EL PAíS › EL JEFE DE GABINETE, ALBERTO FERNANDEZ, DIO EXPLICACIONES EN EL SENADO

Un cruce de pelotazos en los dos arcos

Con el apoyo cerrado del bloque oficial liderado por Cristina Fernández de Kirchner, el jefe de Gabinete defendió el proyecto que legitima sus atribuciones para reasignar partidas presupuestarias. La primera dama se quejó de que la prensa no informa lo que hacen los gobernadores.

 Por Eduardo Tagliaferro

Acalorado, verborrágico y con la ayuda de imágenes disparadas desde su computadora personal, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, había argumentado durante una hora que los superpoderes que reclama el gobierno nacional son los mismos que los gobernadores tienen en la mayoría de las provincias argentinas. Limitada a pocas voces, la oposición respondió por boca del radical jujeño Gerardo Morales que “no podemos ceder esas facultades”. El tema estaba encausado y amenazaba con languidecer mansamente hasta que la senadora Cristina Fernández de Kirchner volcó sal sobre las heridas de la oposición. Después de elogiar las virtudes del jefe de Gabinete, se mostró escéptica ante la posibilidad de debatir el tema en profundidad. Apeló a Joaquín Sabina en “Eclipse de Mar”, para decir que los diarios “nada dicen” sobre las facultades que emplean los gobiernos provinciales porque “forman parte de la oposición”.

A partir de esa intervención, las exposiciones subieron en voltaje. Cuando Sabina escribió que los diarios afirman que “las putas están en huelga de celo en Moscú” pero “no hablan de ti, ni de mí” lo hace en referencia al amor. Lejos de esa apelación, Cristina Fernández de Kir-chner lo citó para afirmar que “no dirán nada de los que votaron y usaron los superpoderes, no dirán nada de los que descontaron sueldos”. En este punto señaló que “hay una oposición de quienes no informan correctamente”. Luego de destacar el conocimiento documentado del jefe de Gabinete, la primera dama sostuvo que los cronistas parlamentarios “deberían saber lo que pasa en las provincias”, no solamente citar uno y otro de los discursos que se pronuncian. Incluso aventuró que existía una censura que llevaba a algunos medios a extraer tan sólo los argumentos que le sirven para justificar sus críticas al Gobierno. Para Fernández de Kirchner “hay que saber de que se habla”. Criticó las cosas que lee porque dijo que modificaron el criterio de que “la única verdad es la realidad” y dicen cosas que no tienen nada que ver. También destacó que los gobernadores de otros partidos que apoyan al gobierno nacional no lo hacen por oportunismo, sino porque se identifican con los pueblos de sus provincias, que a su vez están identificados con Néstor Kirchner. “No se compran dirigentes”, subrayó.

A partir de la intervención de la primera dama, los cruces verbales entre la oposición y el oficialismo se limitaron a chicanas de distinto nivel. El oficialismo recordó los años del gobierno de Raúl Alfonsín, la hiperinflación, los cortes de energía, y el radicalismo contestó que “entre el ’89 y el ’99 no gobernó nadie, ya que ni lo nombran” a Carlos Menem.

Tal como estaba previsto, el jefe de Gabinete ingresó al Senado a las 15.30. Su puntualidad no se tradujo en la sesión, ya que debió esperar la finalización de la reunión en la que la bancada oficialista ajustó sus diferencias internas para lograr las firmas que acompañaran el dictamen de los superpoderes (ver aparte).

El jefe de Gabinete no se refugió en el aspecto reglamentario, ni se limitó a responder las preguntas que le habían enviado los senadores. Fue directamente al tema que desde la semana pasada es un punto destacado de la agenda política: los superpoderes. “Llegamos al punto de que un ex acusado por contrabando de autos nos pida transparencia”, arrancó Fernández reparando en las críticas del referente de la derecha Mauricio Macri. Volvió sobre Macri y su administración en Boca Juniors, al final de la sesión. “No le pudo explicar al Chelo Delgado, ni al Patrón Bermúdez, qué hizo con la plata de la venta de jugadores y nos pide transparencia”, dijo en referencia a las críticas que los dos jugadores le habían formulado a Macri.

En su informe, Fernández había señalado que “la Ley de Administración Financiera fue dictada en 1992, después de que durante casi una década el país funcionara sin presupuestos aprobados”. También había puntualizado que la figura de jefe de Gabinete fue creada con posterioridad y que las facultades de la ley de administración “fueron dadas por el Congreso en un tiempo en el que no existía la figura”.

Para el jefe de Gabinete simplemente se está pidiendo una herramienta para gobernar ya que siempre hay imprevistos. Citó entre ellos, la inundación de Santa Fe. En su repaso, mencionó todas las provincias en las que están vigentes normas similares. También volvió sobre anteriores afirmaciones suyas en las que puntualizaba que el Parlamento no coadministra, no cogestiona”.

Fue el radical independiente Rodolfo Terragno el que tuvo los cruces más picantes con Fernández. Luego de pedirle que “se guarde su vehemencia”, el senador porteño destacó que “la Constitución es clarísima: el Congreso fija el Presupuesto y el jefe de Gabinete lo ejecuta”. Terragno comentó sobre su paso por el cargo que hoy ocupa Fernández y recordó que desde el gobierno sostuvo que “esa facultad (la delegación de atribuciones) era inconstitucional y sólo podía interesarle a un jefe de Gabinete que quisiera desvestir a los ángeles rebeldes para vestir a los ángeles obsecuentes”.

Fernández no demoró su respuesta. “Soy vehemente porque quien me pide que atienda el arte de gobernar, era ministro de Obras Públicas cuando los argentinos nos quedamos sin luz durante seis horas”, dijo en referencia a Terragno. Comentó que a diferencia del radical, él estaba orgulloso de su gobierno y que si estuviera en desacuerdo no esperaría un año para renunciar, “ni estaría esperando para escribir mis memorias como jefe de Gabinete”. A esa altura el debate se había desmadrado. López Arias reclamaba terminar la sesión en paz, mientras Pichetto repetía que “se dice cualquier cosa por las radios ya que con la legislación actual cualquiera pueda estar frente a un micrófono”. López Arias pedía calma y el radical Sanz le explicaba que Pichetto estaba enojado “porque yo dije que no tenía votos propios e iba prendido de los de Kirchner”. Palabras sobraron, enemigos identificados también, datos hubo en abundancia. El debate profundo bien intencionado y racional, estuvo ausente.

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El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, tuvo que esperar que el oficialismo cerrara filas.
 
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