UNIVERSIDAD › EL HISTORIADOR PABLO BUCHBINDER ANALIZO EL DESARROLLO DE LA UBA

“Un balance con claroscuros”

Como parte del programa La UBA para el Siglo XXI, Buchbinder esbozó un recorrido por la historia de la universidad y reflexionó sobre la persistencia de “rasgos conservadores” en sus normas y su estructura.

Aunque en su historia hubo etapas caracterizadas por la modernización y el crecimiento, la Universidad de Buenos Aires aún acarrea “rasgos conservadores”, como el estatuto con el que se rige, y tiene como eje central una estructura de 1885. La conclusión fue formulada por el profesor e historiador Pablo Buchbinder, en un nuevo encuentro del programa La UBA para el Siglo XXI, que esta semana estuvo dedicado a “rescatar el pasado para pensar el futuro”.

En su presentación, Buchbinder repasó tres momentos de la historia de la UBA, para la que trazó como punto inicial la sanción de la Ley Avellaneda en 1885 (la primera norma universitaria nacional) y marcó como hitos la llegada al poder del peronismo en 1946 y el retorno de la democracia en 1983.

El autor de Historia de las universidades argentinas resaltó la separación de la Iglesia Católica de las instituciones educativas superiores como condición necesaria para la configuración de sistema universitario moderno. El período entre 1885 y 1945, sostuvo Buchbinder, está caracterizado por una UBA “como federación para la educación profesionalista”, donde las humanidades y las ciencias “quedaban en un segundo plano”.

La Reforma de 1918 intentó cambiar el perfil de la universidad, para volverla “más científica y menos utilitarista”, pero para el investigador no lo logró. “Es imposible pensar a Bernardo Houssay sin la reforma, pero fue excepcional en una facultad esencialmente profesionalista”, puntualizó.

Para Buchbinder, 1946 es el punto a partir del que la política partidaria “entra de lleno en la vida de la universidad”. La misma polarización de la sociedad que vivió Argentina con la aparición del peronismo se vivió dentro de la UBA y, tras 1955, la lógica política siguió siendo la misma, para el investigador.

Pero, además, Buchbinder resaltó “el proceso de masificación” que se inició durante esa época. Cambios en las condiciones sociales y modificaciones en las políticas universitarias, como el fin de los aranceles, explican esa transformación. “Hasta entonces, la universidad había sido un reducto de una elite”, señaló.

La UBA protagonizó también un proceso de modernización en ese momento, se le dio un mayor peso a la ciencia, aparecieron carreras nuevas y se logró la institucionalización de las ciencias sociales, a través de la creación de la carrera de Sociología. Un período que duró hasta 1966, donde la universidad fue intervenida con el objetivo de despolitizarla, luego del golpe de Estado de Juan Carlos Onganía.

El retorno a la democracia generó, sostuvo Buchbinder, un período que posibilitó nuevos procesos, algunos de los cuales aún están vigentes y son difíciles de delimitar. Pese a eso, esbozó algunas tendencias y resultados provisorios. “¿Cómo recordaremos esta etapa dentro de 30 o 40 años?”, se preguntó.

Para el historiador, 1983 implicó recuperar la autonomía y el cogobierno, el pluralismo, el sistema universitario abierto. La masificación y el crecimiento acelerado de la matrícula estudiantil caracterizan al período. “Había poco más de 400 mil estudiantes universitarios en el sector público nacional en el ’83”, puntualizó el historiador, y añadió: “Hoy, 30 años después, hay casi un millón de estudiantes”.

“Cuando uno mira la evolución de la universidad desde 1980 hasta acá, ese balance es un balance con claroscuros”, advirtió el profesor. “Es central tener en cuenta que la sociedad argentina logró un incremento sustantivo de la población en el sistema universitario”, remarcó, pero también señaló a la deserción como uno de los problemas y desafíos a enfrentar.

Pese a los avances, a la modernización, al crecimiento de la universidad y a la masificación de la matrícula en estos años, Buchbinder advirtió que en la UBA aún perduran “rasgos conservadores”, como el estatuto con el que se rige, que lleva “el sello y la impronta de 1955”, y tiene como eje central una estructura con las características de 1885.

En la presentación que realizó Buchbinder se esperaba también la participación de la profesora consulta Adriana Puiggrós, que finalmente no pudo asistir. La propuesta del programa La UBA para el Siglo XXI es generar un espacio de reflexión de la comunidad universitaria, para realizar un análisis del estado actual de la investigación, la enseñanza y la extensión en la institución y llegar a armar “un programa de acción consensuado”. El próximo panel, que se llevará a cabo el 15 de octubre, tendrá como eje el rol del movimiento estudiantil y participarán el consejero superior Carlos Mas Vélez, Arturo Pozzali y Constanza Bossio, de la Federación Universitaria Argentina, y Julián Asiner e Igal Kejsefman, de la Federación Universitaria de Buenos Aires.

Informe: Aldana Vales.

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