EL PAíS › DEBATES, BRONCAS, ASADO Y VISIONES EN GUALEGUAYCHU

La asamblea más dura

El debate de anoche en la ruta mostró intransigencia. Se habló de cortar trenes y hasta se le propusieron negocios a la Presidenta. Moyano, el nuevo “afiliado” al sector agrario.

 Por Emilio Ruchansky

Desde Arroyo El Sauce

Imagen: Bernardino Avila

“Muchos compañeros quieren marchar a Plaza de Mayo. Vamos a pedir que nos den un turno para ir, sin ser molestados”, deslizó Alfredo de Angelis durante la asamblea de anoche, en la ruta 14. “No sé con quién tenemos que hablar, si con D’Elía o la

Presidenta, alguien tiene que tener autoridad”, agregó el líder de la Federación Agraria que, por las dudas, avisó que era un chiste. “No hay que generar rencor ni odio”, repitió varias veces. Por ese motivo, y para que se enfríen los ánimos, pidió que se examine recién hoy un “gesto humanitario” para dejar pasar, al menos, la leche.

“Se tomaron dos días de franco ellos, nosotros no”, continuó el dirigente. “Ni para el trabajo. Nunca nos tomamos franco, ni el primero de mayo”, gritó orgulloso alguien en la oscuridad antes de la ola de aplausos. De Angelis volvió a pedir que la situación se retrotraiga al 10 de marzo, antes de la suba de las retenciones, para empezar a negociar y aclaró que si se tira comida, si continua el desabastecimiento, “es por culpa del Gobierno”. También se mencionó el caso de los productores del Chaco, invitados a dialogar con el gobierno provincial y golpeados “por una patota cuando iban en camino”, contó el dirigente.

La única decisión que se tomó anoche durante la asamblea fue liberar el paso a los transportes internacionales que van en dirección a la Capital Federal hasta mañana a las 8 y a los que vuelven hasta el martes a las 12. No podrán pasar si traen alimentos. “En Concordia dicen que se nos está escapando el tren, en cualquier momento vamos a cortar las vías”, propuso otro dirigente desde la camioneta que oficia de palco. La idea fue recibida con gritos cuasi guerreros. La demostración de fuerza siguió con las adhesiones al corte recibidas de pueblos cercanos y localidades remotas en otras provincias. “Algunos productores están dispuestos a no sembrar trigo si no hay reglas de juego claras. Vamos a tener que importar trigo si seguimos con esta política”, amenazó De Angelis.

Luego del pedido de los medios de prensa “por cuestiones de logística”, la asamblea planeada para hoy a las 10 pasó al mediodía: además del tema leche “para los niños”, se tratará la situación de los camiones cargados de madera. Hubo un pedido de los productores para trasladar el corte más cerca de Gualeguaychú con el fin de “fortalecerlo”. Fue rechazado de inmediato.

Por si las moscas

“¿Para qué me ponen eso?” preguntó el camionero al ver a dos jóvenes moviendo la rastra de metal, que normalmente se usa para remover la tierra, con los dientes mirando al cielo.

“Para que no se mueva.”

“Yo no soy idiota, ni que tuviera un Fórmula 1”, protestó.

Era la primera mosca que caía en la telaraña, promediando el mediodía. Miguel Flores venía de Brasil cargado de tabaco y había pasado el puesto de Gendarmería que, un kilómetro antes del corte, previene a los transportistas de la medida de fuerza dispuesta en la madrugada de ayer. “No pensé que me iban a parar por traer tabaco”, reconoció el hombre, mientras estacionaba el camión sobre la banquina, “crucé en Chajarí y en Concordia sin problemas, les dije que traía tabaco de exportación”.

Ni el vicio pasaba los estrictos controles del corte del Arroyo El Sauce. Apostados bajo el sol aplastante vestidos con zapatos, bombachas, camisa y sombrero, los productores pedían papeles de la mercadería a todo camión que se precie. Cada vez que dejaban pasar uno vacío, lo alertaban: “Decile a tu jefe que no cargue nada, si no se pudre”. Por las dudas, revisaban algunos acoplados por si escamoteaban comida. Es que más temprano circuló un dato que alimentó el ego del piquete: el aumento del precio de las milanesas en capital y Gran Buenos Aires (pasó de 12 a 22 pesos el kilo).

Pero el paro rural también tuvo su frente interno porque, tranqueras adentro, los peones siguen trabajando en las plantaciones, tambos y corrales. Por eso, fueron escuchados los ruegos de un camionero que llevaba maíz para sus pollos que se le morían de hambre. El transportista de tabaco que se quedó varado en el corte se comunicó con su esposa, Marta, para avisarle que dormía en la cucheta del camión. Los paisanos le ofrecieron asado pero Miguel Flores prefirió caminar un rato mientras la sombra de su acoplado se agigantaba y la gente arrimaba las sillas cerca suyo, para protegerse del sol.

