EL PAíS › RECLAMOS CONTRA IRAN Y MOMENTOS EMOTIVOS EN EL ACTO POR LOS TRECE AÑOS DE LA AMIA

“¿Acaso no fue un ataque a la Argentina?”

Una multitud recordó a los 85 muertos del atentado de 1994 contra el edificio comunitario judío. El presidente Kirchner, Cristina Fernández y buena parte del gabinete estuvieron presentes. Reclamos para que se corten relaciones con Irán y para que se declare a Hezbolá como grupo terrorista y se lo prohíba.

 Por Sergio Kiernan

Hubo dos elementos llamativos en el acto por los 13 años de la AMIA. Uno fue sutil, en el lenguaje: las 85 víctimas de la bomba del 18 de julio de 1994 no murieron sino que fueron “asesinados”. Con regularidad, los tres oradores del acto de ayer y el locutor que iba hilando la ceremonia usaron esa palabra, más contundente y mucho más exacta, para definir qué pasó con esas personas. El segundo elemento fue la clara agenda política del acto, agenda simplificada respecto de otros años en un solo reclamo, que Argentina denuncie a Irán por el atentado, que lo haga en la ONU más allá de los pasos judiciales contra iraníes concretos y que corte relaciones diplomáticas con Teherán.

El acto comenzó, como ya es una tradición, a las 9.53, la hora en que el viejo edificio de la mutual judía argentina fue destruido por un coche bomba. En el sector cercado junto al palco, justo abajo de una gigantografía que mostraba el frente original del edificio, reemplazado hace unos años por una torre, estaba buena parte del gobierno nacional: el presidente Néstor Kirchner, su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, y varios ministros, altos funcionarios nacionales y de la ciudad, y figuras políticas (ver nota aparte). El palco frente a Pasteur 633 era el centro de un vasto operativo de seguridad que había cerrado al tránsito seis manzanas completas de Once, tenía un segundo cordón de control de peatones y una fuerte presencia del GEOF, el swat de la Policía Federal, que con sus uniformes importados de EE.UU. le daba un toque casi de Bagdad a la escena. Los hombres de camuflaje eran el lado más visible de un operativo de 500 agentes.

Resultó notable que, tantos años después de la tragedia de la AMIA, el público siguiera cubriendo varias cuadras sobre Pasteur y casi una en cada lateral, una multitud que no parece variar de aniversario en aniversario. Abundaban los carteles improvisados con la palabra “Justicia” y no faltaron carteles de los deudos de Cromañón y hasta de los trabajadores del Clínicas uniendo sus reclamos a los del acto.

La ceremonia comenzó con la lectura de los 85 nombres de los asesinados en 1994. En la fría mañana, que amenazaba con una lluvia que no llegó, se escuchaban los “presente” dichos en voz baja, como en un ritual que a más de uno le quebró la voz. Una señora alta, de pelo cano y largo, directamente se retiró llorando abiertamente a mitad de camino de la lista. Le abrían camino algunos de los muchos adolescentes presentes, que tal vez ni habían nacido cuando el atentado o andaban en pañales.

Al terminar la lista, el locutor saludó la presencia de legisladores y autoridades comunitarias chilenas, de líderes judíos de Uruguay y del presidente del Congreso Judío Latinoamericano, Jack Terris. También anunció la adhesión del premier israelí Shimon Peres y de su canciller, y mencionó que se habían recibido otras 150 que resultaba imposible enumerar. Y entonces le dio la palabra a Luis Grynwald, presidente de la AMIA.

Grynwald, que lleva muchos años de actividad en la sociedad mutual judía, comenzó recordando a colegas y empleados de la AMIA que en un día normal estarían trabajando o tomando mate, pero “la bomba los asesinó”, por lo que hoy están “pero en la memoria de todos nosotros”. Grynwald fue tajante al presentar lo que sería el tema del acto: “Irán es responsable”, “Irán no colabora”. Luego saludó el pedido de captura de ex funcionarios iraníes “como autores intelectuales del atentado” y fue por más: “¿Acaso no fue el ataque a la AMIA uno a la Argentina? ¿Acaso no fue un ataque a nuestra soberanía? Señor Presidente, está probada la responsabilidad iraní”. Grynwald, a la vez que elogiaba las actitudes del Gobierno y evitaba hablar de complicidades oficiales pasadas en el encubrimiento de la investigación, pidió que el comercio con Irán, que actualmente está casi reducido a cero, no evitara algo que él veía como necesario: “Reclamamos que el gobierno argentino rompa relaciones diplomáticas con Irán”.

