SOCIEDAD › LA MUERTE DE CECILIA LIPSZYC, SOCIOLOGA, POLITICA Y FEMINISTA

Una militante de los derechos

Fue pionera en la defensa de los derechos de las mujeres. Combativa y frontal, fue referente para su generación y otras más jóvenes. Siempre acompañó su sólido trabajo intelectual con la militancia política, desde el PI al Frente Grande y el Frepaso, hasta el kirchnerismo.

 Por Mariana Carbajal

“No hay idea sin militancia. Ni militancia sin ideas”, decía Cecilia Lipszyc, en una asamblea de Carta Abierta, el 24 de julio de 2010, en la Biblioteca Nacional, donde destacaba la reciente sanción de la ley de matrimonio igualitario y se refería al “avance cualitativo” que significó –y significa– la ley de protección integral de las mujeres contra la violencia de género, que acababa de ser reglamentada por el Poder Ejecutivo. La frase, concisa, aplaudida, tal vez resuma la esencia de esta luchadora feminista, con gran formación política, de apellido difícil de escribir, que nos dejó el miércoles último. Irreverente, exuberante, Cecilia siempre dejaba su huella. Sus cabellos rojos, rabiosos, eran una de sus marcas distintivas. Ahí estaba, para ser vista y oída.

Socióloga, con gran formación intelectual y pensamiento de izquierdas, fue pionera en la defensa de los derechos de las mujeres en la recuperación democrática. Referente para su generación, pero también para otras más jóvenes. Combativa, desafiante y demoledora en sus argumentos –como la recordaron en estas horas quienes compartieron espacios de militancia–, estaba siempre en primera fila. “Tenía una conciencia muy clara de que la tarea política tenía que nutrirse de un trabajo con las ideas”, señaló ayer a Página/12 Gloria Bonder, directora del Area Género, Sociedad y Políticas de Flacso Argentina. Esa convicción se expresaba en su avidez por el conocimiento. Bonder recordó cuánto le sorprendió que Cecilia se anotara como alumna en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, que se abrió en 1987 en la Facultad de Psicología de la UBA, bajo su dirección. Era la primera vez que el feminismo llegaba a la universidad. Cecilia fue de las primeras alumnas, aunque ya tenía larga militancia en el Partido Intransigente. “Pregunté en la primera clase las motivaciones por las cuales se habían inscripto. Había feministas históricas y otras que luego se destacarían. La mayoría decía: ‘Para sistematizar’. Ella dijo: ‘Yo vengo a aprender’”, contó Bonder.

Ya en los noventa, fue una de las inspiradoras del Frente Grande, donde encabezó la coordinación nacional de la Comisión de la Mujer, que replicó luego en el Frepaso. En el ’94 fue constituyente y una de las artífices del armado transversal de mujeres de distintos partidos políticos, que permitió –entre otros logros– frenar los intentos de la derecha eclesiástica y conservadora de imponer una cláusula antiaborto. En la Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires fue asesora de la presidencia de la Comisión de redacción de la Constitución porteña.

“Era un cuadro que nunca traicionaba al feminismo en las líneas internas partidarias”, subrayó la historiadora e integrante del directorio del Conicet Dora Barrancos. “Se nos ha ido una gran leona”, agregó. Fue una mujer muy libre, en sus opiniones y en su vida personal. Investigadora, docente, fundadora de multisectoriales de mujeres y de redes feministas en Argentina y América latina, realizó numerosos aportes en relación con los derechos humanos, la democratización de la sociedad, la situación de las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, entre muchas otras temáticas. Como asesora, impulsó las leyes de cupo femenino, patria potestad indistinta, divorcio vincular, licencia por maternidad y jubilación automática para las amas de casa. Entre otros ámbitos, se desempeñaba en la Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer y en el Inadi. Se murió sin poder festejar la despenalización del aborto en el país, una causa que militó desde 1983. A pesar de la negativa de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a impulsar el debate, y de que ella se sentía cercana al Gobierno, nunca dejó de participar de una actividad de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto ni de reivindicar y defender esa bandera, con su pañuelo verde. Hizo carne lo personal con lo político. Al punto de que llegó a contar hace un par de años en un canal de televisión que en su juventud una vez que quedó embarazada nunca se le cruzó por la cabeza otra idea que no sea abortar. “Estudiaba, militaba, hacía un montón de cosas que con un bebé era imposible o impensable hacer. Decidí eso y no sentí tristeza”, dijo. Más tarde tuvo a su único hijo, Pablo.

En el último tiempo, su afección pulmonar la obligaba a movilizarse con un motorcito que le proporcionaba oxígeno. Pero esa situación no le impedía –o ella no dejaba que se lo impidiera– exponer en paneles y mesas redondas para defender una vez más los derechos de las mujeres. Y seguir con su incansable militancia, en Carta Abierta, en Todas con Cristina, entre otros territorios.

“Compañera coherente, inteligente, que aportó al movimiento feminista desde la teoría y la práctica, con un espíritu libre, crítico y audaz. Remedió lo increado. Mujer hecha de verdad, ironía y acción, alegre, perspicaz, fuera de serie. Un personaje, con música en la boca y garras en las manos”, la describió Susana Gamba, compañera de luchas y una de las creadoras del portal La Agenda de las Mujeres.

El año pasado, la Legislatura porteña la declaró “personalidad destacada de los derechos humanos”, un reconocimiento oportuno promovido por la diputada del FpV María José Lubertino. En ese homenaje, Cecilia dijo: “No sé qué me hizo ser feminista, pero la idea de la igualdad que tiene el feminismo no lo tiene ningún partido político, ahora sé que fue en realidad por esta concepción de la igualdad de oportunidades y de trato como punto de partida y de llegada lo que me llevó a serlo. Argentina es uno de los países avanzados en el tema, hemos conseguido muchas cosas desde que empezamos en el Partido Intransigente. Seguiremos en ese camino, muchas gracias por el reconocimiento”. Seguirán otras, seguro. Muchas.

Como apuntó Eva Giberti, en su muro de Facebook, al enterarse de su partida, “siempre me pareció penoso el escaso lugar ejecutivo del que dispuso en las instituciones que la convocaron. Hubiera podido hacer mucho más de lo muchisísimo que le debemos si se hubiesen reconocido sus capacidades y dotes para liderar y hacer. Las personas enérgicas y comprometidas a veces incomodan. Despedirla a Cecilia deja pendiente lo que hubiera podido ejecutar. La muerte no es el único pesar; su ausencia en los lugares con poder referidos al género es, para mí, lo irreparable”. Te vamos a extrañar, Cecilia. Hasta la victoria.

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