EL MUNDO › WASHINGTON Y LA HABANA AVANZAN CON DIFICULTADES EN LA NORMALIZACIóN DE LA RELACIóN

Un año de deshielo pero con mucho frío

Aunque Castro cuestiona el bloqueo y reclama indemnizaciones, y Obama pide reparación por las confiscaciones de propiedades, hay algunas señales positivas: acuerdos de cooperación y el restablecimiento del servicio de correo.

 Por Gustavo Veiga

A un año del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, la noticia es que los dos países avanzan con dificultades en las negociaciones y la normalización plena del vínculo todavía se ve muy lejana. Los casi 57 años de recelos mutuos y de la inexistencia de diálogo directo todavía se hacen sentir. La relación bilateral está en una fase de aprendizaje y la desconfianza entre los dos gobiernos no es fácil de desmontar.

El gobierno de Raúl Castro cuestiona el mantenimiento del bloqueo, con la contradicción que eso conlleva en el nuevo escenario. Incluso, con una votación tan reciente como aplastante en la ONU en que EE.UU. votó a favor de esa medida solo acompañado por Israel (191 votos a 2). Del otro lado, al bloqueo se lo llama embargo –la diferencia es clave, ya que según el derecho internacional el primero es un acto de guerra– y se insiste con el avance “en el terreno de los derechos humanos”, como acaba de sostener Jeffrey De Laurentis, el encargado de Negocios de la embajada estadounidense en La Habana. Para Josefina Vidal, directora del Departamento Estados Unidos de la Cancillería cubana, no se avanzó, además, en la ocupación ilegal del territorio en la base naval de Guantánamo y el mantenimiento de una política migratoria preferencial para los ciudadanos cubanos, entre otros temas.

El 17 de diciembre de 2014, los presidentes Obama y Castro anunciaron que se reanudaban las relaciones diplomáticas entre los dos vecinos. El 21 de enero de este año, se concretaban las primeras conversaciones entre los gobiernos en la capital de la isla. En febrero, los cubanos devolvieron la visita y a esa altura ya se había avanzado en cuestiones migratorias, la reapertura de embajadas y un tema crucial: que Estados Unidos sacara a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. La medida recién se oficializó el 29 de mayo.

En abril, los dos presidentes habían dialogado por espacio de una hora y 20 minutos en la Cumbre de las Américas de Panamá. El de julio sería un mes simbólicamente trascendente, porque el 20 se reabrió la sede diplomática de Cuba en Washington. En agosto, John Kerry, el secretario de Estado norteamericano, presidió la ceremonia en que se izó la bandera de su país sobre el malecón habanero. Las dos embajadas ya funcionaban a pleno.

Así se fueron moviendo las piezas sobre un tablero dinámico, donde si bien hubo progresos en ciertas cuestiones, en otras son notorias las diferencias. La política migratoria es una de ellas. Cuba rechazó “categóricamente” el 8 de este mes, las acusaciones de EE.UU. sobre que impone restricciones a la salida de sus ciudadanos. La imputación surgió de la SINA (Sección de Intereses de Estados Unidos en la isla). “Las autoridades norteamericanas mienten deliberadamente”, respondió su equivalente, el jefe de la Sección de Intereses de La Habana en Wa-shington, Dagoberto Rodríguez.

Lo curioso es que en los primeros tres meses del nuevo status quo, aumentó la cantidad de cubanos que ingresaron a EE.UU. un 118 por ciento con relación a 2014. Fueron 9371 en total. El gobierno de Castro se queja de que continúa vigente el status preferencial para la inmigración cubana que viaja de manera ilegal, los llamados “pies secos”. Y además, de que se rechazan visas al por mayor, que tienen un valor de 160 CUC (la moneda convertible de la isla) o su equivalente, 195 dólares. Se conocen denuncias de que ocurrió en uno, dos y hasta tres casos con la misma persona que debe pagarla otras tantas veces.

Para blogueros de la Revolución, como el periodista Iroel Sánchez –la contracara de Yoani Sánchez–, “es posible que uno de los propósitos del gobierno estadounidense con la negativa de visas sea provocar que los viajes ilegales aumenten. No es lo mismo decir que Cuba dejó salir un número de personas que no tuvieron problema para viajar a Estados Unidos en las líneas aéreas que cubren la ruta, que decir que han llegado varios grupos de inmigrantes ilegales en botes, lanchas y otros vehículos, que vienen huyendo del comunismo”.

La contrapartida fue una declaración de la SINA, que señaló que le había sido “imposible en este año fiscal (que termina en septiembre) emitir 20.000 documentos de viaje a cubanos. El gobierno de Cuba ha puesto restricciones irrazonables al trabajo”.

Aunque el nudo de la política migratoria no es sencillo de desatar, ni tampoco temas cruciales como la devolución de la Base de Guantánamo, las indemnizaciones que se reclaman ambos gobiernos –EE.UU. por las confiscaciones de propiedades a comienzos de la Revolución, Cuba por los graves perjuicios del largo bloqueo– o los cambios políticos que pretende Obama para su vecino, hay algunas señales de que se camina hacia la normalización.

El encargado de Negocios De Laurentis le dijo a la BBC en una entrevista reciente: “Diría que hemos logrado bastante progreso en una variedad de áreas: un acuerdo de la aviación civil, restablecer el servicio de correos, antinarcóticos, acuerdos de cooperación... hemos firmado dos en el área ambiental. Quizás ninguno hizo titulares, pero todos ellos son muy prácticos y pasos muy útiles de avance”.

Optimista, la cubana Vidal dijo en una conferencia de prensa que se realizó en La Habana por el aniversario de la reanudación de relaciones que “en el plano político, diplomático y de la cooperación bilateral se han registrado progresos importantes”. Para la funcionaria “la clave del éxito de todo este proceso está en el respeto en todos los intercambios y negociaciones que están teniendo lugar”.

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En abril, Castro y Obama dialogaron una hora y veinte minutos en la Cumbre de las Américas de Panamá.
Imagen: AFP
 
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