DEPORTES › NALBANDIAN LE PUSO UN BROCHE DE ORO AL FINAL DE SU CARRERA

La tarde que el Rey lloró

Se dio el gusto de jugar contra el español Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic en Buenos Aires, junto a su amigo Juan Mónaco. Fue una exhibición en La Rural. Los número uno y dos del mundo se enfrentarán hoy en el mismo escenario.

 Por Adrián De Benedictis

Los ojos se le pusieron más húmedos y su rostro exhibía señales de agradecimiento. Era el final de una tarde que lo tuvo como gran protagonista. Desde afuera lo aplaudían nada menos que el número uno del mundo, Rafael Nadal; el segundo del ranking, Novak Djokovic, y su amigo Juan Mónaco. El sol se perdía en Palermo después de haber iluminado al cordobés David Nalbandian en su último día como jugador de tenis. Atrás había quedado una carrera marcada por el talento, la vehemencia, algunas polémicas y el corazón entero entregado en cada una de las canchas que le tocó pisar. La única espina sigue clavada y esperará ahora poder quitársela como hincha: la Copa Davis.

El hombre de Unquillo, a los 31 años, le dijo adiós a su gran pasión después de haber transitado 13 temporadas como profesional, y luego de haber alcanzado su punto máximo en marzo de 2006, cuando se ubicó en el tercer puesto del escalafón de la ATP. Nalbandian se lleva en su interior la duda sobre si verdaderamente su meta era ser el mejor del mundo.

Los 11 títulos ganados no se los podrá quitar nadie, entre los que se encuentran dos Masters 1000, y un torneo de Maestros (2005) después de una final memorable ante Roger Federer. El cordobés estuvo cerca de conseguir un Grand Slam, los certámenes donde respondía de una manera especial, pero la final perdida en Wimbledon 2002, y las derrotas en semifinales en Australia, Roland Garros, dos veces, y el US Open no se lo permitieron. En su historial también quedaron otras 13 finales de ATP.

Pero, seguramente, el dolor más profundo para él habrá sido por esas tres finales de Copa Davis, en 2004, 2008 y 2011, donde no se pudo coronar como lo había soñado. “Jugá la Davis contra Italia”, le gritó ayer uno de los casi ocho mil espectadores que fueron testigos en el Predio Rural de su última vez. La referencia era por la serie de 2014 ante los europeos, que ya no lo tendrá dentro de la cancha. Todos sabían que él era un tenista particular para afrontar el torneo por equipos.

“Te vamos a extrañar, Gringo”, se escuchó antes del primer match-point a favor de Nadal, quien se terminó llevando el partido 6-3, 6-4. En el medio, ambos ofrecieron puntos de alto nivel, muchas bromas, la participación de un alcanzapelotas en la cancha, y sobre todo el respeto y la admiración mutua. La misma fascinación que tuvo la gente con el español, que fue ovacionado en varias oportunidades.

El turno de Djokovic –estuvo recorriendo la Bombonera por la mañana– llegó después. El serbio es un gran animador del circuito, pero también lo es cuando no juega. Sus ocurrencias no faltaron en el partido de dobles –ganaron el set 6-4– junto a Nadal, cuando enfrentaron a Nalbandian y a Mónaco. Y hasta la imitación de la rusa Maria Sharapova también fue tomada con mucha gracia. Djokovic apareció vestido de médico para atender al cordobés, y las risas fueron automáticas en todo el estadio.

Nalbandian, que lució una línea de ropa Topper diseñada para esta ocasión y denomidada Rey David, sabía que el final estaba cerca. Y con todos de pie para aplaudirlo como en el mejor de los teatros, se fue con la cabeza levantada recordando con una mueca de alegría lo que había quedado atrás.

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David y Pico, de un lado de la red, Rafa y Nole, del otro.
Imagen: Alejandro Leiva
 
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