UNIVERSIDAD › DEBATE SOBRE LOS DESAFIOS Y LOS CAMBIOS QUE NECESITA LA UBA

El futuro y la ética del deseo

En el marco del programa La UBA para el Siglo XXI, tres profesores analizaron las demandas que enfrenta la universidad, la necesidad de construir una lógica académica común y la articulación de los diferentes espacios de la institución.

Asumir los desafíos futuros que esperan a la Universidad de Buenos Aires y aportar distintas miradas para analizar el estado actual de la investigación, la enseñanza y la extensión en la institución son los objetivos del programa La UBA para el Siglo XXI, que se lleva adelante en forma de paneles multidisciplinarios. En ese marco, una mesa integrada por la profesora emérita Alicia Camilloni y los profesores de Ciencias Sociales, Sandra Carli, y de Psicología, Osvaldo Delgado, moderado por la decana de Psicología, Nélida Cervone, se dedicó a pensar las necesidades de la universidad en los próximos años y, también, las transformaciones en la agenda de la educación en las últimas décadas.

“La universidad se enfrenta hoy a múltiples demandas”, comenzó Camilloni. Su aporte estuvo vinculado, sobre todo, a las nuevas concepciones sobre la universidad y a las preguntas por los límites para las transformaciones y los desa-fíos que enfrentan las instituciones de educación superior. “El problema más difícil es llevar las ideas a la realidad”, enfatizó.

Para tratar de conciliar las diferentes demandas planteadas, Camilloni sostuvo que es necesario “tomar decisiones sobre si corresponde sumarse a una corriente de cambio que parece arrastrar a las instituciones, o detenerse, en cambio, a considerar qué esconden las problemáticas y los retos que hoy enfrentan”. Los desafíos son, para ella, “difíciles de categorizar”. Apareció, sostuvo la especialista en educación, “un problema muy agudo, que es la necesidad de alinear la función de la universidad”. Es decir, que se desarrollen actividades comunes, que éstas respondan a una filosofía común y que la lógica con la que se toman decisiones con la docencia, la investigación y la extensión sea coherente y esté basada en una lógica académica.

La relación con la sociedad civil “resulta fundamental”, aseguró Camilloni, y añadió que esa tiene que ser la base de esa lógica académica con la que definir las políticas de docencia, extensión, investigación y transferencia. Para ella, esto implica plantear “políticas prioritarias” y situar a la universidad en un sistema ampliado de educación superior.

Desde su punto de vista, las universidades nacionales no lo son solo porque reciben financiamiento del Estado y responden a ciertas normas legales. “Son nacionales porque son públicas, porque sirven a la comunidad y porque esa es su razón de ser”, añadió. “Las universidades pensadas como entes autónomos, así como fueron creadas, no constituían un sistema. Cada una de ellas tenía un grado importante de independencia. Cuando se empieza a hablar de sistema de educación superior, se estaba hablando de una red institucional, con una estructura, una organicidad”, apuntó Camilloni.

Sandra Carli planteó que, a la hora de analizar los desafíos, es necesario pensar la UBA como una construcción institucional en tensión y conflicto permanente. En su exposición apareció una leve crítica al Ciclo Básico Común como instancia con “luces y sombras”, donde las desigualdades en la formación de los estudiantes que llegan al primer paso en la universidad se manifiestan luego en el abandono de algunos. Pidió entonces “una discusión abierta” frente a las transformaciones de la población estudiantil “que procede hoy en un gran porcentaje de colegios privados, pero también de colegios públicos en condiciones muy diferentes”.

“La UBA es una confederación de facultades”, sostuvo Carli e instó a prestar atención a la “dispersión territorial” de cada una de las casas de estudio. En esa línea, remarcó que uno de los desafíos será pensar la unidad y la articulación ante esta dispersión.

Renovación de las bibliotecas como reservorios del patrimonio intelectual, reformas curriculares con una consolidación de los campos disciplinarios, así como nuevas experiencias de conocimiento, fueron algunos de los puntos abordados por la profesora de Sociales. “Sería interesante plantear un debate sobre la reforma del estatuto universitario”, finalizó.

Osvaldo Delgado se encargó de hacer una caracterización desde el punto de vista del psicoanálisis, para trazar las coordenadas de la época donde se inserta la UBA. Además, analizó las características de la subjetividad de los jóvenes que concurren a la institución y la problemática del rol docente.

“La organización escolar, especialmente privada, desde la primera infancia toma a los niños en función de los gerentes que deberán ser anulando de hecho la temporalidad de la niñez”, dijo. Los profesores, señaló Delgado, “se han constituido como sujetos en un mundo radicalmente otro que los jóvenes actuales”, por lo que aparece entonces la pregunta sobre cómo hablar su propia lengua sin que eso implique identificarlos “al fantasma de la época”. Se refirió así al “capitalismo tardío del siglo XXI”, que “se presenta con un doble efecto”: la aceleración de la caducidad de los objetos y la multiplicación “de millones de seres desechables”.

“El empuje al goce de la época actual se lleva muy mal con el deseo. Y es sólo con el deseo que es posible estudiar, formarse, investigar, utilizar los recursos tecnológicos actuales para desplegar la pasión por el saber”, sostuvo. Para Delgado, es la “ética del deseo” la que debe orientar a los docentes y en ella radica su autoridad. Así, concluyó que será esa cuestión la que permita articular la suficiente formación con la sociedad que sostiene a la universidad, “poniendo el saber y la investigación al servicio de las necesidades y los proyectos del pueblo en cada momento histórico”.

El ciclo de actividades del programa La UBA para el Siglo XXI continuará el próximo 17 de septiembre con el panel “Ciencia y universidad”, en el que participarán los profesores Alberto Kornblihtt, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales; Felipe Fucito, de Derecho; y Daniel Heymann, de Ciencias Económicas.

Informe: Aldana Vales.

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