EL PAíS › ENTRETELONES DE LA CRISIS PROVINCIAL

Chivito riojano

Maza ruega por una intervención federal. Pero Kirchner no quiere quedar pegado al proyecto reeleccionista del debilitado gobernador. Y moldea, junto a Cristina, la candidatura de Yoma. Negociaciones y promesas en un distrito que arde.

 Por Diego Schurman

“Si no sos vos, es Yoma”, le dijo Alberto Fernández al acorralado Angel Maza esa tarde indolente de enero. El gobernador riojano había viajado a Buenos Aires en búsqueda de un salvoconducto para su reelección. Pero entendió rápidamente que el jefe de Gabinete, amén del respaldo institucional, no podía garantizarle el sueño de pelear por su cuarto mandato.

Aquel día Maza realizó una travesía por la Casa Rosada junto a un grupo de intendentes adictos. No imaginó que la crisis provincial lo forzaría a una nueva visita pocos días después. Ya no en busca de apoyo para perpetuarse en el poder sino rogando una intervención federal que le asegure la gobernabilidad.

–¡¡¡¿Querés una intervención?!!! Kirchner no va a intervenir la provincia –lo desahució un sonriente Carlos Zannini.

Maza sabía del humor agudo y acerado del secretario de Legal y Técnica de la Nación. Pero se percató de que esta vez el funcionario no estaba bromeando. Zannini le explicó que el Presidente no quería “comprarse” el conflicto riojano, pero que no por ello le iba a soltar la mano. Lo derivó entonces a Aníbal Fernández. Y el ministro del Interior envió a su director nacional electoral, Alejandro Tullio, como veedor de la Legislatura provincial. Aquella figura no intimidó a los diputados que responden al vicegobernador Luis Beder Herrera, un manifiesto opositor a Maza. La gran mayoría de los legisladores decidió poner fin a la reelección indefinida. Y como esa enmienda constitucional debe ser refrendada por una consulta popular, se le agregó una cláusula transitoria en el que expresamente se alude a las futuras imposibilidades de Maza.

Dicho de otro modo: jurídicamente el gobernador aún no está inhabilitado para buscar otro mandato, pero políticamente su sueño de continuidad languidece. Con el antecedente de Misiones, ¿saldría Kirchner a respaldar a un gobernador cuya única aspiración es ser nuevamente reelecto? Resulta altamente improbable.

Como sucedió con el religioso Joaquín Piña en aquella provincia mesopotámica, el obispo de La Rioja, Roberto Rodríguez, y Delfor “Pocho” Brizuela –el cura progre que dejó la vida sacerdotal luego de confesar su amor por una docente– ya salieron a manifestarse en contra de la reelección indefinida.

Habrá que ver si el Presidente le ordena a Maza que desista de su idea de convocar a una consulta popular el próximo 18 de marzo, como ya anunció el gobernador, para ver si la gente le banca una reelección más.

En la Casa Rosada sostienen que esa jugada podría tensar la cuerda más de lo razonable. Y consideran poco inteligente la victimización de Maza, que se presenta como un “proscripto” cuando hace 12 años que maneja los hilos de la provincia.

El nuevo escenario parece hecho a medida para que Jorge Yoma cumpla el sueño de pibe. El embajador argentino en México no puede sustraerse a la fascinación de lo que sucede en su tierra natal. El miércoles por la noche Cristina Kirchner le acercó una pauta que intentará cumplir a rajatabla.

–Vos no tenés que ser parte del problema sino la solución. No te involucres en la pelea –lo adoctrinó la primera dama en su despacho. Igualmente fueron en vano los esfuerzos del diplomática por mostrarse ajeno a un tema que lo puso en la tapa de la mayoría de los medios nacionales.

Hasta Alberto Fernández debió admitir las chances de Yoma, con quien no sintoniza la misma frecuencia. Esa distancia habrá que adjudicársela a la decisión del jefe de Gabinete de aprobar el exilio del ex senador a México con el único propósito de acallar sus históricas quejas contra Maza.

Vale recordar que, a fuerza de promesas y ayuda financiera a la provincia, Fernández fue artífice de la conversión del mandatario menemista en un ferviente kirchnerista. Por la estrecha relación que ha forjado con Maza se arroga el derecho de llamarlo Didí, un apodo que no suele traspasar la frontera riojana.

A decir verdad, no habrá un candidato a gobernador inmaculado. Tanto Yoma como Maza y Beder Herrera son de matriz menemista. Estos dos últimos se colgaron de la boleta de “Menem Presidente” en el 2003. Mucho tiempo antes Yoma había decidido hacer rancho aparte con su Frente con Todos. Hoy los tres declaran su devoción kirchnerista y protagonizan una batalla sin cuartel por la herencia del poder que Carlos Saúl supo acumular.

Menemistas K

Para entender la crisis de La Rioja hay que remontarse a los años de oro del menemismo. Es un secreto a voces que el ex presidente nombraba a dedo al candidato a gobernador y dejaba que su hermano Eduardo seleccionara al vice. Eso sucedió con la fórmula Maza-Beder Herrera. Claro que el ocaso de Carlos Menem generó tensiones internas, Maza fue perdiendo peso y control político. Se comprometió entonces a cederle su lugar a Beder Herrera en el 2005, aprovechando el pedido de la Casa Rosada de postularse a senador para enfrentar al propio ex presidente. Aquel triunfo sobre su padre político lo envalentonó. Renunció a la banca recién obtenida, lugar que fue ocupado por su hermana Ada, y retomó las riendas de la provincia para trabajar en pos de su cuarto mandato. La fractura con Beder Herrera fue inevitable.

