EL PAíS › CRISTINA DIJO COMO QUIERE QUE SE RECUERDE SU GOBIERNO

“Que la Argentina no sea el país del default”

En una entrevista por Canal 7 con Daniel Filmus, la Presidenta dijo que su administración trabaja para resolver la deuda, analizó la década del ’70 y criticó el desafío a Perón, habló de sus libros y su infancia y opinó sobre el Fondo y América latina.

 Por Martín Granovsky

Mira hacia la Plaza de Mayo y dice: “Desde este balcón habló Perón”. Y sonríe. Así termina la entrevista que el actual senador y ex ministro de Educación Daniel Filmus realizó con Cristina Fernández de Kirchner como cierre del ciclo de reportajes a presidentes latinoamericanos. La Presidenta narró aspectos de su vida y, cuando fue consultada sobre cómo querría que se recuerde su mandato, mencionó entre otros estos dos puntos: “La consolidación de la integración latinoamericana” y “el país que salió del default, un default que nuestro gobierno no produjo”.

La entrevista fue transmitida anoche por Canal 7. Con un diálogo en la Casa Rosada e imágenes de todo el país, glaciar Perito Moreno incluido, Cristina dijo al pasar que El secreto de sus ojos “no tiene fisuras” y que cuando la vio había comentado que debería ser nominada para el Oscar a la mejor película extranjera.

En el reportaje de Filmus, con firma de la productora Occidente, al ser consultada sobre el recuerdo que le gustaría dejar como Presidenta, Cristina nombró la palabra “transformar” y opinó que “nuestra pertenencia regional la consolidamos como política de Estado, porque era una mirada del ex presidente Raúl Alfonsín que luego fue abandonada”. También destacó el cambio en la relación con el Fondo Monetario Internacional. En una alusión al Fondo del Bicentenario y la renegociación de la deuda restante (los holdouts), la Presidenta dijo que busca quedar como “el gobierno que terminó con el default, default que obviamente no empezamos nosotros”. Fue una referencia a la decisión que el entonces presidente Adolfo Rodríguez Saá, uno de los sucesores de Fernando de la Rúa, tomó en diciembre de 2001, tras el estallido de la convertibilidad ideada por Carlos Menem y Domingo Cavallo.

Aquí otras definiciones y otros relatos:

- La presidencia. “A mí no se me ocurría la figura de Presidenta. Se me ocurrían figuras de líderes. Sí sentía esa cosa de trascendencia, pero sólo en el sentido de pasar por el mundo no sólo respirando y comiendo. La vez que más lloré fue cuando (Néstor) Kirchner juró como gobernador la primera vez. Me parecía mentira. Me había dicho que quería ser gobernador. ‘Vos estás loco. En un cajón vas a salir de acá. Qué gobernador’, le dije durante la dictadura. Por eso cuando fue gobernador me pareció que había llegado al lugar. En el ’91 no se me ocurría ni por asomo que podía ser presidente de la Argentina. En realidad, años después, nuestro proyecto era Kirchner 2007. La Argentina parió la candidatura de él. En esos días tumultuosos de los cinco presidentes, me acuerdo de que yo estaba en el departamento y tenía el televisor prendido. Estaba en la cocina cuando oigo que Kirchner va a la Casa de Gobierno, con Adolfo Rodríguez Saá de presidente, y le preguntan si va a ser candidato. Y contesta: ‘Sí, voy a ser candidato’. Yo dije: ‘Este se volvió loco’.”

- La política. “Con nosotros vivía mi abuelo materno, que era muy pero muy peronista. El fue el que de muy chica me hablaba de Perón. Me gustaba lo de Rosas. Al que le gusta la historia normalmente le gusta la política. Mi viejo era antiperonista. Radical, pero sobre todo antiperonista. Si hubiera tenido que ser beduino para ser antiperonista, lo habría sido. Y mamá muy peronista. Eso y la experiencia de los ’70 me dieron un aprendizaje de decirle ‘no’ a lo blanco y lo negro. Hay otros colores, hay matices.”

- El estudio. “Desde muy chiquita hasta moría por la mitología griega, y también conocía a los dioses en su versión romana. Mamá me mandó a estudiar guitarra y no tuvo éxito. Con mi hermana sí, porque además de médica es concertista de piano. Mamá me compró los Lo sé todo y los libros de Monteiro Lobato. Antes pasaban los vendedores de libros. Mamá no perdonaba a ninguno. Ella nunca nos tuvo que decir ‘nena, estudiá’. Nos tenía que decir basta.”

- Papá y mamá. “Papá era, por personalidad, mucho más callado. Mamá tiene una polenta, una fuerza... No duramos mucho tiempo juntas, porque si no empezamos a discutir.”

- Cómo soy. “No renuncié a mi condición de mujer por ser Presidenta. A los 15 ya me pintaba como una puerta. No me voy a disfrazar de lo que no soy. Yo soy como soy. Soy perserverante. Perseverancia. Perseverancia. Perseverancia. Siempre fui responsable. Odio las victimizaciones. Tengo la obligación de tener fuerzas. Tengo la obligación de sacarlas de algún lado. Del estómago, de las tripas, de la cabeza, de donde pueda.”

- La carrera. “Yo estudiaba perito mercantil. Para ingresar a Derecho por el régimen que había tenía que dar no sé cuántas equivalencias. Empecé a estudiar Psicología. Me di cuenta de que no era lo mío y justo ese año se modificaron los requisitos. Entonces me fui de cabeza a Derecho y acá estoy, de abogada. Siempre supe que tenía que recibirme para progresar. Era la época en que el estudio estaba identificado con el progreso social, con el reconocimiento. Tengo una noción de que las cosas se consiguen con esfuerzo. Y me parece que vale la pena.”

