SOCIEDAD › POR EL CRIMEN DE ACRO, FUERON CONDENADOS LOS HERMANOS SCHLENKER, COMO INSTIGADORES

Cinco perpetuas inéditas para barrabravas

 Por Horacio Cecchi

El veredicto sorprendió a propios y ajenos: el crimen de Gonzalo Acro, como se conoció al asesinato del barrabrava de River por una facción que buscaba cobrar deudas pendientes en agosto de 2007, terminó con un veredicto de cinco perpetuas y una condena a 10 años. Más aún de lo que había pedido la fiscalía. Los hermanos Schenkler –Alan y William–, Ariel Luna, Rubén Pintos y Pablo Girón recibieron la máxima pena; y Martín Lococo la condena menor, una década, que en otros fallos hubiera resultado ejemplificadora. Los hermanos Schlenker, por entonces quienes lideraban el grupo de los Patovicas enfrentado con la cabeza de la barra, fueron considerados instigadores del crimen. Luna, quien disparó; Pintos y Girón, co-autores; y Lococo, partícipe secundario. Los Schlenker y Lococo salieron con las muñecas libres de los Tribunales: por fallo dividido, los jueces decidieron que sus sentencias quedaran pendientes mientras avanza la apelación que presentaron ante la Casación. Al telón del juicio, Luna amenazó al juez de Instrucción, Luis Rodríguez, y después responsabilizó del crimen al ex presidente de River José María Aguilar.

Con un fallo inédito en cuanto a montos en la historia del violento mundo de los barras y sus dirigencias, los jueces del Tribunal Nº 15, Hugo Decaria, Héctor Grieben y Javier Anzoátegui, cerraron el juicio oral que se había iniciado el 23 de marzo de este año con un acusado más: Sergio “Pelado” Piñeiro, que llegó al juicio acusado de co-autoría, el 27 de abril fue internado en un psiquiátrico y será juzgado más adelante.

El 7 de agosto de 2007, alrededor de las once de la noche, el grupo de los Patovicas atacó a balazos a Acro y a su amigo Osvaldo Matera cuando salían de un gimnasio situado en Bauness y Cullen, en Villa Urquiza. Acro recibió dos impactos en la cabeza y uno en la pierna. Matera resultó baleado en la espalda, pero quedó fuera de peligro. Acro llegó al Pirovano en estado de coma y falleció dos días más tarde.

Los primeros en ser detenidos fueron Willi Schlenker, Pluto Lococo y el Pelado Piñeiro. A principios de diciembre se entregó Alan “el Rubio” Schlenker, después de un mes de permanecer prófugo. En Navidad de 2008, el Colo Luna fue detenido en Italia. Había hecho llegar a los medios argentinos su confesión del crimen. Dos meses y medio después, Italia lo extraditó a la Argentina, y ya ante el juez Luis Rodríguez –que llevaba la instrucción– declaró que aquella confesión la había realizado porque le ofrecieron dinero para hacerlo, y acusó a otro barrabrava por el crimen. A fines de 2009, los Schlenker fueron excarcelados por cumplir dos años detenidos sin sentencia firme.

A los dos meses de iniciado el juicio, el caso sufrió un sacudón revelador: Alan fue detenido por un fiscal de San Isidro, quien lo acusó de haber asesinado a un supuesto dealer, diez años antes, en Munro. Pasó un mes detenido y luego fue liberado bajo fianza.

Durante los alegatos, los abogados querellantes Cristian Poletti y Claudia Orgueira pidieron perpetua para todos los imputados. El fiscal del juicio, Gustavo Gerlero, consideró en cambio que hubo un “acuerdo de voluntades” entre todos los imputados para matar a Acro, sin instigadores específicos; y entendió que la intención no fue matarlo sino asustarlo o lastimarlo, por lo que acusó a todos por “homicidio con dolo eventual”. Para los Schlenker y Lococo pidió 17 años; para el Cucaracha Girón, 18; para Luna, 20, y para Pintos, 21, por la suma con otra condena pendiente.

En sus últimas palabras antes de la sentencia, el Colo Luna y el Oveja Pintos pidieron justicia. El Oveja, leyendo un cuaderno que apoyaba sobre sus muslos, dijo, dirigiéndose al padre de Acro, que “hace cuatro años que mi vida está destrozada”, y aseguró que “tengo terror de lo que pueda pasar, les ruego justicia, no me arruinen la vida con una injusticia”.

Más directo, Luna soltó una frase: “Lo único que pido es que no se haga justicia por el circo que está ahí afuera sino por lo que pasó acá adentro”. Se refería a los medios.

A partir de las tres y media de la tarde, el tribunal leyó el veredicto. En primer orden condenó a Ariel Luna a perpetua como co-autor de homicidio calificado, crimen e intento de homicidio (contra Matera) y lo declaró reincidente. Pintos también recibió perpetua, pena que comprendió una condicional que reunía tres condenas menores por robos simples. Girón también recibió la perpetua por ser considerado co-autor y fue considerado reincidente. Los hermanos Schlenker también recibieron perpetua, pero por instigación del crimen. Y Lococo recibió como pena diez años de prisión por considerarlo partícipe secundario.

Aunque los fundamentos recién serán dados a conocer el jueves próximo, las condenas dan la pauta de que se dio por probado que los Schlenker, sin haber estado presentes en el lugar del crimen, fueron dirigiendo el ataque por celular. En el lugar del crimen, quien disparó a Acro fue Luna, pero Pintos y Girón tuvieron participación directa que los equiparó a la autoría. Por último, con la disidencia de Anzoátegui, el tribunal permitió la excarcelación de los Schlenker y Lococo, mientras se sustancia la apelación ante la Casación.

A la salida del tribunal, Alberto Acro, padre de la víctima, dijo con lágrimas en los ojos que la condena le dio “algo de paz para seguir creyendo en la Justicia de este país”. “Estoy sorprendido porque me preguntaba si los jueces tendrían el valor de condenar a estos muchachos”, aseguró Aníbal Mathis, abogado de la familia Acro.

Mientras lo retiraban de la sala del juicio, Luna le lanzó al juez Rodríguez: “Esto lo armaste en Instrucción, ya te va a llegar”, amenazó. Después, a los periodistas les gritó que todo era responsabilidad del ex presidente de River José María Aguilar.

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Los Schlenker no estuvieron presentes en el crimen, pero se dio por probado que lo instigaron.
Imagen: DyN
 
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