SOCIEDAD › OPINION

La publicidad del delito

 Por Eduardo Videla

Los avisos del rubro 59 son algo más que la denigración de la mujer como persona. Constituyen una formidable pista para la investigación del delito de trata, uno de los pocos casos en que los delincuentes ponen el número de teléfono del lugar donde explotan a sus víctimas. Un trabajo de inteligencia –para nada sencillo, pero posible– podría llevar a desbaratar partes de la organización y hasta sus cabecillas. Para los avisos clasificados no rige además la confidencialidad propia de las fuentes periodísticas –no se trata de información, sino de pura publicidad comercial–, por lo que un investigador podría corroborar si quien puso el aviso es una mujer (o un hombre) cuentapropista o el integrante de una organización.

También es parte –aunque periférica– de una red el que reparte tarjetas o esquelas con avisos sexuales o el que los pega en postes o cabinas telefónicas. Las mujeres que allí se ofrecen, definitivamente, no lo hacen por cuenta propia. Y ahí también la organización está dando la pista con un número de teléfono, una punta para seguir el hilo de la trama.

Puede no haber trata, tal vez sea explotación sexual, proxenetismo, que también es delito. ¿Y si en vez de repartir tarjetas o volantes con oferta de sexo nos dieran otros con un teléfono donde se puede comprar mercadería robada o dosis de paco, sería diferente? Se puede mirar para otro lado, pero ya es tanta la oferta que a veces, para donde uno mire, sobran evidencias.

Pero, volviendo al diario, además del rubro en cuestión hay en las páginas de clasificados otro, que pone en evidencia la impunidad con que actúan estas redes. Es el de “Oficios y ocupaciones varias” (el 37, si se habla del mismo diario que publica el 59), que bajo el título de “pedidos” publica en promedio dos columnas diarias de propuestas laborales del tipo “Señorita Gane 1000 por día, con o sin experiencia” o “Señorita 60 % sin descuentos más copa 8 horas” o “Señorita al 50 % VIP, Altos aranceles real, 900 por día”, incluso con la indignante aclaración: “Estudiante, horario a convenir”.

Este rubro, incluso, es el que más utiliza la modalidad del “aviso lupa” que, por un precio mayor, triplica el tamaño convencional de la tipografía y el espacio. Se nota que los avisadores no se fijan en gastos a la hora de buscar personal.

Probablemente estos datos estén en las carpetas de los investigadores, a la espera de una buena oportunidad para salir a la luz. Seguramente estarán en las intenciones de funcionarios/as del área de seguridad, que ya han dado señales de no tolerar ciertas distracciones en las fuerzas a su mando.

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