19:50 › TRAS UNA MASACRE EN LA FRONTERA

Uribe le pidió colaboración a Chávez

El presidente de Colombia llamó hoy a su colega de Venezuela a "coordinar actividades" que permitan proteger la vida de ciudadanos de ambos países, luego de que 10 personas fueron asesinadas en una zona de la frontera común.

"Hago un llamado al gobierno de Venezuela, a su presidente, Hugo Chávez, para que por encima de cualquier diferencia busquemos cómo coordinar actividades para proteger el derecho a la vida de los ciudadanos colombianos y de los ciudadanos venezolanos", exhortó Álvaro Uribe.

"A nosotros nos duele por igual un crimen aquí o un crimen allá", agregó el mandatario colombiano. El pedido de Uribe se produjo luego del asesinato de 10 personas en una zona del estado venezolano de Táchira, fronteriza con Colombia.

El defensor del Pueblo colombiano, Vólmar Pérez, informó a la prensa que "de los 10 cadáveres, ocho son colombianos, uno peruano, compañero de una de nuestras compatriotas, y otra mujer venezolana". Por su parte, el canciller, Jaime Bermúdez, aclaró que "nosotros todavía no tenemos una hipótesis clara".

Las víctimas fueron secuestradas por un grupo armado el 11 de octubre, mientras jugaban un partido de fútbol en Chururú, un poblado del municipio Fernández Feo, en el estado Táchira, según relató el sobreviviente Manuel Júnior Cortés, quien aseguró que desde entonces las víctimas permanecieron juntas, encadenadas de a dos, en un campamento en la cima de una montaña, custodiados por unos 18 hombres armados, al mando de uno que se hacía llamar Payaso.

Júnior Cortés, de 18 años, relató que durante 14 días los cautivos estuvieron expuestos a la intemperie y fueron alimentados únicamente con arroz, atún y agua. El joven indicó que durante el cautiverio, Payaso preguntaba continuamente a los rehenes dónde estaban los jefes "paracos" (como se denomina corrientemente a los paramilitares en Colombia), pues creía que los secuestrados habían sido reclutados por algún grupo guerrillero de ultraderecha. Agregó que el viernes pasado, los captores quemaron el campamento y se llevaron a los rehenes en dos camionetas. "Cuando pararon, nos hicieron bajar, arrodillados en el piso y golpeándonos sentimos la ráfaga de seis o siete disparos, de los cuales me pegaron uno solo; uno o dos minutos después abrí los ojos y estaba vivo; toqué a los demás amigos, pero estaban muertos", narró.

Cortés afirmó que caminó más de tres horas con una herida en el cuello y que gracias a un campesino de la zona pudo recibir atención.

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