimiento”.

“¿En la sala hay al menos cinco personas que quieren cambiar el mundo? Levanten la mano”, desafió la bailarina poco antes de contar que su carrera artística era satisfactoria, pero cierto día necesitó más, y que ese extra lo encontró en los otros, en la asociación con ellos y en ayudar a transformar espacios, vidas, expectativas. “Hay mundos que acotadamente se pueden cambiar. Si tenemos coraje, paciencia, esos mundos se mezclan con otros mundos y se arma la desmesura”, requisito indispensable para la transformación. Claro que eso debería, dijo, comenzar por lo que las personas esperan o desean de sí mismas, para comprender que “lo importante es ser parte de algo que es verdaderamente importante”. Y entonces vinieron las fotos maravillosas: un grupo de niñas practicando ballet en una barra al aire libre, al lado de una serie de casas más que precarias construidas en una sierra; los modernísimos espacios de arte construidos en medio de los barrios más peligrosos de Medellín (donde, desde que existe esos remansos, “las muertes anuales bajaron de 7 mil a 700”), el arte en villas, en favelas, la belleza en los lugares menos protegidos, porque lo que comenzó como iniciativa local se convirtió en la Red Latinoamericana Arte para la Transformación Social. Sanguinetti puso en pantalla, también, la foto de un adolescente boliviano, violinista. “El joven aprendió violín en la selva de Santa Cruz de la Sierra. Viajó a tocar a un festival de Francia”. Es reconocido. “Ve cambiar su vida, deja de ser una víctima.” Eso es cambiar el mundo “al menos para una vida”.

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