EL MUNDO › FUE EXTRADITADO POR CRIMENES DE LESA HUMANIDAD

Fujimori quedó preso en Perú

Ayer fue trasladado desde su residencia en Chile hasta una cárcel peruana el ex presidente Fujimori. Allí deberá esperar su juicio por terrorismo de Estado y hechos de corrupción.

 Por Carlos Noriega

Desde Lima

Desde ayer, Alberto Fujimori, el ex presidente peruano que gobernó autoritariamente entre 1990 y 2000, y que huyó del Perú en medio de graves escándalos de corrupción para renunciar a la presidencia vía fax desde Tokio, se ha convertido en el reo Fujimori. Extraditado desde Chile, país al que había viajado sorpresivamente en noviembre de 2005, Fujimori quedó detenido en el cuartel de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales de la Policía (Dinoes), a la espera de ser juzgado por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Luego de un largo viaje de más de ocho horas desde su casa en Santiago hasta su prisión en Lima, el ex presidente pisó suelo peruano, después de siete años de estar prófugo de la Justicia, minutos después de las 4.30 de la tarde (6.30 de la tarde hora argentina) de ayer sábado. En el cuartel de la Dinoes lo recibieron el ministro del Interior, Luis Alva, y la ministra de Justicia, María Zavala, así como funcionarios judiciales.

Cuando todos esperaban al avión Antonov de la Policía que traía a Fujimori en la Dirección de la Policía Aérea (DIPA), ubicada en el puerto del Callao, al norte de Lima, la nave apareció en la Base de la Fuerza Aérea de Las Palmas, al sur de la capital peruana. Algunas decenas de simpatizantes fujimoristas, acompañados de congresistas de esa agrupación, que se habían movilizado hasta la DIPA respondiendo a la convocatoria hecha por la parlamentaria Keiko Fujimori, hija del ex presidente, se enfrentaron a la policía en su intento de llegar hasta la base policial. Hicieron algunos destrozos en las calles, quemaron llantas, lanzaron arengas a favor de Fujimori, pero era un grupo reducido y fue rápidamente dispersado por los efectivos policiales. Los congresistas fujimoristas sí pudieron ingresar a la base policial para esperar a su jefe, pero éste nunca llegó a ese lugar.

Las autoridades peruanas se mostraron muy preocupadas en proteger a Fujimori de las cámaras, evitando que fuera captado por éstas en su condición de detenido. Solamente se lo pudo ver, desde muy lejos, una fracción de segundo en el momento en que bajaba del helicóptero que lo trasladó desde la Base Aérea Las Palmas hasta el cuartel de la Dinoes y daba el paso que lo separaba de la camioneta de vidrios polarizados que lo esperaba para llevarlo al interior de las instalaciones policiales. Pero esa fugaz imagen fue suficiente para comprobar que Fujimori no estaba esposado, como suelen ser trasladados todos los detenidos. Vestía un largo abrigo negro. A la salida de su casa de Santiago se lo había visto llevando un pequeño maletín en la mano. El viernes, cuando se enteró de que sería extraditado, Fujimori se esforzó por lucir calmado ante los pocos medios a los que les concedió una entrevista. Pero al día siguiente, durante el vuelo que lo traía a Lima, los nervios lo traicionaron. En el avión se comenzó a sentir mal y le bajó la presión. Cuando la nave tocó suelo peruano durante una escala en Tacna, ciudad fronteriza con Chile, se tuvo que pedir un tubo de oxígeno para atenderlo.

Las condiciones de la prisión de Fujimori no son, precisamente, muy duras. Se le ha acondicionado un ambiente especial en el cuartel policial, donde tendrá a su disposición una habitación, una sala para recibir a sus visitas y un baño. El cuartel tiene canchas de fútbol, una piscina olímpica, gimnasio y sauna. Según el ministro del Interior, Luis Alva, Fujimori permanecerá en ese lugar unas tres semanas, mientras se termina de acondicionar una cárcel para recibirlo en un espacio de 250 metros cuadrados en el Centro de Estudios Criminológicos del Instituto Nacional Penitenciario. Frente a las voces que ya se han comenzado a escuchar diciendo que Fujimori, acusado de crímenes de lesa humanidad, está recibiendo un trato privilegiado, el ministro Alva respondió que “no hay privilegios, sino el trato que le corresponde a un ex presidente”. El gobierno de Alan García mantiene una relación muy cercana con el fujimorismo, cuya bancada parlamentaria se ha convertido en el principal aliado del oficialismo. Y en el Ejecutivo participan varios personajes cercanos al fujimorismo.

“El gobierno va a hacer todo lo posible por mantener el apoyo que tiene del fujimorismo; eso explica este trato preferente que está recibiendo Fujimori. Me parece que eso va a seguir así, por lo que no creo que en el corto plazo haya una ruptura entre el gobierno y el fujimorismo”, le señaló a Página/12 Fernando Tuesta, analista político y director del Grupo de Opinión Pública de la Universidad Católica. “El fujimorismo va a presionar muy fuertemente al gobierno para que no apoye activamente el proceso en contra de Fujimori, lo va a chantajear con su apoyo en el Congreso. Frente a eso, creo que el gobierno va a optar por mantenerse distante, como si el Estado no fuera parte de este juicio, para así tratar de no enemistarse con el fujimorismo”, señala, por su parte, el politólogo Carlos Reyna. Un adelanto de esas presiones se escuchó ayer, cuando el congresista fujimorista Carlos Raffo le advirtió públicamente al gobierno que “los vamos a seguir apoyando, pero si violan los derechos de Fujimori los confrontaremos”. Por ahora, los fujimoristas están contentos con el trato que el gobierno le está brindando a su jefe. Antes de ingresar a prisión, Fujimori virtualmente lanzó la candidatura presidencial de su hija Keiko para las elecciones del 2011. En su eventual victoria parece estar su esperanza de recobrar la libertad. “No creo que el fujimorismo tenga opción alguna de ganar esas elecciones. Este es el comienzo del fin del fujimorismo, porque ahora va a comenzar a desfilar ante la opinión pública toda la corrupción fujimorista”, señala Reyna.

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Fujimori aborda un helicóptero en Santiago para empezar el viaje de regreso a Perú.
Imagen: EFE
 
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