- Los ’70. “Lo más importante que nos dejaron esos años es la voluntad de cambiar las cosas. El libro de (Eduardo) Anguita y (Martín) Caparrós se llama así, La voluntad, y dieron en lo que significó: la voluntad, el compromiso, la solidaridad, el pensar en primera persona del plural. Esos son datos distintivos de aquella época, pero no hay que idealizarla. No hay perfección. No la hubo en 1810, ni en 1853, ni nunca. Cuando uno idealiza se escapa de la realidad. Y no hay peor cosa para no cambiar la realidad que escaparse de ella. Es como cuando alguna izquierda dice que si no está todo como dice el manual de Marx o Lenin no se puede. Comprender la realidad no es aceptarla, pero no comprenderla trae problemas para no resolver el camino adecuado.”

- Ezeiza y la vuelta de Perón. “Estaba en Ezeiza (el 20 de junio de 1973). ¿Cómo lo viví? Lo viví a los tiros, como todo el mundo. Fui con mi mamá. Llegamos temprano, como a las seis y media, por Ciudad Evita. Había choripán y mucho humo, pero en un momento hubo demasiado humo y demasiado ruido. Mi mamá se quería quedar. Con los tiros nos escondimos atrás de unos árboles. Después la convencí de irnos y empezamos a ir en sentido inverso al que habíamos usado para llegar. No recuerdo más detalles. Me pasa cuando los recuerdos no son demasiado agradables.”

- Militancia en la Juventud Peronista. “Efervescencia y diferencias. Nunca estuve de acuerdo en desconocer el liderazgo natural de Perón en el proceso de cambio en la Argentina. Era incomprensible desconocer todo el proceso histórico. Hubo mucha incomprensión de la etapa histórica que se vivía y de lo que se necesitaba en ese momento. El plan económico de (el ministro de Economía de los presidentes Héctor Cámpora, Raúl Lastiri y Juan Perón, José) Gelbard visto desde hoy parecería revolucionario, y fue visto en ese momento como algo horrible. Hubo mucha gente como yo que tuvo diferencias y se fue, que no compartió la radicalización. Eso no provocó el golpe (de 1976). Fue funcional para la explicación y para la captación de muchos sectores medios que querían que se acabara la violencia de cualquier modo.”

- Malvinas. “Con que haya un solo muerto por la patria, hay que darle honra y honor. Cuando volvieron de Malvinas los ocultaban. Hubo una tarea de desmalvinizar a partir de 1983, porque no se logró separar adecuadamente la dictadura y (el presidente de facto Leopoldo Fortunato) Galtieri de los que murieron en Malvinas. La gran mayoría es gente muy humilde. Siempre los que mueren por la patria son los pobres.”

- Evita, Madres, Abuelas. “Me conmueve como nadie. No soy evitista. Pero conmueven su vida, su pasión. Y me conmueven las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que a pesar del odio nunca pidieron pena de muerte, ni violencia, ni venganza. Sólo pidieron justicia. A Elsa Oesterheld le secuestraron el marido y las cuatro hijas. Se quedó sola, y ahí está, pidiendo justicia. Yo no sé qué hubiera hecho con Florencia, Máximo y Kirchner secuestrados. No sé. Estas mujeres son muy especiales en serio.”

- Objetivo. “Vivir en un país más justo. No el país justo, porque esto es imposible. Todavía es un país injusto, pero no sólo en términos de distribución del ingreso: en cuanto a reconocimientos. Todavía discrimina, no trata a todos por igual. En el centro del país y siendo rubio y de ojos celestes hay más oportunidades que lejos y como un kolla de piel oscura. No se trata con respeto y con igualdad a todos. Los que menos tienen exigen mayor respeto. Hace tiempo descreí del igualitarismo, que no existe. ¿Pero por qué vivir en un país donde todos son más débiles? No me siento la madre de todos. Pero tengo más responsabilidades que el resto y vivimos en un país muy injusto.”

- El mundo. “La multipolaridad empieza a tener una carnadura más concreta, menos abstracta. Nos vinculamos como región. Es una clave. No todos lo entienden, pero intervinimos adecuadamente en Bolivia. Si no hubiera sido por Telesur no nos hubiéramos enterado a nivel masivo de que había un golpe en Honduras. Esto revela el poder no de la información sino de la desinformación. La clave es la unidad política y económica de la región. Esta es la clave para no retroceder. Moreno, Castelli y Belgrano (algunos de los cuadros del despacho) nos dirían que no abandonemos la lucha, que ésta es la segunda independencia. La primera fue la independencia del yugo colonial. Nos dirían que se pueden hacer las cosas. Mirá vos San Martín. Y ellos no eran de mármol, porque cuando pensamos que son de mármol nos distanciamos. La historia se escribe bastante con letra torcida. Con lo que se tiene a mano. Con tinta, con lápiz y muchas veces, en América latina, con sangre.”

- El continente. “América latina no necesita mensajes sino hechos por quienes tenemos responsabilidad de gobierno. Todas las veces que tuvimos enfrentamientos y separaciones nos fue mal, y nos fue bien cuando tuvimos ayuda mutua y sintonía entre los países. Nunca hubo tanta sintonía como ahora. Es imposible pretender que seamos unos iguales a los otros. Pero nunca cada uno de nosotros se pareció tanto a sus sociedades.”

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