EL PAíS › FRANCISCO SE REUNIO CON LOS CARDENALES, RECORDO A BENEDICTO Y CASI SE CAE

La agenda cargada que tuvo un tropiezo

El Papa visitó en un hospital y sin aviso previo al cardenal argentino Jorge Mejía, internado tras un infarto. Ayer se supo que el jueves se incomodó al cruzarse con un cardenal estadounidense acusado de proteger sacerdotes pedófilos.

En su tercera jornada como Papa, el ex cardenal Jorge Bergoglio recordó a su antecesor alemán durante un encuentro con los cardenales en el que, además, los instó a abandonar el pesimismo y “donar” su “sabiduría de la vida” a los jóvenes. Luego, visitó sin avisar la clínica donde está internado un cardenal argentino que días atrás, en la jornada del cónclave que eligió papa al actual Francisco, sufrió un infarto. El asombro del personal regó su paso de aplausos, y el pontífice aprovechó la ocasión para bendecir las manos del médico que vela por la salud del religioso. Al tercer día, además, trascendió una infidencia del día siguiente a su elección. Durante su visita por la basílica Santa María Maggiore, cerca de la estación Termini, el papa Francisco divisó al cardenal Bernard Law, ex arzobispo de Boston acusado de haber encubierto a más de 200 sacerdotes pederastas. Luego de saludarlo, indicó que no quería verlo más por allí.

El encuentro entre el Papa y el colegio cardenalicio transcurrió en la sala Clementina del Vaticano, que estalló en aplausos cuando ingresó Francisco, vestido de sotana blanca y munido de una cruz de hierro, en lugar de una de oro. El cardenal Angelo Sodano le dio la bienvenida y se puso a su “total disposición”. Se trataba no de una misa sino de una audiencia a lo largo de la cual se esperaba que el pontífice comunicara algunos lineamientos a seguir durante su ejercicio. Antes, rindió homenaje a Joseph Ratzinger, el papa emérito Benedicto XVI, por su “gesto valiente y humilde” de renunciar a los honores. “Dedico un pensamiento lleno de afecto y profunda gratitud” a Benedicto XVI, quien fue un intérprete “humilde y paciente” de su ministerio, “un patrimonio espiritual para todos”, dijo.

En lo referente al futuro, señaló a los cardenales que el optimismo es lo último que deben perder. Por eso instó a los clérigos a no ceder “nunca al pesimismo” y, en cambio, buscar “nuevos métodos de evangelización” para llevar los Evangelios a “todos los extremos de la Tierra”. “No cedamos nunca al pesimismo ni a la amargura que el diablo nos ofrece cada día”, advirtió al leer el discurso que había preparado y que, de tanto en tanto, cortó con reflexiones del momento. El papa argentino dijo a los cardenales: “La mitad de nosotros estamos en la vejez”, y entonces propuso que todos ellos donaran “la sabiduría a los jóvenes, para que como el buen vino con los años mejore”.

Francisco también señaló que el clero debe recuperar la “comunión eclesial” y aseguró que la institución precisa que sus integrantes se conozcan mutuamente, porque “somos hermanos, una comunidad de amigos”. Sin embargo, reconoció la existencia de “diferencias” entre miembros del colegio cardenalicio, y los invitó a no temer por ellas, siempre y cuando se mantenga “la armonía”. Bergoglio procuró tranquilizar a los cardenales señalando que el Espíritu Santo vela sobre la Iglesia como “un apóstol de Babel”.

En el pasaje del discurso que dedicó a los agradecimientos, el Papa también reservó un momento a los cardenales que aseguraron la sede vacante desde el 28 de febrero, el decano del colegio cardenalicio Angelo Sodano, el camarlengo Tarcisio Bertone y el decano del cónclave Giovanni Battista Re. Al levantarse para abrazar a Sodano, Bergoglio tropezó con los escalones sobre los cuales se erigía su trono, pero no perdió el equilibrio. Por su edad, Sodano no pudo participar del cónclave en el que resultó electo Francisco.

Sobre el final, el pontífice también informó las novedades sobre el estado de salud del cardenal argentino Jorge Mejía, de 90 años, que el miércoles sufrió un infarto. “Su salud está estable y nos manda saludos”, señaló Bergoglio, que agregó que la evolución de su cuadro es positiva y Mejía “se recupera”.

Luego del encuentro con los cardenales, el Papa se dirigió por sorpresa a la clínica Pío XII, donde está internado Mejía, que tiene 90 años y es bibliotecario y archivero emérito del Vaticano desde 1998. Mejía nació en Buenos Aires en 1923 y fue ordenado sacerdote en septiembre de 1945; dio clases sobre la Biblia en varias universidades y participó del Concilio Vaticano II como perito. En la clínica, Bergoglio bendijo las manos del cardiólogo Marco Miglionico, a cargo de Mejía.

Ayer, en medio de la ajetreada agenda papal, trascendió una infidencia del primer día de Bergoglio como Francisco. En la basílica Santa María Maggiore, adonde había ido a rezar, saludó al cardenal norteamericano Bernard Law, que tiene 82 años, es arcipreste emérito de ese templo y reside allí. Law es el ex arzobispo de Boston que encubrió a 250 curas pederastas entre 1984 y 2002. Tras saludarlo y confirmar quién era, contó el vocero vaticano Federico Lombardi, Bergoglio dijo: “No quiero que frecuente esta basílica”. Por ser emérito, Law reside allí.

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El encuentro entre el Papa y el colegio cardenalicio transcurrió en la sala Clementina.
Imagen: EFE
 
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