La autoridad de Maza inició una caída libre. Los diputados se le retobaron, perdió el manejo de la Legislatura unicameral, del Tribunal de Cuentas y hasta de la intendencia de la capital riojana. El desgaste fue tal que ni la impensada alianza con Yoma, concretada en diciembre pasado bajo el paraguas del kirchnerista Frente Para la Victoria, logró cambiar el estado de ánimo en el distrito.

Esta semana, con la aprobación de la enmienda constitucional que puso coto a la reelección indefinida, se llegó al punto cúlmine de la crisis. Beder Herrera, fogonero de la reforma, se presentó como un adalid de la democracia. Y hasta tuvo el tupé de fustigar contra el “sistema feudal” –según sus propias palabras– que impera en la provincia. Habrá que recordarle que no es otra persona sino él quien ocupa desde hace 16 años el cargo de vicegobernador (llegó en 1991, acompañando a Bernabé Arnaudo) y que la enmienda votada no le impide presentarse este año como candidato a gobernador.

De paso, no está demás destacar que para la existencia de una democracia plena no es suficiente la alternancia en el poder, una posibilidad igualmente limitada en La Rioja si se tiene en cuenta que la superabundancia de empleados públicos y Planes Jefes y Jefas Hogar transforma al electorado en clientela.

La reforma votada también bajó de un plumazo la controvertida ley de lemas. Pero generó un vacío legal ya que dejó sin sistema electoral a la provincia. ¿Cómo tendrán que definir los partidos a sus candidatos? ¿Deberán realizar internas? ¿De qué manera?

En estas últimas horas Beder Herrera cayó en la cuenta de la gaffe y comenzó a telefonear a los radicales para buscar una solución al tema. Hasta marcó el número del propio Yoma. A propósito, el vicegobernador se regodea por estas horas ensalzando al embajador por su respeto a las reglas de juego: otra manera de acusar de traición a Maza. Por su parte, el gobernador no deja de sospechar de la complicidad de su aliado Yoma en el “operativo desgaste”, ya que eso le permite presentarse ante Kirchner como el “salvador” de la provincia.

El sueño de representar al proyecto presidencial en La Rioja también es de Beder Herrera. Pero la Casa Rosada se muestra inclemente con el vice. No digiere sus maniobras de erosión a Maza. Y derivó en Juan Carlos Mazzón la tarea de escucharlo. El Chueco está ducho en esto de ponerles la oreja a los peronistas que no se alistaron en el Frente para la Victoria.

Polaroid mexicana

En la carrera hacia la gobernación, Yoma saca ventajas de la intolerancia oficial hacia Beder Herrera. Pero sobre todo de la desesperación del gobernador, con quien mantiene un acuerdo político evidentemente precario. Fue ostensible el vacío que le hicieron a Ada Maza en el Senado cuando recorrió despachos buscando consenso para una intervención federal que abortara la embestida contra su hermano. Carlos Menem la atendió. Pero, astuto, inmediatamente salió a volantear el encuentro. Se tomó una pequeña revancha de la deslealtad de Maza, un político que moldeó a su medida pero que lo abandonó para acomodarse, como lo hizo siempre, bajo el calor del poder, esta vez el kirchnerista. Cristina, a tono en todo con su marido, también se mostró refractaria a la intervención que la familia Maza auguraba. “¡¡¡¿En plena campaña vamos a estar votando en el Senado una intervención? Por favor!!!”, dijo la primera dama, según relató a Página/12 un testigo de su irascibilidad.

En la Casa Rosada sólo se comenzó a evaluar el tema con algún grado de seriedad durante la última semana. ¿La razón? El temor de que Beder Herrera diera curso a alguno de los cuatro pedidos de juicio político que pesan sobre Maza y que podrían culminar con la destitución del gobernador.

Con la crisis como telón de fondo, Yoma armaba brioso el viaje de Cristina a México, probablemente para fines de marzo o principios de abril. Ambos se conocen al dedillo por su pasado común al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta. En la confección de la agenda, de la que no es ajeno el canciller Jorge Taiana, se incluyó una disertación de la primera dama en el Instituto para el Derecho de Asilo. La última dictadura militar obligó a numerosos argentinos a exiliarse en el Distrito Federal. La senadora también dictaría una cátedra en el Colegio de México y, teniendo en cuenta que el país azteca es el principal importador de cultura argentina, participaría de un acto en la Sala Permanente de Cine. Una de las metas del viaje será acordar con el presidente Felipe Calderón la rúbrica de una carta de intención para lograr una alianza estratégica entre ambos países. Se programa, además, una participación de Cristina en el Consejo Empresario para disertar sobre el modelo económico.

La gira busca posicionar internacionalmente a la primera dama en su carrera hacia la presidencia de la Nación. Y Yoma aprovechará la foto para mostrarse como el caballo del comisario. Claro que no podrá presentarse oficialmente en condición de tal hasta mayo, porque eso es lo acordado con Kirchner. Blanquearlo antes de tiempo no haría más que horadar el poder, raquítico pero poder al fin, que aún ostenta Maza.

Pero en la intimidad, Yoma ya se pasea con el traje de candidato y hasta admite que, si la Casa Rosada se lo pide y la necesidad de triunfo lo demanda, pondrá como compañero de fórmula a un hombre del mazismo o, si fuera necesario, a un portador del apellido Maza. Otra demostración de que las ansias de poder producen milagros.

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