EL PAíS › LA COLECCION DE CARTAS DE LA DICTADURA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Mensajes de los años duros

Desde octubre, el área de Archivos y Colecciones de la Biblioteca tiene un fondo de doce series de correspondencia que muestran la vida cotidiana bajo la represión. Escritas desde la cárcel, desde el exilio o desde el miedo, las cartas son un retrato de una época difícil.

 Por Alejandra Dandan

En octubre del año pasado el área de Archivos y Colecciones Particulares de la Biblioteca Nacional abrió un fondo documental de Cartas de la Dictadura. Desde entonces logró reunir doce colecciones de correspondencia, tanto de personas desconocidas como de intelectuales más conocidos. En las cartas aparece reflejada la vida cotidiana de aquellos años, las dificultades del trabajo durante el exilio o estrategias de resistencia dentro de las cárceles. Pero también hay humor, estrenos de películas o ardorosas miradas políticas entre adolescentes sin militancia que quedaron bajo la dictadura.

Laura Giussani le propuso el proyecto al director de la Biblioteca, Horacio González, cuando ella misma empezó a pensar qué hacer con las cajas de archivos de sus padres. “Se muere tu mamá, pensás que esto no es para un libro y que debe haber mucha gente que tiene este mismo problema: que no sabe qué hacer con sus cartas”, dice. “Cartas que se están desperdigando, yo misma perdí muchas porque las utilizás algunas para un panel, cuestiones de memoria, que están muy bien, pero quizá no tenemos conciencia de que son documentos históricos.”

Sus padres, Pablo Giussani y Julia “Chiquita” Constenla eran periodistas y habían guardado de todo. “Tenés 25 cajas que no sabés dónde poner ni qué contienen. Con mis hermanos donamos todos los libros e investigaciones históricas. Había novelas inéditas que escribió mi vieja y no se las quisieron publicar. Aparecen cosas medio locas, como manuscritos a Lugones de un poeta peruano muy conocido del año 1927, una perlita.”

Entre las cajas, además, había una serie de asuntos más cotidianos. En octubre de 1976, Pablo había decidido irse a Italia con su familia. Laura era la menor, tenía 16 años, militaba en la UES. Al comienzo la familia se distribuyó donde pudo y más tarde hasta pasaron un tiempo separados entre Italia y Nueva York. Chiquita escribía cartas a máquina y en carbónico. Y eran cartas muy largas. Laura escribía reflexiones enormes en sus cuadernos. Pero además cartas que ahora pueden leerse en clave de adolescencia y política. Alguna estaba destinada a una de sus compañeras de la UES recién desaparecida. O eran cartas que recibía y escribía a sus compañeras de secundario con últimas noticias. Una de esas compañeras, Graciela, un día le escribió a Italia. La carta ahora forma parte de la colección:

14.4.77, Buenos Aires

Querida Laura,

Sobre todo te digo gracias por la “primera carta que me has mandado”. Ahora bien, vamos a poner algunos puntos en claro. ¿Quién es más hija de puta que quién? ¿Eh? Hace más de seis meses que estaba esperando que me escribas algunas líneas, ¡yo ya pensaba que te habías muerto! Pero no importa. Me escribiste, tarde pero seguro. Yo tuve noticias por medio de Mónica, una vez en octubre, otra ahora en marzo, y ella ya nos pasó la dirección a todas. Si no escriben es porque o se olvidan o como vos decís son unas h.d.p”.

Graciela era de la Escuela Normal No 5 de Barracas. Laura empezó su actividad política en 1973 en el Nacional de Buenos Aires, pero más tarde se cambió a la escuela de Barracas para “llevar el mensaje de Montoneros a un colegio más popular”. Con el tiempo logró ir a la casa de alguna de sus nuevas compañeras, entre ellas Graciela, que vivía en Lanús. Laura ahora no se acuerda demasiado pero está convencida que entre ellas había algún código político. De todos modos, nunca le dijo ni a ella ni a las otras compañeras las razones por las que se iba del país. Sólo dijo que su padre tenía un nuevo trabajo, una corresponsalía en Italia.

Graciela seguía diciendo que “Bueno, entrando al tema ‘político’ las cosas cada día están peor (yo no sé si querés que te mande recortes o no, por favor contestame en la próxima carta). Como ya sabrás Videla se le quejó a los gobernantes de Italia...”.

