DEPORTES › EL PAIS ORGANIZADOR AMANECIO ABATIDO

El triste día después de los pobres alemanes

La eliminación pudo con el férreo espíritu germano y, aunque los medios cantaron loas a su selección, la euforia que se vivía hasta el martes, con la gente embanderada y con camisetas del equipo, quedó notablemente aplacada. No buscaron responsables, sino que pidieron la continuidad del DT.

 Por Ariel Greco
Desde Munich

Alemania amaneció triste. El día después de la eliminación del conjunto de Jürgen Klinsmann marcó el dolor de los alemanes por la ilusión que les había despertado el equipo, sobre todo a partir de la clasificación ante Argentina. Sin embargo, la sensación de frustración no se transformó en enojo, ya muy pocas voces se alzaron en contra de la selección alemana, de sus jugadores o del entrenador. El resumen se podría sintetizar en tristeza y conformidad. Eso sí, la euforia que se vivía hasta el martes, con banderas y gente con camisetas, quedó aplacada de manera notable para otra ocasión.

Desde los medios, el mensaje que se bajó fue de respaldo hacia la selección. Titulares como “Igual son nuestros héroes”, “Nosotros lloramos con ustedes” o “Jugaron como verdaderos campeones del mundo” marcaron la visión de los diarios locales sobre la derrota. No hubo reproches, sino la reflexión de que Italia había sido superior y que Alemania había cumplido con su juego, sin fortuna. Fue una síntesis similar a la que había dado el público en la noche del Westfalen Stadion de Dortmund, cuando despidió a los jugadores locales con aplausos y al grito de “¡Deutschland!”.

A diferencia de lo que sucedió en Argentina, el análisis posterior del partido no pasó tanto por buscar errores ni culpables de la caída. La mirada se focalizó en la necesidad de que Klinsmann continúe en su cargo, pese a la eliminación en semifinales. El mérito de haber recuperado el orgullo por el equipo alemán y lo que aquí llaman la “Revolución Klinsmann” al juego más ofensivo y de pases cortos que intentó la “Mannschaft” significaron los dos bastiones más importantes para defender la continuidad del entrenador, que todavía no tiene definido su futuro.

Está claro que las lágrimas de la noche del martes quedaron secas muy rápido entre los alemanes. Caminando las calles, la sensación de tristeza es evidente, aunque difícilmente se pueda comparar con lo que se vivió en Argentina el viernes pasado, cuando el equipo de Pekerman se quedó eliminado. Michael, uno de los voluntarios del centro de prensa de Munich, lo reflejó muy bien: “Teníamos mucha ilusión y era un sueño volver a ser campeones, pero ya está. El equipo nos representó bien y ahora el domingo en Berlín igual se vivirá una fiesta, por más que Alemania no esté en la final”. Para Melanie, su compañera de puesto, “la tristeza pasa pronto porque el Mundial de Fútbol es una fiesta que vive un país más allá del resultado del equipo. Y yo estoy contenta de que el Mundial se haya jugado acá, aunque no lo ganemos”. Está claro que el pensamiento de Melanie es difícil de comprender para un hincha argentino, pero refleja un pensamiento bastante común en muchos alemanes.

La estación de trenes de Munich tenía, hasta el martes, un gran puesto ambulante de ventas de camisetas y souvenires del Mundial. Sin embargo, ayer ya no estaba, pese a que se disputaba la otra semifinal del torneo. Wolfgang, un muchacho de unos 30 años que atiende un puesto similar a apenas unos metros del que ya no está, contó que ya estaba previsto. Aunque cueste creerle, puede que sea cierto. Lo concreto es que las remeras alemanas no oficiales ya sufrieron el efecto de la devaluación y se pueden conseguir por varios euros menos que hasta antes del martes. No sorprende, porque había sido una constante con las otras selecciones que fueron quedando eliminadas.

Stefan tiene una entrada para la final del domingo, pero asegura que no piensa revenderla, por más que tenga que viajar unos 600 kilómetros hasta Berlín para ver a dos selecciones que no son las propias. “Quiero ver la final, no me importa que no esté Alemania. No sé cuántos años pasarán para que se vuelva a jugar otro mundial acá”, argumenta para justificar que le interesa más ver Italia-Francia en Berlín que ir a presenciar el encuentro por el tercer puesto en Stuttgart.

Lo cierto es que los alemanes recuperaron su orgullo y ayer lo demostraron en el Allianz Arena de Munich, donde cantaron varias canciones, pese a que ya estaban eliminados. Durante muchos pasajes, el “¡Deutschland, Deutschland!” sonó por encima de franceses y portugueses. Es que el Mundial para los alemanes es una fiesta, más allá del resultado.

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La salida de Alemania estuvo enmarcada por la tristeza y cierta conformidad general.
 
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