EL PAIS › EL ESPAÑOL PASO DE ROSARIO A BUENOS AIRES, INVITADO POR EL JEFE DE GOBIERNO

Aznar, el huésped de honor de Mauricio

Abrió la Legislatura un sábado para darle un diploma especial, cubrirlo de elogios y escucharlo sonriente. El encuentro fue organizado por el liberal Jorge Triaca, hijo del ex ministro de Trabajo de Menem, e inauguró un encuentro ideológico para jóvenes.

 Por Werner Pertot

Parecen cortados por la misma tijera. José María Aznar y Mauricio Macri vestían un traje casi igual y tendrían un mismo bigote característico si el ex presidente español no se lo hubiera afeitado. El Jefe lo recibió en la Legislatura y lo declaró huésped de honor de la Ciudad de Buenos Aires, con los tambores de fondo de las manifestaciones de repudio (ver aparte).

El ingeniero se mostró comprensivo con los productores agropecuarios, aconsejó a los vecinos caceroleros que se dediquen a la política y deslizó que “en este país hay algunos que están pegados con la gotita” al cargo.

El líder de PRO congregó en Buenos Aires a varias de las luminarias de la derecha internacional que habían participado del seminario en Rosario, financiado por la multinacional del acero Arceror Mittal (dueña aquí de Acindar), por buena parte de la banca privada del país y por la agroexportadora Cargill, entre otros. El encuentro entre los dos referentes de derecha fue el puntapié de un segundo seminario neoliberal para jóvenes, que fue organizado por la Fundación Pensar, que dirige Jorge Triaca, el hijo del ex ministro de Trabajo de Carlos Menem.

El Salón Dorado de la Legislatura brillaba como nunca, repleto de jóvenes muy paquetes (mucha joya, mucho vestido plateado) y señoras arregladas para la ocasión. En primera fila se sentó la ultraconservadora Esperanza Aguirre, una de las herederas de Aznar en el Partido Popular y una acérrima partidaria del Vaticano. Junto a ella, en su silla de ruedas motorizada, esperaba el titular de Control Comunal, Federico Young, quien solía organizar conferencias con la activista procastrense Cecilia Pando para pedir que se juzgue al “terrorismo subversivo”.

Macri y Aznar entraron a la par. Los seguía una cohorte de señores de traje negro, entre los que se destacaban el ex presidente de Bolivia Jorge “Tuto” Quiroga, el ex subsecretario de Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos Roger Noriega y el ex titular de PAN Mexicano Manuel Espino. Todos iban detrás de la esperanza blanca argentina.

Como dos viejos amigos, Aznar y Macri alternaron bromas sobre las manifestaciones de repudio que se escuchaban afuera.

–Macri convoca no sólo oyentes sino a los manifestantes, que no se sabe contra quiénes gritan –dijo Aznar, entre risas del público.

–Aznar peca de humildad. Esos muchachos enfervorizados vinieron a darle la bienvenida al señor. No descrea de su poder de convocatoria –le contestó Macri.

El español hizo un discurso mucho más lavado que el que se escuchó en Rosario, que había estado cargado de alusiones a los “enemigos de la libertad”, de llamados a la unidad de la derecha y de respaldos para el colombiano Alvaro Uribe. “Sé que no soy políticamente correcto y no me importa nada”, reconoció Aznar. “Cuando escuchéis a un dirigente político que se queja del poder, no le hagáis caso”, recomendó el ex mandatario, y algunas miradas se posaron divertidas en el jefe de Gobierno.

Macri lo miraba embelesado, la sonrisa partida por su mano sobre el mentón. Cuando Aznar dijo que “nada es más gratificante que ser presidente de tu país”, se extasió. El jefe de Gobierno se dio vuelta y elogió, junto al vicepresidente primero Diego Santilli, las dotes oratorias de Aznar, algo de lo que todavía él tiene que aprender. Quizás inspirado por el ejemplo, el Jefe habló esta vez sin leer, y casi, casi sin trabarse.

Luego de tirarse flores con el invitado ilustre, le dedicó un párrafo al conflicto del campo. “Justo en estos días estamos viendo en la Argentina la impotencia que llevó a sectores a un tipo de participación, aunque no es la participación institucional que queremos”, dijo, en una leve crítica a los cortes de ruta. Pero en plan de darles aliento a los agricultores, se mostró comprensivo, como nunca fue con las manifestaciones callejeras en la ciudad o con los cartoneros. “Vemos la angustia de los chacareros a los que no se les da confianza”, aseguró Macri, retomando una frase de Aznar sobre la “confianza en el país, la seguridad jurídica” y otras entradas del diccionario del buen neoliberal. De fondo, se oían, ininteligibles, las consignas de la izquierda, que protestaba por la presencia del ex presidente español que mandó tropas a Irak.

El líder de PRO consiguió combinar un elogio abierto a Aznar con una crítica encubierta que pareció destinada a los Kirchner. “Coincido con el inusual ejemplo de Aznar, que se retiró a tiempo y no esperó que lo echaran”, lanzó. “Eternizarse en el poder, sea en un club de fútbol, en un sindicato o en una presidencia, lleva a malas costumbres. Uno pierde la paciencia. Trata de que las cosas funcionen, que la gente entienda, pero termina tolerando demasiado”, señaló Macri, quien elogió a Estados Unidos porque “tiene gente que rota entre la política, la universidad y el sector privado”. Al aplauso se sumó el ministro de Economía, Néstor Grindetti, ex gerente del Grupo Macri.

Entre abrazos, Aznar recibió la distinción de su “querido amigo” Macri, en contraste con la declaración de visitante no grato que se ganaron sus amigos en Rosario. Aznar salió con el diploma de huésped de honor bajo el brazo, esquivó las cámaras y subió raudo a su convoy de autos de vidrios polarizados, que partieron a toda velocidad por la peatonal de Perú. Un hombre con acento español alcanzó a gritarle “eres la vergüenza de España”, pero ya se había esfumado.

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Jefe de Gobierno y ex presidente español, abrazados ayer en la Legislatura porteña.
Imagen: DyN
 
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