EL PAIS › EL PROGRESISMO KIRCHNERISTA, SIN CHACHO PERO CON ISABEL ALLENDE

Acto de campaña en el Panamericano

El socialista Jorge Rivas y Edgardo Depetris, del Frente Transversal, fueron los organizadores, junto a Chacho Alvarez, que no fue. También estuvo Carlos Heller y la viuda de Pugliese y varios ministros. Cristina Kirchner llegó con la hija de Salvador Allende.

 Por Martín Piqué

Venecia rojo shocking era el título de una película famosa; ayer fue el vestuario de Cristina Kirchner en el Hotel Panamericano. El color del tailleur que llevaba la candidata del Frente para la Victoria podría parecer un dato menor en la mayoría de los casos. En cambio, si lo que se proponen los organizadores es aportar una impronta socialista a la campaña kirchnerista, el rojo pasa a ser vital, quizás imprescindible. Y como la ocasión lo auspiciaba, la candidata del Frente para la Victoria apareció con un rojo tan shocking como aquella película de Nicholas Roeg. Acompañada por la diputada chilena Isabel Allende Bussi, hija del presidente socialista Salvador Allende, la candidata presidencial del Frente para la Victoria defendió la propuesta de la Concertación Plural. “Yo me siento orgullosa de construir este espacio”, aseguró CFK ante un auditorio ocupado en buena parte por simpatizantes del Partido Socialista. El acto había sido convocado bajo el eslogan “encuentro por la unidad popular para profundizar el cambio”. Entre los organizadores estaban el diputado Edgardo Depetri, el vicejefe de Gabinete Jorge Rivas y, supuestamente, el ex titular de la Comisión de Representantes Permanentes ante el Mercosur y ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez. Pero a último momento Alvarez decidió no asistir al encuentro y la presentación de CFK –un rol que muchos hubieran deseado para sí– quedó en manos del socialista Rivas. La sorpresiva ausencia de Alvarez, comentada mucho en la previa, terminó siendo una de las comidillas del acto.

Cristina Kirchner apareció en la tarima tras la introducción de Rivas y las palabras de la hija de Allende (ver aparte). Eso la motivó a comparar el proceso de la Concertación chilena con la incipiente versión argentina. “Todos entendimos que los cambios profundos requieren grandes mayorías, pero nosotros empezamos al revés que en Chile. Empezamos con un gobierno que tenía el 22 por ciento de los votos y pudimos abordar un proceso de profunda transformación”, dijo. Luego hizo una broma sobre la disputa histórica acerca de a qué sector político le correspondía el mérito por la sanción de la legislación social en la Argentina. “Los socialistas decían que esas leyes habían sido pensadas por Alfredo Palacios, los peronistas nos orgullecíamos porque habían sido implementadas por Perón”, se rió. “Ahora estamos aquí sentados, un socialista y una peronista.”

La convocatoria cambió la fisonomía habitual del primer piso del hotel cinco estrellas. En la previa, Página/12 fue testigo de cómo algunos asistentes hacían chistes sobre la grifería imitación oro de los sanitarios. Eran parte de la multitud que se había movilizado desde los barrios para escuchar a la candidata del Frente para la Victoria. También estaban los funcionarios y dirigentes que nunca faltan en estas ocasiones: aunque muchos habían optado por permanecer detrás de bambalinas hasta último momento, para conversar y hacerse ver por sus supuestos compañeros. La mayoría, sin embargo, participó de los dos debates que estaban anunciados antes del discurso de CFK.

Aparte de socialistas, en el auditorio había militantes del Frente Transversal de Depetri, ex adherentes del Frente Grande que esperaban escuchar a Chacho Alvarez y se frustraron al notar su ausencia y un par de espías que aparecieron a último momento para escuchar a la primera dama y ver de cerca al auditorio. Uno de ellos fue el diputado Carlos Kunkel, hombre de estrechísima confianza del matrimonio Kirchner, quien se asomó por una puerta lateral y luego se sentó en la primera fila junto con las presencias VIP. Allí estaban los ministros Daniel Filmus, Carlos Tomada y Nilda Garré; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y la senadora María Laura Leguizamón, amiga personal de CFK.

La convocatoria se había propuesto darle un tinte académico al acto. La primera prueba llegó con el panel que dio comienzo al encuentro. En el palco se sentaron el secretario de Cultura, José Nun; la diputada y economista Mercedes Marcó del Pont; la senadora Vilma Ibarra; el funcionario Eduardo Sigal; el legislador porteño Fernando Melillo. Un cartel dejaba en claro que “la izquierda democrática y los movimientos sociales” estaban “con Cristina”. A la presencia del PS bonaerense dirigido por Rivas y el aeronáutico Ariel Basteiro hubo que sumarle un indiscutible ingrediente comunista, representado por el banquero Carlos Heller y la viuda del maestro Osvaldo Pugliese, Lydia Elman.

En una intervención muy aplaudida, Heller se animó a enfrentar la agenda impuesta por ciertos medios en materia de inflación. “No hay que reducir el gasto, ¡hay que aumentar el gasto público para mejorar la distribución de la riqueza! Eso sí, hay que gastar bien, que el Estado pague uno lo que vale uno”, dijo. El último discurso antes de CFK quedó a cargo de Depetri, quien hizo un balance político de los últimos cuarenta años y convocó a “construir unidad popular para enfrentar a los enemigos que vendrán”. “No enfrentamos sólo a López Murphy, Carrió, Lavagna y Sobisch. Enfrentamos a doscientas empresas que quieren aumentar los precios para quedarse con los beneficios del crecimiento”, subrayó.

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Isabel Allende, Cristina Kirchner, Susana Rinaldi y Jorge Rivas, en el Panamericano.
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