EL MUNDO › OPINION

Agarrate Catalina

 Por Martín Granovsky

Pepe Mujica ya comparte con Ricardo Lagos y Lula un lugar en el museo de caricaturas que dibuja el establishment argentino: el de un señor inofensivo que, por suerte, no cambiará nada y sólo se diferencia de los demás en matices insignificantes. En esta caricatura, Lagos representaba la continuidad de una supuesta política de Estado en Chile, Augusto Pinochet incluido, y Lula sería la complementación un poquitito más progre de los ocho años de gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

El sueño neoliberal es siempre conseguir un Carlos Menem, el líder de un movimiento popular que tiene los votos de su lado y la legitimidad de origen suficiente para romper con todo atisbo de Estado de bienestar.

La lectura de ese sueño comenzó con el discurso de Mujica en el Conrad, ante empresarios argentinos. Quedaron en el recuerdo una promesa, dos presencias y una conclusión. La promesa: “Acá no te vamos a expropiar”. Las presencias: los ex presidentes Luis “Cuqui” Lacalle (blanco, contemporáneo cronológico de Menem, salvo que no tuvo el consenso suficiente para privatizar el agua) y el colorado Julio María Sanguinetti. La conclusión: “Mujica quiere que todos estén juntos y no quiere destruir lo que otros partidos hicieron antes”.

La continuación del sueño siguió con el discurso de Mujica el lunes 1º de marzo. Al ser consagrado presidente dijo que “necesitamos la colaboración de todos los sectores, ricos, pobres y los del medio” y agregó que “necesitamos gente que invierta y le tenemos que dar garantías porque va a invertir si tiene seguridad y tranquilidad”.

Pero, ¿tiene algo que ver con la realidad esa caricatura de un Mujica menemizado?

La sensación es que se trata de un Pepe trunco. Mejor completarlo:

n Al leer el discurso de Mujica junto a la estatua de José Artigas, aparecen los dos objetivos de “unidad nacional y concepción latinoamericana”.

n Mujica también dijo pertenecer a una generación “de los que quisimos tocar el cielo con la mano, desesperados de amor por las tragedias de nuestro pueblo”. Fue parte de un “duro aprendizaje” sobre que progresar implica “una larga acumulación” fruto del “trabajo disciplinado de los hombres y las sociedades”.

n El Estado debe tener capacidad de asociarse y fundar cosas, para que una clase media ahorrista llegue a una estatura empresaria. El cooperativismo es una vía.

n “Nuestras sociedades son de dos velocidades. Hay un mundo que cuando económicamente progresamos recoge los frutos de ese progreso, pero hay otro mundo que por marginación o atraso cultural comienza a quedar al costado del camino.”

n “El compromiso del gobierno que nace hoy es barrer la indigencia y disminuir la pobreza en un cincuenta por ciento.”

n “No al odio, no a la bronca, no al escepticismo, no al no se puede, no a ese crónico criticismo de que agarramos el huevo y le damos vuelta y vuelta y le encontramos el pelo.”

n “El sujeto del cambio sos vos, pueblo querido.”

n “Derrotados son sólo aquellos que dejan de luchar.”

Para quienes crean que las de Pepe son palabras etéreas, va el dato de que mientras Mujica estrenaba la Presidencia, el Frente Amplio intensificaba la campaña para jefaturas de departamento y alcaldías que se votarán en mayo.

Tanto el proyecto de consolidar el poder territorial frentista como el de neutralizar la virulencia de los adversarios tienen sus motivos.

Uno, que nadie en América latina puede emprender reformas profundas sin perder de vista la acumulación política constante, tanto en la fuerza propia como la que surge del diseño de alianzas necesarias y refrescantes.

Otro, que al revés de Tabaré Vázquez en 2004, Mujica ganó en segunda vuelta, no en primera, tras una campaña macartista en su contra en la que participó Sanguinetti. Por lo tanto su necesidad de sustentación es aún mayor. Así ocurrió con Lula en 2002 y 2006, y con Néstor Kirchner tras el 22 por ciento del 2003.

Y el tercer motivo es que Sudamérica vive una rareza. No hay un nombre para ponerle a la etapa que comenzó con la victoria de Lula 2002. ¿Reforma? ¿Socialdemocracia? ¿Populismo? ¿Populismo reformista socialdemócrata? ¿Nada de eso? Hasta ahora se habla de posneoliberalismo. Académicos del mundo, uníos para buscar una categoría. Lo cierto es que la región abrazó la idea de un Estado como defensor y aliado de los más pobres mientras el resto del universo denostaba ese proyecto. Todavía hoy, con el mundo en crisis, la lógica basada en el mercado salvaje sigue en pie y América latina no está vacunada contra el riesgo de virar hacia una ola que privilegie el orden sobre la justicia. Mujica no desprecia el orden, pero está claro dónde pone el acento. Por eso se mueve con criterio amplio y mucho cuidado.

Hay más datos sobre Uruguay si uno escribe “Civilizando al Pepe” en el YouTube y mira entera la maravilla que creó la murga Agarrate Catalina. Una ayudita: el personaje que muestran al final se parece mucho a Lacalle.

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