Entre aplausos, el presidente de la AMIA se puso más específico. “Es necesario replantear nuestra política hacia las organizaciones terroristas. Para el gobierno argentino, Hezbolá no es una organización terrorista. Hezbolá tiene cada vez más presencia en América latina y nuestro país debe apoyar el esfuerzo de otras democracias contra el terrorismo”, además de impulsar una prohibición de sus presencia en el marco del Mercosur. Grynwald aclaró que la reciente ley que tipifica el terrorismo como delito “es un avance”, pero que “esperábamos más, mucho más”. Al seguir, aclaró que “celebramos que este atentado haya sido declarado crimen de lesa humanidad, imprescriptible. Confiamos en la Justicia y exigimos justicia”.

Entre tantas referencias abiertas hacia el terrorismo islámico, el presidente de la AMIA aclaró que “nada socavará nuestras relaciones armoniosas con la comunidad islámica” argentina. Luego, entró en la “conexión local” del atentado y festejó la primera condena por encubrimiento –los cuatro años al oficial de policía que destruyó los casetes de escuchas– y que la Cámara Federal “haya declarado que el encubrimiento también es imprescriptible”. Para Grynwald, “la investigación nos debe demasiadas explicaciones”, en particular sobre cómo se organizó el atentado y se preparó la bomba, el rol de varios argentinos sospechados en la causa, el uso de la Triple Frontera para entrar y sacar personal al país, y las actividades de “las mezquitas de Flores y Cañuelas”.

Dirigiéndose directamente a Kirchner, Grynwald le dijo que “confiamos en su compromiso de ir al fondo de la investigación” y le pidió que “la fiscalía de (Alberto) Nisman acelere los tiempos”. Luego mencionó que, “mientras no se aclare el atentado, la comunidad judía seguirá esperando su repetición” y habló de “la costumbre” de vivir entre pilotes, en referencia a las defensas que marcan los edificios de la comunidad como defensa contra autos bomba. “Nos hemos acostumbrado a la anormalidad, a esas rejas.”

Luego fue el turno de la invitada Pilar Rahola, ex vicealcaldesa de Barcelona y habitual vocera de las posiciones israelíes, que improvisó con visible emoción. “Argentina le está dando una lección al mundo”, dijo la española, en referencia a los pedidos de captura de ex funcionarios iraníes. Para Rahola, la AMIA es un capítulo de un fenómeno internacional y “las víctimas de la AMIA son las víctimas del mundo. ¡Son mi gente! Cayeron ante la misma muerte que mató a doscientos en Madrid y a tantos otros”. Rahola explicó que para ella “no nos mueve sólo la memoria sino también el compromiso moral” y criticó a los que “no dicen la verdad” o son demócratas “pero con corrección política”. Con dureza, dijo que “vergüenza me da que en nombre de la izquierda, que es mi ideología, haya gente que viaja hoy a Irán”. La española, asumiendo lo que no fue confirmado, felicitó al presidente Kirchner “porque va a denunciar a Irán ante la ONU”, y eso porque “la ONU calla demasiado” y es “un refugio de dictaduras”. También pidió que, “como en Europa”, se tipifique a Hezbolá como una organización terrorista y se prohíban sus actividades.

Pasado el segundo intervalo musical –Juan Martín Rago con una canción extremadamente sentimental y Julia Zenko con una notable en su entusiasmo– cerró el acto Sergio Burstein, acompañado de familiares de las víctimas. Con enorme emoción, Burstein arrancó con una suerte de lista de los “injustos”, retomando los tradicionales cargos de encubrimiento contra figuras como el ex presidente Carlos Menem y su ex ministro del Interior Carlos Corach. También fue violentamente crítico del ex funcionario Luis D’Elía, al que calificó de “vocero de Irán en Argentina”. El final del acto fue, también como ya es tradición, una invitación a que “cada uno ore como es su costumbre” y un agradecimiento al público.

Al salir del palco, el presidente Kirchner dijo brevemente que “todo lo que se dijo fue claramente expresivo de lo que sentimos y lo que pensamos”. El Presidente repitió que “compartimos plenamente, pero nosotros lamentablemente llegamos nueve años después”.

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Una multitud notable acompañó el acto, que comenzó con la lectura de los nombres de todas las víctimas de 1994.
 
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