Y luego: “...Además te puedo contar de dos sucesos que pasaron cerca de mi casa. No sé si te acordarás cuando fuimos al cementerio de Lanús. Bueno, en ese lugar, a la vuelta, no en la parte de enfrente del cementerio, sino dando la vuelta la calle ¡pero en el propio cementerio! asesinaron a sangre fría a cinco extremistas (que según ellos se escaparon de la prisión y por eso los tuvieron que matar, lástima que la gente que vivía enfrente vio otra cosa muy diferente: que fue la policía quien los llevó ahí, los hicieron bajar del coche y caminar...”

Delfor

El fondo de Colección de Cartas está abierto a quienes quieran acercarse. Hasta ahora se recopilaron cartas con remitentes de distintos puntos de Argentina como Rosario, Santa Fe, Capital Federal, Neuquén y las cárceles de Devoto y Sierra Chica. También enviadas desde Italia, España, Israel, Suecia, Estados Unidos y Uruguay. “Las cartas han sido, y esperemos que sigan siendo, alimento básico de la historia. Allí se entrecruzan, de manera espontánea, casi mágica, la existencia individual y colectiva. Un punto único en donde es posible aferrar el devenir de seres conocidos o anónimos, que conforman un mapa cultural, social, político y existencial”, señalan los impulsores en la presentación del proyecto.

El intercambio incluye personajes conocidos como Pablo Giussani, Rogelio García Lupo o Jerónimo Podestá, pero hay muchas otras presencias. “En este sentido, el perfil de los donantes no se cierra a lo que puede denominarse como personas ‘reconocidas’ o ‘famosas’”, dice Laura que apenas pudo hizo circular la propuesta a través de los caminos que tenía a su alcance. Amigos, amigos de sus padres, redes sociales. Un día apareció un grupo de ex presas de la cárcel de Devoto, autoras del libro Nosotras, presas políticas (2006) que también difundieron la propuesta.

Así llegó Beatriz Ronchi, viuda del escritor y periodista Delfor Soto, militante del MR17 de Gustavo Rearte, que fuera concejal de La Matanza. Entre las cartas de Delfor hay una serie de intercambios con escritores de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y Mendoza con quienes intentaban fomentar una editorial de autores federales. Algunas cartas muestran por ejemplo el análisis del golpe militar con miradas contrapuestas. En 1975, dice Laura, Delfor empieza a temer que lo mataran, con lo que se mudó a una especie de exilio interno en Capilla del Monte. El 8 de abril de ese año, mientras se preparaba para volver a Ramos Mejía, escribió una carta a sus hijas:

Querida Laura Beatriz,

Querida María Eva

Hoy es un día o una noche muy especial para nosotros (mamá, papá y ustedes), estamos a ciento cincuenta kilómetros de Ramos Mejía, lugar en el que vivimos y donde nació Laurita y Evita, y es el último día que pasamos aquí, en casa de unos primos míos.

Mañana retornamos a la casa en que vivimos en Ramos Mejía. Hace un rato fui a sacar los pasajes para el retorno. Yo no sé qué va a ocurrir conmigo. Por eso les escribo. Pienso que tal vez alguna de esas bandas delincuenciales que matan todos los días a mucha gente de manera impune, me localice y me pegue algunos tiros en la cabeza como ha venido sucediendo con mucha gente.

Ustedes son muy pequeñas para entender de esto, por eso, si me llegara a ocurrir algo les dejo esta carta con mucha ternura y amor para que algún día las vean y recuerden al papá que las quiso tanto y les escribió de puño antes de morir.

Laura, vos tenés cuatro años recién cumplidos. Evita vos tenés más de dos años y medio. Las dos son quienes más felicidad me han dado en esta vida y han colmado mis grandes aspiraciones de hombre.

“Ese es el legado que Delfor les deja a sus hijas”, dice Laura. El 21 de agosto de 1976 los militares efectivamente lo secuestraron en la casa de Ramos Mejía frente a sus tres hijos y a la mujer. La última vez que fue visto Delfor estaba en el centro clandestino conocido como El Campito en Campo de Mayo. Hoy está desaparecido. La serie de correspondencias que su viuda donó a la Biblioteca Nacional datan de 1974 a 1976.

