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Lula y Moyano, ¿vidas paralelas?

El secretario general de la CGT dice que hay hombres que entienden los cambios que se van produciendo a nivel general, como los de las formas de comercialización de la economía. A esos cambios hay que acompañarlos con “métodos nuevos, métodos novedosos”. Para Hugo Moyano, eso es “sentido común”. “Los hombres que entienden eso no dudan demasiado”, se jacta. En cierta forma está hablando de sí mismo. El camionero recuerda su trayectoria para defender su teoría de que hay que saber adaptarse. “Si yo aplicara en mi organización gremial la política que tenía hace cuarenta años, estaría todos los días peleando con los empresarios, diría que son explotadores pero no hubiera avanzado como lo hemos hecho con los salarios. Si uno no aplica el sentido común, no se da cuenta del avance que ha habido. Me acuerdo cuando manejaba un camión. No teníamos calefacción. Hoy los muchachos tienen todo. No sé si hoy podría manejar un camión con toda la nueva tecnología. Me tendría que actualizar, no podría quedarme con el Bedford que manejaba, o con el Ford.”

–¿Cuando trabajaba en la empresa de fletes Verga hermanos?

–(Risas.) Sí. Mi camión todavía anda por ahí. En aquel momento era naftero. Viajaba de Buenos Aires a Mar del Plata a nafta. Después pusieron un Perkins, un internacional.

–En el ciclo Presidentes de Latinoamérica, Lula dijo que su máximo sueño había sido manejar un camión. Terminó manejando un país.

–Quizá mi sueño fue al revés (risas). Vi la película de Lula. La dimos en la CGT. Fue bastante difícil su vida, cuando nació el padre se fue con otra. Creo que son once hermanos. Tuvo muchos problemas, el padre muere por la bebida. La madre era todo para él. No tenía interés por el sindicato, no le atraía. Ahí tiene una diferencia conmigo, porque a mí el sindicato me atrapó apenas empecé. Las asambleas de camioneros se hacían el domingo a las 8 de la mañana. Cuando yo era delegado, iba antes y acomodaba las sillas para que cuando llegaran todos estuvieran cómodos.

–¿La biografía de Lula lo llevó a pensar por qué no puede pasar lo mismo acá? Que un dirigente sindical llegue a cargos tan importantes...

–Jejé, van a poner el título de que yo quiero ser presidente. Es importante a lo que ha llegado Lula. Pero a mí me parece, por lo poco que vi, que Brasil tiene una política de Estado que puede variar un poquito para un lado o para otro pero es permanente. El brasileño puede ir un poquito más a la izquierda o a la derecha, pero siempre es la misma política. Lula ha tenido la posibilidad de llegar por eso.

–¿En la Argentina es distinto? ¿Hay cambios más bruscos?

–Claro. En la Argentina, si llega un hombre del movimiento obrero (se detiene, hace una pausa)... No va a poner que yo quiero ser presidente porque esto es un tema suyo, se lo digo en serio porque si no empiezan todos a hablar boludeces. Yo siempre les digo a los compañeros que si me hubiera dedicado más a hacer sociales y no a pelear por los salarios y las condiciones de trabajo, hubiera quedado igual en el gremio. Pero no se hubiera logrado el cambio. En el país lo mismo. Si los argentinos ponemos convicciones, fanatismo y obsesión para erradicar la pobreza, lo logramos. Si yo fuera presidente, haría en el país lo mismo que hice con los trabajadores camioneros. Los mejores salarios, las mejores condiciones para disfrutar las vacaciones, los mejores establecimientos para atender su salud. No es difícil hacerlo.

–¿Con qué recursos haría eso? ¿De dónde los sacaría?

–Los recursos se han logrado. Teníamos 8 mil y pico de millones de dólares en reservas y ahora tenemos 47 mil millones. Crecimos en casi 40 mil millones y tuvimos más. Y se le pagó al Fondo. Todo es cuestión de las políticas que se implementan.

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