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Los tantos no se suman

 Por Ariel Greco

Los goles de los goleadores no se suman, de la misma manera que tampoco se suma la habilidad de jugadores hábiles. Sin entendimiento ni complementación, esas virtudes, a veces, se traducen en una carga y terminan restando. Tal vez allí radique la verdadera tarea de un entrenador, por encima de la motivación, el armado del vestuario o el trabajo en la pelota parada: potenciar las virtudes de sus jugadores en función del equipo. Por eso, aunque los delanteros argentinos rompan los arcos de todas las ligas del mundo, por arte de magia esos tantos no van a traducirse en gritos de gol de la Selección Argentina si el equipo de Diego Maradona no tiene una idea clara de juego, si no se les da contención a las individualidades y si no se conforma una estructura que permita el lucimiento de los delanteros. Si no, que le pregunten a Messi...

“Sin trabajo, con tres chiquitos no podemos jugar”, dijo Maradona tras darse cuenta de que el tridente Messi-Tevez-Agüero no desplegaba todo el potencial que se esperaba. Más allá de la fórmula que se elija y de las características de los jugadores, es fundamental que los compañeros de ataque se complementen y trabajen uno para el otro. Y eso no implica que sistemáticamente se deba buscar a “uno por afuera y otro por adentro”, una dupla del estilo Barros Schelotto-Palermo o Fernández-Silva en el último Banfield campeón. Bien abastecidos, pueden convivir dos “tanques”, como eran el Turu Flores y Omar Asad en el Vélez campeón de Bianchi, o dos chiquitos, como Romario y Bebeto en el Brasil que obtuvo el título del mundo en Estados Unidos ’94. Ahí debería aparecer la mano del entrenador para potenciar a los jugadores que tiene y elija.

La suma de goleadores no es nueva en el fútbol argentino. Ya Alfio Basile tenía a Batistuta y Balbo en su esplendor con 50 goles por temporada entre los dos en la Liga Italiana y nunca pudo explotarlos al máximo en la Selección, más allá de su búsqueda de hacerlos convivir. Años después, el mismo “problema” se planteó con Bati y Crespo, aunque primero Daniel Passarella y luego Marcelo Bielsa optaron por uno de los dos y esporádicamente los hicieron jugar juntos. Y, obviamente, sus goles no se sumaron. En cambio, sí lograron hacerlo Chile y Brasil, con sus inolvidables Sa-Za (Salas y Zamorano) y Ro-Ro (Romario y Ronaldo), con goleadores de características parecidas.

Por eso, el desafío para Maradona pasa por trasladar el excelente momento de los delanteros argentinos por el mundo a la Selección, con un equipo que los proteja, los asista y les permita brillar como en sus clubes.

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