Elena

Elena Itatí Risso se puso en contacto con Laura apenas se difundió la propuesta. Había tomado un taller de periodismo a distancia que dicta Laura, y su historia siempre resultó para la curadora de la muestra algo así como “sobrecogedora”. Elena vivió diez años como monja, dos en clausura total en un convento de Alta Gracia. En 1972 descubrió la Teología de la Liberación, se fue a trabajar a un barrio popular en las afueras de Rosario y quedó detenida. El año pasado dejó las cartas para la colección. Laura recuerda en alguno de los escritos que Elena “hizo la ceremonia de iniciación religiosa vestida de novia como para un verdadero casamiento”, o que allí se tiraban al piso y las tapaban con un manto negro que significaba “la muerte del mundo”.

Entre las cartas hay una escrita desde el pueblo santafesino de Firmat, donde Elena nació, y lleva la fecha del 27 de enero de 1977. Tiene la firma de su padre, Celedonio Carlos Risso y está dirigida al jefe del Segundo Cuerpo del Ejército. Los estudiosos podrán encontrar en ella una réplica de las infinitas cartas que los familiares de los detenidos y desaparecidos escribieron durante la dictadura. O leer tradiciones familiares o posiciones políticas de un indignadísimo padre.

Sr. Jefe del 2do Comando del Ejército

Moreno y Rioja, Rosario

De mi consideración:

El día 25 de febrero de 1976 mi hija fue detenida sin cargos que lo justifiquen en la ciudad de Venado Tuerto. Luego se la trasladó a la jefatura de la ciudad de Rosario y actualmente se haya alojada en el penal de Villa Devoto. Yo le pregunto: Si repudiamos la guerrilla porque siega vidas inocentes ¿donde esta la Justicia cuando el Estado actúa de igual modo?...

El 25 de mayo de 1977, desde Galeguaychú, la “hermana Susana Bonaldi” escribe, en cambio, una carta a los padres de Elena. En pocas líneas, la mujer se muestra interesada por la situación de prisión, pregunta si es posible visitarla y ofrece oraciones y bendición.

Carísimo Sr. Risso:

Como recibí una cartita de Elena que me mandaron ustedes quiero pedirles el favor de que le hagan llegar esta mía de la manera que ustedes sepan es más conveniente.

Quisiera saber si le permiten las visitas o la correspondencia; algún libro de lectura espiritual.

Siempre les recuerdo en mis oraciones y pido al Señor los bendiga y les dé fuerza para sobrellevar esta prueba. Dígale a la Sra. que la tengo muy presente.

(...)

Estela

Las claves de ingreso a las cartas son muy variadas. Género, adolescencia pero también cartas de adultos a niños con fábulas y dibujos para despistar a la dictadura si la carta era enviada desde una cárcel. Algunas otras en cambio pueden leerse como grandes novelas. Con el correr de las páginas se puede ir viendo por ejemplo qué fue ocurriendo con algunas familias. Laura trabaja en coordinación con el área de Archivos y Colecciones Particulares donde hay archivólogos y licenciados en Historia. Aprendió con ellos algo del oficio y, por ejemplo, a respetar el orden con el que cada persona entrega las cartas. Algunos ordenan todo por remitentes. Otros por fechas. “Vos mantenés ese mismo orden porque indica algo de la persona que donó ese archivo”, dice.

Un día entendió que todo eso tenía sentido leyendo especialmente las cartas de Estela Garibotto, militante en la Juventud Peronista. Estuvo presa entre 1975 y 1981, primero en el centro clandestino de la Brigada de San Justo, después en las cárceles de Olmos y Devoto. Sus cartas muestran perspectivas distintas. Sus padres le escriben a la cárcel. En cada una de las páginas “despliegan la vida cotidiana con los vaivenes del negocio familiar, el barrio, las fiestas de Navidades, Año Nuevo, los cumpleaños, los ‘burros’ o la descripción de las vacaciones”, señala Laura. El padre de Estela, por ejemplo, aparece como un bohemio, tanguero y poeta popular. “Todo el pabellón esperaba ansioso la llegada de estas cartas.”

A lo largo de la serie se va viendo qué pasó todos esos años con la familia. “Y de pronto en la última carta aparece la madre que había ido al cementerio a la tumba del padre. Ahí te das cuenta que el padre se murió”, dice Laura. “Y te das cuenta de que todas las cartas que estuviste leyendo y con las que vos misma te divertías se cierran con esto que es como un baldazo de agua fría y que es lo mismo que le debe haber pasado a ella.”

