EL MUNDO › OPINION

Candidato sin pecado original

 Por Washington Uranga

El 13 de marzo próximo se celebrarán las elecciones en Italia, pero los italianos residentes en el exterior ya están votando por correo y tienen tiempo hasta el día 9. Por correo también los italianos o los ítaloargentinos residentes en nuestro país están recibiendo en estos días en sus domicilios una carta firmada por el propio Silvio Berlusconi con el pedido de votar por Esteban Caselli como candidato a senador en la repartición electoral de América del Sur. Según afirma Berlusconi, Caselli “nos viene acompañando desde hace muchos años sin nunca haber ocupado cargos legislativos y, a diferencia de algunos otros dirigentes de las comunidades italianas de América del Sur, que han aprovechado este espacio para fines personales y pasarse a la fuerza contraria, Caselli ha permanecido leal a sus ideales y principios”.

Está claro que Silvio Berlusconi considera a Caselli como un ciudadano de convicciones firmes, hombre “de la primera hora” en sus filas, y un “amigo” al que le demuestra su agradecimiento porque ha “decidido sumarse a nuestra propuesta”. En un folleto que acompaña la carta enviada a los votantes, el propio Caselli dice que “proponemos una fuerte renovación de personas, estilos y propuestas”. El ex funcionario menemista y embajador de la Soberana Orden de Malta quiere que la colectividad italiana le permita seguir sumando representaciones para avanzar en la renovación de la política. En su favor argumenta, en un folleto en el que aparece fotografiado junto a Berlusconi y al papa Juan Pablo II, que “no estamos viciados por las componendas ni por compromisos de cúpulas que han buscado perpetuarse en el poder más que cumplir con lo que prometieron a sus electores”. Además de autoelogios para sí y loas a Berlusconi, el folleto contiene propuestas electorales, pero –seguramente porque no corresponde– ningún antecedente político de Caselli en la Argentina ni menciones acerca de sus relaciones con el poder en este país.

“Il popolo della libertà” es el nombre de la agrupación que postula a Caselli. Se trata –asegura– de un “grupo nuevo” integrado por “personas que provenimos de la sociedad civil, fuertemente compenetrados con las preocupaciones y las demandas de los ciudadanos italianos que habitan en nuestra región”. Toda una carta de presentación para quienes pretenden llegar al gobierno de Italia “para revertir la calamitosa situación económica, social y política que nos deja la administración de Romano Prodi”. Aunque no se menciona expresamente, seguramente Caselli podrá aportar para ello la experiencia adquirida por su participación en la gestión de Carlos Menem y también los contactos de negocios desarrollados con el entorno del fallecido empresario Alfredo Yabrán. Eso sin contar sus nexos con el Vaticano. En este último caso, aunque su amigo el cardenal Angelo Sodano ya no ocupe cargos de relevancia en la Santa Sede, Caselli sigue contando con conexiones que seguramente pueden ayudar también a Berlusconi en una eventual gestión, entre ellos el cardenal argentino Leonardo Sandri.

El frenesí de Caselli es grande si se juzga por sus propias palabras. En su invitación a los votantes les pide a los italianos residentes en América del Sur “que se sumen con optimismo y alegría a esta propuesta que, por ser nueva, no arrastra los vicios del pasado ni los fracasos de la gestión”. Casi podría decirse que con pasaporte italiano –que es el que usará en este caso– Caselli está libre de todo antecedente y es un candidato inmaculado y libre de pecado original.

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