EL PAIS › GALEANO DICE QUE NO RENUNCIA E INTENTA UNA DEFENSA DE SU INVESTIGACION

Ahora es el turno de las excusas

A pesar de la filmación y de los testimonios de los agentes de la SIDE, Galeano sigue negando el pago a Telleldín. Aunque dice que filmó la entrevista porque “había intermediarios pidiendo cifras mucho mayores”. Aduce que hubo “una conspiración para absolver a los acusados”.

 Por Adriana Meyer

“Tengo dos juzgados a cargo, estoy de turno y además soy el pato de la boda”, se queja por estos días Juan José Galeano, en un despacho que pretende funcionar como si nada pasara a su alrededor. Tras la sentencia del juicio oral que lo acusó como el principal responsable del encubrimiento durante la investigación del atentado contra la AMIA, el magistrado niega haberle pagado al reducidor de autos Carlos Telleldín, según aseguró a Página/12 uno de sus más estrechos colaboradores. Y afirma ante quien quiera escucharlo que “por ahora resistirá” porque “el partido no terminó”. Es decir, no renunciará a su cargo y se defenderá en el Consejo de la Magistratura.
El ajedrez de incas contra españoles sigue en el mismo lugar y suena la música brasileña que suele escuchar el juez a esa hora de la tarde. El funcionario que atiende a Página/12 se siente como en su propio escritorio, informa que su jefe acaba de irse y acepta ser interrogado.
Sobre las gravísimas imputaciones del Tribunal Oral, que acusó a Galeano de “numerosas irregularidades para satisfacer oscuros intereses de los gobernantes”, responde que su jefe “actuó en forma razonable y honesta” y aduce que la conspiración no la armó el juez sino “un grupo de espías de la SIDE para que los policías y Telleldín se vayan a sus casas”. Más allá de que el Consejo lo suspenda o no, el magistrado deberá tener resistencia también para la causa penal que se le viene, en la que estará imputado de falsedad ideológica, destrucción de pruebas y privación de la libertad.
Quizá la irregularidad más burda, o más conocida, de esta investigación que duró nueve años sea el pago de 400 mil dólares a quien era el principal acusado de la conexión local, Carlos Telleldín, para que imputara a los policías bonaerenses. Esto se produjo al margen del expediente y fue filmado por el juez. Su colaborador sostiene que se hizo así por tratarse de una “cuestión personal para cubrirse porque en ese momento había intermediarios pidiendo cifras mucho mayores”. Aun ante la evidencia de las imágenes que fueron difundidas en su momento por televisión, el funcionario niega que haya habido un pago al “Enano” Telleldín. “En el video lo que se ve es que Galeano sólo le pregunta ‘usted qué quiere’”, describe a modo de explicación de la negociación que el magistrado mantuvo con el imputado.
El hombre, que participó de todos y cada uno de los operativos realizados en el caso, niega que el juez haya descuidado la evidencia que podía estar en los escombros de la mutual, que se hayan destruido otras pruebas o que incluso haya habido torturas (como las que ordenó investigar el Tribunal Oral en el caso del detenido César Fernández). “Once peritos determinaron que eso no sucedió”, fue la respuesta. También desmiente que se haya ocultado el expediente a las partes y justifica la formación de legajos separados a los que no todas las querellas ni los acusados tenían acceso por una cuestión de “practicidad” para el manejo de la causa. “Les mostrábamos todo pero no podían pretender ver la identidad de los testigos que pedían reserva”, se justificó. Según su versión, todo lo actuado fue auditado no sólo por la Cámara Federal, sino también por la Corte Suprema e incluso por el FBI. Pero esto contrasta con la sentencia del Tribunal Oral Federal 3 –y las denuncias que desde hace tiempo están en el Consejo de la Magistratura–, que describió un amplio entramado de complicidades para el encubrimiento del caso, que abarcó al poder político del gobierno de Carlos Menem, diputados e incluso abogados.
“Cuando fuimos a la casa de Telleldín había dos policías adentro”, dice el funcionario al argumentar que quienes tenían que investigar estaban involucrados o pretendieron encubrir a los responsables.
El interlocutor insistió en que “no tenían elementos” para avanzar. Este diario le preguntó si ante ese panorama no hubiera sido más honesto que el juez denunciara todo esto y renunciara. “Denuncias hubo, pero decidimos seguir hasta el final porque teníamos esperanzas de poder llegar igual a la verdad”, responde. Algo que, justamente por la actuación de Galeano, parece estar cada vez más lejos.
Según el colaborador, cuando el juez se enteró del fallo del Tribunal Oral dijo: “Fue como si en el circo romano se hubieran asociado los gladiadores con los leones para salvarse”. Ya en un plano más político, rechaza que su jefe haya recibido instrucciones del ex ministro del Interior Carlos Corach y dice que es un “invento de Juan Ribelli” que la causa haya sido utilizada para perjudicar al ex gobernador Eduardo Duhalde. “En el ’97 Duhalde estaba tranquilo con el Fondo del Conurbano, el enfrentamiento con Menem vino después”, analiza. Se le recuerda que, a pocos días del atentado, cuando Galeano volvió de Venezuela tras entrevistar al arrepentido iraní, se fue para la residencia de Olivos. El funcionario se levanta del sillón y eleva un poco la voz para explicar que traía “algo muy importante” que involucraba intereses de Estado: se había amparado en el país a diplomáticos iraníes que podrían haber tenido que ver con la explosión a la embajada de Israel. “Galeano nunca dijo que se iban a caer de espaldas, pero bien podría haberlo dicho... hubo que lidiar con temas de terrorismo sin jurisprudencia, había que estar frente a ese cadáver”, se lamenta, antes de despedirse, el hombre que en estos años también perdió algo de pelo, como Galeano.

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El juez Galeano fue acusado de “satisfacer oscuros intereses de los gobernantes” en la causa AMIA.
 
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