SOCIEDAD › EL TESTIMONIO DE ELENA MONCADA

Contar la historia

Elena Moncada eligió contar su historia a través de un libro que desde el año pasado rueda por distintos lugares del país, como testimonio de vida y como herramienta de transformación. Yo elijo contar mi historia es el título del libro que permite asomarse a la historia de vida de Elena, una mujer nacida en la ciudad de Santa Fe que supo lo que era el maltrato y el desamparo desde pequeña.

Vivió la violencia machista de su padre hacia su madre, que murió cuando ella era pequeña. Elena se casó muy joven con un hombre que la enamoró y la “preparó” para la prostitución. Durante años, la explotación sexual y consumo abusivos de droga fueron su realidad más concreta. Pese a los golpes sufridos, Elena evita victimizarse. “Hoy me gusta esta vida que tengo”, dice sobre su nuevo rumbo, que la llevó a dirigir la ONG Santa Fe en actividad, por los derechos de las mujeres, que se dedica a la prevención del VIH.

“No quiero decirles a las chicas en las esquinas qué deben o no hacer; pero sí decirles que me encantaría verlas en el lugar que ellas elijan para sí mismas. No siento que solamente les estoy llevando un preservativo, sino que tienen una oreja que las escucha, alguien con quien pueden identificarse porque, ¿quién más que otra persona que estuvo en la misma situación para comprender?”, expresa uno de los últimos párrafos del libro. “Me gustaría que descubran que pueden, que saben hacer otras cosas y que son tan valiosas como cualquier otra mujer. Durante mucho tiempo nos marcan que para lo único que servimos es para complacer a un tipo, pero cuando abrimos un cachito la cabeza nos damos cuenta de que podemos hacer un montón de cosas y ésa es nuestra búsqueda”, dice casi como una conclusión del relato.

Elena emprendió la aventura de contar su historia para volcarla en un libro en 2010, y durante 2011 fue entrevistada, todos los miércoles, por dos integrantes de la ONG Canoa de la capital provincial. Marcos Barberis y Javier Bonatti la escucharon y luego transcribieron su relato. Por eso, el libro es como una larga conversación, en la que se puede escuchar a Elena contando sus vivencias. “Estábamos haciendo unos talleres con los chicos y empezamos a juntarnos. A modo de chiste, siempre salía que yo era una artista, pero al empezar a hablarlo cada vez que me metía más en el tema, decía que tenía 45 años y no podía ser que hubiera vivido tanto”, cuenta Elena sobre el origen del libro.

No fue fácil el proceso, había días en que se deprimía al revivir toda la violencia que había sufrido. Para Elena, el proceso de escritura del libro fue también una ventana abierta a pensarse. Con la fuerza que le da la propia historia de su vida, hoy dice: “La prostitución no es trabajo, es una violencia hacia el cuerpo de la mujer. Cuando estamos en situación de prostitución no estamos eligiendo”.

Su convicción es firme, pero prefiere evitar la confrontación. “Respeto si las compañeras se llaman trabajadoras sexuales porque hay procesos y hay que transitarlos. Hay que vivirlos, no todas procesamos de la misma manera ni en el mismo tiempo. No quiero dar la discusión sobre si es trabajo o no es trabajo, porque no mandaría a mis hijas a una esquina, no se lo desearía a nadie. A mí definitivamente no me interesa discutirlo”, expresa Elena.

“No quiero ser víctima”, son las primeras palabras que Elena pronuncia en el libro, en nombre propio. Ahora, que habla de todo lo que escribir habilitó en su vida, Elena asegura: “Antes... nunca me pensé, ni antes ni después. Yo era un objeto que había que usar y descartar y nada más. No me pensaba como mujer, ni como mujer con derechos ni nada, no me pensaba directamente”. En aquellos años, la vida era un continuo presente con una premisa: aguantar y sobrevivir.

El nacimiento de su primer nieto fue un momento de quiebre. Desde 2008 dedicó sus mayores energías a la ONG. Con la fuerza de lo vivido en carne propia, hoy considera que “hay un hilo tan finito entre la prostitución y la trata. Y obviamente hay una discusión enorme. Si quieren legalizar la prostitución (dice en referencia a la posición de Ammar-CTA, que presentó un proyecto de ley para regular la actividad, a la que denomina trabajo sexual), dicen que lo eligen. Yo creo que ninguna compañera quiere estar en la esquina con 40 grados de sensación térmica, o indispuesta, o con fiebre”, enfatiza.

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