La serie de Estela es representativa de otro universo que empieza a acumularse en la Colección: las cartas desde las cárceles. Estela participó del libro escrito por las presas de Devoto con memorias que hablan de la organización y la solidaridad durante la experiencia carcelaria. La breve descripción del contenido de sus cartas enumera algunos de esos puntos. Y entre los intercambios hay unas cartas dirigidas a una amiga exiliada en Bélgica y una de ellas comienza con la frase “Querida hija” y lleva la firma de “Tu viejo”, cuando en realidad era su amiga y eso era un intento de escaparle a la censura.

Patricia

La primera persona que llevó las cartas personalmente a la Biblioteca fue Patricia Borensztejn. En una de las hojas que dejó hay un reborde dibujado, que le hizo una de sus compañeras en la cárcel.

Domingo 12 de junio de 1977

Queridos mamá y papá,

¿Les gusta el papel? Me lo hizo una compañera porque yo soy un poco crota para estas cosas y cuando la vi dibujar me gustó y enseguida le pedí que me hiciera una hoja para ustedes. Así esta carta va más original. Parece ser que ahora no permiten sacar dibujos y tampoco que entren. Es una pena ya que para las chicas que tienen chicos es una forma de comunicarse más con ellos mandándoles cuentitos con dibujos, ojalá no sea así.

Más adelante dice: “Hoy domingo entregaron los premios del campamento. No sé si les había contando, que ganamos nosotras aunque en el último partido yo jugué que era un desastre. La cuestión es que hoy nos entregaron una copa (hecha con papel de aluminio)...”

Patricia es sobrina de Tato Bores. En aquel momento ella era militante política y fue detenida en diciembre de 1974 con su esposo Pablo, que aparece varias veces mencionado en sus cartas. Ella estuvo presa hasta 1980. Luego se exilió en España y regresó a Argentina en 1992. “Tato iba a visitarla a la cárcel y muchas presas dicen que pese a que los Borensztejn estaban en total desacuerdo con la opción política de ella fueron muy solidarios –dice Laura– no solo con ella sino con todas las compañeras.”

Sus cartas recorren puntos como los castigos, el tratamiento de los problemas de salud de las mujeres, la alimentación y las condiciones de traslado. Una de sus cartas suele usarse además como portada de la presentación de esta Colección porque en el margen superior aparece la palabra “Censurado”. En ella Patricia les cuenta a sus padres que desde hacía una semana estaban contentas porque estaban ensayando algunas piezas de teatro.

Censurado

Buenos Aires 3 de octubre de 1976

Queridos padres,

Hoy domingo, aquí estoy con ustedes. Seguramente papá me estuvo escribiendo en algún ratito. Yo también aprovecho este ratito porque ya terminamos de cenar y dentro de un rato vamos a representar una obra de teatro de Alejandro Casona. Actuamos un montón de pibas y la obra es divertidísima porque es la historia de cuando Sancho Panza fue gobernador de un pueblo y administraba justicia. Yo también tengo un personaje. Este es ya el segundo domingo que hacemos teatro (...).

Las cartas de papá las recibí todas, son muy lindas. Yo no había escrito porque la restricción era también para la correspondencia.

Ya está casi oscuro el cielo, las ventanas están abiertas y corre una hermosísima brisa de primavera (...). Estoy muy contenta con el anillo que me hizo Pablo. Muy contenta de que haya estado trabajando para mí. Muy contenta, a todas las chicas les gustó muchísimo (...).

Además de la carta que tiene “las intervenciones del servicio penitenciario con el sello que marca la censura –decreto 2023/74”, la serie de Patricia contiene sobres vacíos que llegaron a sus familiares pero de los cuales fueron extraídos los contenidos.

Las cartas abren así decenas de entradas posibles. Y muchas historias. “Cada uno de los que vienen con sus historias son para una novela”, dice Laura. “La gente cree que se va encontrar con la época del terror, con el período negro y en realidad también hay mucha ternura, mucha dulzura y mucho humor también ¡porque se vivía! Y como también vivíamos esto es como recuperar un poco la vida. ¿Viste cuándo los jóvenes te preguntan cómo hacían para vivir en esa época?”

Bien, entre esas páginas hallarán algunas respuestas.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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