EL MUNDO › TRAS EL DRáSTICO AJUSTE PRESUPUESTARIO DE UNOS U$S 130 MIL MILLONES

Rumores de divorcio en el gobierno británico

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Con un año de coalición a cuestas, el matrimonio entre conservadores y liberal demócratas sigue en pie, pero hay cada vez más desavenencias y rumores de divorcio. La postal feliz de mayo pasado, cuando en una conferencia de prensa conjunta el primer ministro David Cameron y el liberal demócrata Nick Clegg presentaron en sociedad el acuerdo “histórico”, pertenece a un nostálgico pasado. En aquel momento, Cameron advirtió que habría diferencias y conflictos en esta “nueva forma de hacer política”. El referendo sobre el sistema de votación y las elecciones municipales del cinco de mayo han dejado en claro que esas “diferencias” pueden terminar en un abismo que se devore la coalición.

El eje central de la coalición ha sido un drástico ajuste presupuestario de unos 130 mil millones de dólares anunciado el año pasado para eliminar el déficit fiscal de acá a 2015. El ajuste no ha dejado títere con cabeza. El gobierno encaró una profunda reforma del Estado de Bienestar, el sistema nacional de salud, la educación, la policía y los municipios: la misma BBC ha sufrido el implacable hachazo de la coalición. Según el gobierno el proyecto es reformular el rol del Estado estimulando la participación del sector privado y la sociedad civil. Según sus críticos, se trata de un intento privatizador que hace empalidecer al thatcherismo de los ’80. Más allá del debate, una cosa está clara: el celo reformista ha tenido su impacto en la coalición.

Las grietas aparecieron con las multitudinarias protestas contra la reforma que autorizó a las universidades a triplicar las matrículas a partir del año próximo. La promesa que había formulado el viceprimerministro Nick Clegg durante la campaña electoral de eliminar las matrículas se convirtió en la soga de su linchamiento público: su credibilidad cayó por el piso. A fines de marzo medio millón de personas se manifestaron en el centro de Londres contra la política económica del gobierno. En un país que tuvo su última huelga general en 1926 y que se lo piensa mucho antes de volcarse a las calles, era una clara muestra de rechazo. Pero el precio político lo están pagando mucho más los liberal demócratas que los conservadores.

En las elecciones municipales del 5 de mayo, los tories aumentaron su número de concejales, mientras que los liberal demócratas sufrieron una devastadora paliza. Peor aun para el partido de Nick Clegg los votantes rechazaron ese mismo día en un referendo la reforma del sistema de votación que había sido una de las principales razones para formar la coalición. En la campaña del referendo ambos partidos se acusaron de todo: desde usar los métodos propagandísticos de Goebbels hasta ser epítomes de despilfarro e incompetencia. El jueves Cameron y Clegg intentaron mostrar un frente unido, pero hay claras señales de estancamiento en las reformas: la del Servicio Nacional de Salud podría ser la primera en archivarse. En cuanto a la supervivencia de la coalición, mucho dependerá de la economía que sigue sin dar señales de vida: en el primer trimestre tuvo un crecimiento anémico del 0,7 por ciento. El panorama es sombrío. Esta semana el Banco Central de Inglaterra bajó sus proyecciones de crecimiento para este año. Peor aún, el programa de ajuste apenas ha pasado la etapa del anuncio: el cálculo oficial es que en los próximos cuatro años se perderá medio millón de empleos estatales con su impacto en el consumo, la recaudación y el déficit fiscal.

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Clegg, cerca del divorcio.
Imagen: AFP
 
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