DEPORTES › LA PATRIA TRANSPIRADA (24 PULGADAS, EN REPOSO)

Vigilia del vacilante

 Por Juan Sasturain

Estoy lejos de casa y sólo sé del Mundial y de la Argentina cuando enciendo la tele a la hora señalada. Veo los partidos en transmisión española y al rato escribo treinta líneas. Eso es todo. Me alcanza, no quiero saber más. Ni siquiera espío Internet. Como no miro ni leo ni escucho, no sé; pero me imagino –sin demasiada perspicacia– que debe ser un lugar común entre nosotros establecer la analogía con la final del ’90. Incluso describir paralelos que van mucho más allá de la identidad del rival en la final: cómo llegamos, el grupo, los heroicos penales, ir de punto, la posibilidad de que el diferente que tenemos, disminuido (en una gamba entonces, con media pila ahora), haga la jugada que nos salve. Pero sólo hasta ahí nomás.

Porque soy de los muchos que no se enorgullecen del papel que hicimos en el Mundial de Italia; por la conducción lo digo, no por los jugadores, que pusieron todo lo que tenían. No me gustó entonces el plantel ni el planteo de juego y –más allá del buen partido con Italia– terminamos siendo una banda mañera dispuesta a sobrevivir literalmente de cualquier modo y por cualquier medio. Y casi lo logramos. Al respecto escribí –por el modo, por la idea, por el precedente que sentaba– que si hubiésemos ganado, como deseábamos con toda el alma, hubiera sido peor. Para nuestro fútbol, claro. Y sigue siendo lo que me parece.

Por eso en esta vigilia vacilante en la que la historia parece que vuelve a repetirse –incluso el hecho casual que de nuevo, como en el ‘90, veo el Mundial fuera de la Argentina, en contexto de visitante– me quiero aclarar algunas cosas, decírmelas en voz alta. Primero: aunque sea a veces seducido por el ominoso espíritu bilardiano (el desbalance cierto en la elección del plantel y la temerosa formación inicial ante Bosnia) Sabella es él, tiene su propia y saludable cabeza. Segundo: los ajustes en el medio que repercutieron hacia atrás y hacia adelante (proteger a Mascherano, desacompañar a Messi) fueron motivados, me parece, sobre todo por el déficit de producción de los delanteros-delanteros: se arriesgaba de más para generar muy poco. Hay que confiar en que mejorarán. Tercero: las tablas contra Van Gaal –más que contra Holanda– fueron un partido muy especial, casi un ejercicio teórico práctico aprobado con ocho y final feliz, que prueba la eficacia ocasional de una estrategia que no puede ser la norma y el modelo sino la excepción. Cuatro: por todo lo anterior, para hoy, una cita –de memoria– de Leónidas Lamborghini: “Recuerda que es importante que te teman”. Por eso, después de que Mascherano le cambie las pilas al Enano y le explique que es el partido de su vida, por favor: vayamos para adelante.

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