DEPORTES › CIUDAD CERRADA POR FUTBOL

La ola del gol

 Por Gustavo Veiga

La ola patentada en el Mundial de México ’86 ya no se observa en las canchas. Tampoco podemos afirmar que es la muy buena película del alemán Dennis Gansel. Se trata de una oleada de sucesivas imágenes o mensajes que se precipitan sobre nosotros desde Sudáfrica o el barrio de Parque Centenario. Lo mismo da el suburbio de Soweto que la esquina de Leopoldo Marechal y Franklin. Llegan desde cualquier lugar y en cualquier soporte: la televisión, Internet, las redes sociales, los 140 caracteres de Twitter, los SMS. Todo ocurre en tiempo real. Como en un calidoscopio, el torbellino de pequeñas instantáneas apabulla, nos deja embutidos en una centrifugadora de la que resulta casi imposible salir. A no ser que uno tenga vocación de misántropo.

El puntapié inicial de este partido que todos juegan lo da el fútbol, tan democrático en esencia, siempre mucho más generoso que sus abusadores. El escenario está montado y amplifica los estados de ánimo. No hay discriminación posible. El partido con la República de Corea, la que está al sur del paralelo 38, es ahora la excusa. Una cámara aguda de televisión verdad nos llevará hacia la comunidad coreana en Buenos Aires, como era de esperar. Niños coreanos o argentinos descendientes de coreanos son instados a decir por cuál equipo hinchan. Responden tímidamente. El martes serán los griegos (algunas familias de esa colectividad se radicaron hace un siglo en el partido de Lomas de Zamora). Quizá los mismos productores se crucen con ellos en el sur del conurbano o en la Iglesia Ortodoxa Griega.

Los funcionarios sumergidos en la búsqueda de una mejor imagen electoral emergen a la superficie como ciertas especies anfibias. Pueden sacar la cabeza, aun cuando los tape el agua en asuntos tan delicados como la causa de las escuchas. El jefe de Gobierno porteño aparece en donde está instalada una de las pantallas gigantes para ver el festejado 4-1. “Junto a miles de vecinos, estuve en la Plaza San Martín con Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y otros funcionarios del Gobierno, disfrutando el gran triunfo de nuestra Selección!!! Increíble convocatoria!!!”, escribió el subsecretario de Transporte, Guillermo Dietrich, en su blog que, casualmente, bautizó Creando Olas. El PRO viene prometiendo una ola amarilla de votos para los próximos comicios nacionales. Rodríguez Larreta parecía anunciarlo ayer tocando una vuvuzela enfrente del selecto edificio Kavanagh.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el gobernador Daniel Scioli, los diputados nacionales del PRO Gabriela Michetti y Federico Pinedo, también twittearon sus impresiones mundialistas, publicaron fotografías o gritaron los goles del Pipita Higuaín. El Mundial nos brinda una gran visibilidad. Aunque la corneta plástica tan popular en Sudáfrica impide escuchar al prójimo a un metro de distancia, todo se puede ver. La vista es el señor de los sentidos, el oído es sordo.

Desde Pretoria nos sorprende una noticia: ya no son barrabravas los únicos condenados al escarnio de la deportación. Un compatriota fue sorprendido in fraganti en Pretoria llevándose 200 gramos de queso Gouda de un supermercado. Le hicieron un juicio sumarísimo, recibió una multa de 200 rands y lo invitaron a regresar a Buenos Aires. Adujo que tenía hambre cuando lo detuvieron.

La ola de imágenes incluye porristas vestidas con camiseta de la Selección, pollerita corta y jugueteando con la gripe. Menean sus cuerpos en Parque Centenario –allí colocó la otra pantalla gigante el gobierno porteño–, mientras dura el entretiempo del partido. Desde el Soccer City, un hincha argentino en cueros capta la atención de la televisión y dispara el comentario de Fernando Niembro: “Ese muchacho está loco”.

Argentina y Sudáfrica tienen una coincidencia adicional, además del fútbol, por estas horas. El frío del Hemisferio Sur penetra hasta la epidermis más gorda. Con tal de entrar en calor, cualquier recurso es válido. Y para hacerse notar, no hace falta demasiado esfuerzo. El fútbol, como las olas del mar, siempre devuelve todo a la costa y deja ver cómo vivimos este Mundial. Alguna vez Jorge Valdano, sofista autodidacta que entiende muy bien este juego, dijo: “El fútbol es inocente”. Habrá más olas para este boletín.

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