Las apuestas

El grupo, compuesto por chacareros y productores, pasó la tarde sacándose el cuero al lado de la parrilla, improvisada sobre el matorral. Se hablaba de la bicicleta financiera de los que alquilan campos, del aumento del fertilizante y, por supuesto, de las negociaciones con “esa mujer”. Nadie quiso dar su nombre, salvo Héctor Mario Fiorotto, que pedía que alguien tomara nota: tenía un negocio para la presidenta Cristina Fernández.

“Le doy las 200 hectáreas de soja que tengo a punto de trillar para que las coseche y la venda, a cambio le pido la plata que ella recaudaría en impuestos por esa misma cosecha”. La propuesta, juraba el hombre, “cierra por todas partes”. De los 3000 pesos netos que ganaría por hectárea, aseguraba, 1400 pesos se van al Gobierno (“sin sumar el IVA, Ganancias y costos de flete”). A medida que avanzaba las charla, sus colegas inflaban el papel de la economía del campo. “Sin el agro no hay nada”, coincidían. “Todos los camioneros, mal que bien, viven del transporte de nuestras mercaderías o de los insumos que precisamos”, exageró uno, el más empilchado del grupo.

“El problema es que el que apuesta al campo pierde”, se amargó Fiorotto, mirando en dirección a las 4x4 estacionadas, tan relucientes que parecían recién salidas de una concesionaria. “Yo me podría haber comprado una de esas –comentó–. Hace dos años me ofrecieron una Toyota, modelo 1985, a 25 mil pesos y tenía la plata. Pero decidí quedarme con la mía (que es una camioneta del 76), me jugué todo y alquilé un campo. Planté soja, no llovió y tuve que vender la camioneta para pagar el alquiler”.

Héctor es el único de ocho hermanos que continuó la tradición familiar. “Uno trabaja en la radio, otro es mecánico, todos andan bien menos yo”, se quejó. Su padre era tambero y tenía 60 hectáreas. “Con eso nos alimentó y pagó los estudios. Hoy, con diez hectáreas no te alcanza ni para mandar a los chicos al colegio”, afirmó Fiorotto, que trabaja con la cooperativa rural de Urdinarrain. “Ya no hay espacio, ves los campos y están llenos de taperas porque la gente tuvo que vender todo y mudarse para el pueblo”, llegó a decir antes de que lo interrumpiera un productor.

“No se haga mala sangre, las cosas son así –le aconsejó–. No hagamos como el Gobierno, que habla del pasado, de la dictadura y no de lo que está pasando ahora”.

Buenos vecinos

Los camioneros de Hugo Moyano dejaron Ceibas el viernes pasado y ayer los rumores crecían. “Saquearon un supermercado y violaron una chica”, fue el primero que llegó. Al rato, apareció un papel impreso titulado “Noticias para el sector agropecuario”, donde un tal Ariel Nicolás Martella de Bahía Blanca aseguraba que “el simpatiquísimo y agradable Hugo (Moyano) acaba de adquirir la emblemática estancia San Ignacio a la familia de Naón Pirovano, en el partido de Henderson (cerca de Paraná)”. El lugar, según el autor del escrito, tendría más de mil hectáreas y valdría cuatro millones de dólares.

“Esperamos que a partir de ahora defienda nuestros intereses en las reuniones de gabinete –expresó Martella–, pronto lo recibiremos con los brazos abiertos en la Sociedad Rural y en Coniagro”. A medida que se difundía esta información, aparecían los comentarios, siempre anónimos, de la gente. La provincia en la que el finado Alfredo Yabrán poseía 150 mil hectáreas, también apaña, dijeron las malas lenguas, al ex titular de la Side, Hugo Anzorreguy, que habría comprado 3 mil hectáreas. “Si tenés 2 mil no estás acá en el piquete, eso seguro”, dijo un productor mediano, quien reconoció que gana bien. “Sí, ¿Y cuál es el problema? Si nosotros invertimos en la Argentina –aseguró el hombre–, no como los pools de siembra o los grandes exportadores que no sabemos quienes son, ni de dónde sacan la plata para alquilar los campos que manejan.”



Las opiniones

El debate sobre el lockout agropecuario de estas páginas continúa en el suplemento Cash, donde opinan y escriben Aldo Ferrer, Alfredo Zaiat, Marcelo Zlotogwiazda, Claudio Scaletta, Diego Rubinzal, Javier Rodríguez, Juan Iñigo Carrera y Axel Kicillof.

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