EL PAíS › OPINION

La estrategia de gobernar solo

 Por Martin Alessandro *

La conformación de los gabinetes permite anticipar cómo planea gobernar el titular de un Poder Ejecutivo, según sostienen quienes –como el politólogo Octavio Amorim Neto– han estudiado la cuestión en profundidad. Si un presidente, gobernador o –en este caso– jefe de Gobierno se propone implementar sus medidas principalmente a través de la Legislatura, la designación de ministros recaerá en dirigentes de su partido o coalición de gobierno, para facilitar así el encolumnamiento del bloque legislativo detrás del Ejecutivo. Estas designaciones, a su vez, respetarán cierta proporcionalidad en relación con el peso legislativo de los distintos sectores internos que conforman ese partido o coalición. En cambio, si el Ejecutivo se propone “gobernar solo”, salteándose a la Legislatura, es probable que designe en los ministerios a técnicos independientes y amigos personales de estrecha confianza. Aceptando este razonamiento, ¿qué nos dice el gabinete de Mauricio Macri sobre su estrategia de aprobación de políticas?

Como suele suceder en la realidad, el gabinete de Macri no responde completamente ni a un modelo partidista ni a un modelo de “amigos” del gobernante. Ambos tipos de ministros coexistirán en su gabinete. De todas maneras, y exceptuando algunos casos (Rodríguez Larreta, Peña, Bullrich, Narodowski, Grindetti, Tonelli, Herrera Bravo), la mayoría de los ministerios y demás cargos de primera línea serán ocupados por personas que no integran PRO, o al menos no en un nivel dirigencial. Los “equipos del PRO”, tan mencionados en la campaña electoral, aparecen desplazados por “técnicos” no partidarios (Montenegro, Lemus, ¿Lombardi?, el fallido Rodríguez Felder) y por personas de confianza del jefe de Gobierno (apellidos seguramente desconocidos hasta para el lector más informado: Piccardo, Chain, Cabrera, Young, Lostri, Centurión, Clusellas, Irrazábal), sin mayores vínculos con el partido o el bloque legislativo oficialista.

Es improbable que estos funcionarios puedan inducir, por sí mismos, disciplina de bloque. Incluso las designaciones partidistas parecen obedecer más a un vínculo personal de esos dirigentes con Macri que a una distribución orgánica y proporcional de carteras (un “cuoteo”) entre sectores internos. Por lo tanto, resulta esperable que Macri priorice una estrategia de “gobernar solo”, amparado tanto en los (moderadamente amplios) poderes que la Constitución otorga al jefe de Gobierno como en el fuerte liderazgo personal que él mismo ejerce sobre la organización partidaria.

La siguiente pregunta es por qué Macri adopta esta estrategia. Retomando el argumento de Amorim Neto, es posible que un Ejecutivo minoritario en la Legislatura y sin posibilidad de establecer coaliciones, o con un bloque débilmente disciplinado, opte por “gobernar solo”. Pero éste no es el caso de Macri: con la renovación legislativa, el PRO cuenta virtualmente con una mayoría propia (tiene 47% de las bancas, cifra habitualmente suficiente para lograr quórum y mayoría), sin atisbos de indisciplina o rebeldía. Otra posible razón para “gobernar solo” es que el Ejecutivo sea “extremista”, es decir, que difiera marcadamente del Legislativo en términos ideológicos. Sin embargo, no parece que Macri tenga posturas muy distintas de las del promedio del bloque PRO. Por lo tanto, ninguna de estas razones explica satisfactoriamente la adopción de dicha estrategia.

La conformación de gabinetes no partidistas puede entenderse, más fácilmente, por la preferencia del jefe de Gobierno de concentrar el poder en su figura, designando personas que sólo respondan a él, sin respaldo o legitimidad política autónoma. Dado que, como mostraron los recientes comicios, la popularidad de PRO es muy inferior a la de Macri, no es ilógico que el gabinete sea mayormente una extensión de su persona y no del partido. Tampoco parece haber sectores internos “heridos” que, de momento, puedan imponer costos sobre esta estrategia del Ejecutivo. De todas maneras, estudios como el de la politóloga Barbara Geddes sugieren que los gabinetes sin nexo partidario con el Legislativo no son un adecuado respaldo para el Ejecutivo en situaciones de crisis o debilidad. En tales casos, “gobernar solo” puede conducir a problemas de gobernabilidad. La historia institucional (muy reciente) de la ciudad de Buenos Aires lo demuestra, aunque es indudable que Macri inicia su mandato con una base legislativa muy superior a la que tenía Aníbal Ibarra al momento de su destitución. Lo que también es indudable es que Macri ha decidido, para su proyección nacional, no fortalecer a la organización PRO (brindando visibilidad y recursos a sus dirigentes) sino confiar en su propia figura. Ventajas y desventajas de esa estrategia quedan para otro análisis.

* Politólogo UBA.

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