EL PAíS › CRISTINA KIRCHNER SE REUNIó CON EL LíDER LIBIO MUAMMAR KHADAFI Y COINCIDIERON EN LA NECESIDAD DE PROFUNDIZAR LOS LAZOS

Dos en busca de armar una alianza estratégica sur-sur

En el último punto de la gira por Africa del Norte, la Presidenta visitó al histórico líder de Libia y le propuso fortalecer el intercambio.

 Por Daniel Miguez

Desde Trípoli

“Cuando era joven mi generación se interesaba mucho en usted, y por entonces jamás me hubiera imaginado que iba a ser presidente y que iba a estar aquí hablando con usted”, le dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al líder de la revolución de Libia, Muammar Khadafi. Líder de la revolución no es una caracterización, sino el nombre oficial del cargo que detenta. Quizá por lo largo que es mencionarlo de ese modo o a lo mejor para romper el hielo, la Presidenta le preguntó si no lo molestaba que lo llamara simplemente Muammar. “No hay ningún problema, así es como me llama mi amigo Hugo Chávez”, respondió. Con ese tono comenzó la charla entre ambos jefes de Estado, que después se fue adentrando en temas económicos y políticos. Khadafi insistió en profundizar la alianza entre Latinoamérica y Africa “para enfrentar con más fuerza el futuro”.

La entrevista se hizo en una de las cinco carpas montadas en el parque de la residencia presidencial Bab Al Azizia. La espaciosa carpa, blanca por fuera y con arabescos verdes y dorados por dentro, era como las que utilizan los beduinos –los habitantes nómadas del Sahara–, un ámbito familiar para Khadafi, que nació en el seno de la tribu beduina Qadaffa (de allí su apellido).

La religiosidad de Khadafi, que el año que viene cumplirá 40 años en el poder (derrocó al rey Idris en 1969, cuando sólo tenía 27 años), obligó a suspender la reunión por unos 15 minutos. A las 19.15 el líder de la revolución se excusó ante la Presidenta y le dijo que tenía que salir a hacer sus oraciones en la mezquita del palacio. Cuando volvió de rezar, la charla siguió como si nada.

Khadafi, de 66 años, volvió a sentarse en su sillón junto a su canciller, Abderramán Mohamed Shalgam; a su primer ministro Al Baghdadi Alí Al Mahmoudi, y otros tres funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores del área de Latinoamérica. La Presidenta los había esperado junto a su comitiva, integrada por el canciller Jorge Taiana; los ministros de Planificación, Julio De Vido, y de Tecnología, Lino Barañao; el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, entre otros funcionarios.

Khadafi retomó el tema que evidentemente quería resaltar: el de una alianza estratégica Latinoamérica-Africa e incluso propuso crear una suerte de OTAN al revés, es decir que agrupe a los países del sur del planeta, a la que llamó SATO (South Atlantic Treaty Organization).

Khadafi, según las fuentes consultadas por PáginaI12, hizo hincapié en la importancia de la II Cumbre Africa-América del Sur, que debía realizarse la semana próxima en Caracas y fue postergada para el primer cuatrimestre del año que viene. La Presidenta coincidió en la importancia de fortalecer el vínculo sur-sur frente a la crisis generada por los países desarrollados del norte, un concepto que ya había planteado en Argelia, Túnez y Egipto, los tres países que tocó anteriormente en esta gira por el norte de Africa.

CFK también propuso a Khadafi fortalecer el intercambio entre ambos países, especialmente en agricultura, energía y ciencia nuclear. El jefe de Estado libio se mostró muy interesado y delegó en el canciller Shalgam y el primer ministro Al Mahmoudi avanzar en la concreción de los convenios marcos propuestos por Argentina.

En la charla se tocó el tema de las expectativas que despierta la próxima asunción de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Sobre este punto, Khadafi, según las fuentes consultadas por este diario, mostró un optimismo tan moderado que parecía más cercano al escepticismo.

Es que antes del paréntesis destinado a la oración, la necesidad de hacer una alianza sur-sur estaba planteada, entre otros factores, como un modo de defensa ante Estados Unidos. “Ya sabemos lo que son capaces de hacer”, dijo haciendo un ademán hacia la zona de la residencia donde están los restos del edifico bombardeado por la Armada de Estados Unidos el 15 de abril de 1986, en el que murieron 60 personas, entre ellas su hija adoptiva Hannah, de tres años.

Ese día el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, ordenó disparar misiles hacia las sedes gubernamentales con el objetivo de asesinar a Khadafi. Reagan sostenía que Khadafi estaba detrás de la bomba colocada días antes en una discoteca de Berlín que causó la muerte de un estadounidense. Como respuesta, desde portaaviones de Estados Unidos y Gran Bretaña apostados frente a la costa de Trípoli despegaron los aviones bombarderos que mataron a 60 civiles, entre ellos a la pequeña Hannah.

El edificio de dos plantas dentro de la residencia presidencial está destruido tal como quedó después del ataque y fue convertido en museo. Allí, entre otras cosas, pueden verse fotos de la matanza y la cuna destrozada de Hannah.

La Presidenta lo visitó luego de ser recibida por Khadafi con el protocolo habitual (himno, revista de tropas y saludo de las comitivas) y antes de que se entrevistaran. Para eso se trasladó en un carrito de motor eléctrico (como los que usan en los campos de golf o en las canchas de fútbol para atender a los futbolistas lesionados) acompañada por Nuri Mousmarí, jefe de protocolo y por el propio Khadafi.

“A las 2 AM, 170 aviones norteamericanos bombardearon la casa. Acá murió la pequeña Hannah”, dice un cartel al lado de la foto de la nena muerta.

“Ellos querían matar al líder de la revolución, a su familia, sabían todos los movimientos”, explicaba Mousmarí. También Khadafi intervino en un momento. “Mire esto, señora”, le dijo a la Presidenta señalando un agujero en la pared en un salón con paredes destruidas y escombros en el piso. Al terminar la recorrida por el museo, la Presidenta firmó el libro de visitas y dejó esta frase: “Impresionante y temible testimonio, con solidaridad ante el horror y el dolor por la pequeña Hannah”.

Antes, la Presidenta había puesto una ofrenda floral en el Monumento a los Mártires, ubicado en un cementerio que guarda los restos de los héroes de Libia, entre ellos los del padre de Khadafi.

Ambos jefes de Estado volvieron a verse a la noche en una cena de honor y esta tarde repetirán el encuentro, ya que Khadafi tiene la costumbre de entrevistarse dos veces con los presidentes que lo visitan. Anoche, en un gesto fuera de protocolo, el líder libio invitó a la Presidenta a pasar a su casa y le presentó a su mujer y a sus hijos.

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Khadafi llevó a Cristina Kirchner a recorrer la antigua residencia bombardeada por Estados Unidos en 1986.
Imagen: Télam
 
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