SOCIEDAD › PIDIERON ELEVACION A JUICIO ORAL EN EL CASO DEL CRIMEN DEL COUNTRY

El femicida que quiso matar

La fiscal consideró que Fernando Farré es imputable, “un hombre violento” que mató a Claudia Schaefer luego de una “historia de violencia, celos, ira, revancha y egoísmo”. Sumó como evidencia audios con amenazas enviados por él.

La fiscal que investiga el femicidio de Claudia Schafer, asesinada de 74 puñaladas por su ex pareja, el gerente de marketing Fernando Farré, en la casa del country Martindale el año pasado, pidió la elevación de la causa a juicio oral. En el escrito, la titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Especializada en Violencia de Género de Pilar, Carolina Carballido Calatayud, consideró acreditado que Farré es “un hombre violento” e imputable, y que lo que pasó fue “una historia de violencia, celos, ira, revancha y egoísmo que terminó de la peor manera, con la muerte de Claudia”. El requerimiento de elevación a juicio, que acusa a Farré por el “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por haber mediado violencia de género” de su ex esposa, fue presentado al juez de Garantías 6 de Pilar, Nicolás Ceballos. El abogado de Farré anticipó que no se opondrá a la posibilidad de “que se haga un juicio rápido” y pedirá que sea con “jurados populares”, al tiempo que aseguró que “Farré es inimputable”.

En el escrito, la fiscal Carballido Calatayud dio cuenta de que para dar por acreditado el femicidio y su agravante recurrió a los resultados de peritajes forenses practicados sobre el cuerpo de la mujer, la escena del crimen y el imputado, testimonios de allegados y familiares de la familia y también grabaciones de mensajes y conversaciones entre la víctima y el victimario.

Para la funcionaria judicial que llevó adelante la instrucción quedó comprobado que el 21 de agosto de 2015 Farré encerró a Schaefer en el vestidor de la casa de Pilar, a la que poco antes ella había llegado para retirar sus pertenencias y en compañía de su abogado, porque el proceso de divorcio estaba resultando conflictivo. Tras encerrarla, Farré la degolló y le provocó 74 heridas con dos cuchillos de cocina. Se trató de un “brutal ataque” en el cual el victimario “tomó previamente los cuchillos de la cocina los cuales o escondió en su campera (...) o los llevó antes de que llegara Claudia al vestidor”.

Sin embargo, advirtió Carballido Calatayud: “la violencia ejercida hacia Claudia había empezado mucho antes, muchos años antes y luego de una intensa escalada como si fuera de manual, terminó en el femicidio”. Lo que terminó con el crimen ese día de agosto, cuando Schaefer fue a retirar sus pertenencias acompañada, porque temía a la reacción de su ex pareja, aunque él estuviera en el lugar con su madre, fue “una historia de violencia, celos, ira, revancha y egoísmo” que “se encuentra acreditada por el acta de defunción, el acta de necropsia y el contundente y escalofriante informe de autopsia”.

“La situación para Claudia ya se tornaba insostenible, durante años soportó violencia de todo tipo por parte de su marido, hostigamiento, escenas de celos, demostraciones de poder y hasta violencia física. Por eso ya desde principios de 2015 dormía junto a su hija N. y no con Farré para evitar que la acosara con sus insistentes pedidos de explicaciones o agresiones”.

En declaraciones ante la justicia, algunos testigos dieron cuenta de que los maltratos no eran desconocidos pero sí cotidianos. Aunque Schaefer durmiera en el cuarto de su hija adolescente, Farré la despertaba con un velador apuntándole a la cara y la frase “tenemos que hablar”. El gerente esperaba a que ella se bañara para entrar subrepticiamente y tomarle fotos desnuda, la humillaba ante otras personas con referencias a su cuerpo, la acosaba, menospreciaba el trabajo y el sueldo de ella. Una de las empleadas domésticas contó que al menos una vez Schaefer fue a trabajar con los ojos irritados porque Farré le había rociado en la cara un frasco de perfume.

“Podemos concluir que estamos claramente ante una persona violenta, quien fue elevando su escalada de violencia a medida que se daba cuenta que ciertamente su esposa quería separarse”, señaló la fiscal, que para acreditarlo contó con conversaciones y mensajes que intercambiaron Farré y Schaefer desde que ella había anunciado su intención de divorciarse. Inicialmente, el femicida se había resistido a dejar el departamento familiar, algo que debió hacer cuando medió orden judicial. Tras eso, días antes del femicidio, en un audio enviado a Schaefer Farré le recriminaba: “Hiciste un plan perfecto para sacarme de la casa cuando lo podías haber hecho de otra manera, me humillaste, me echaste (del departamento) de Libertador, no tengo nada, no me dejaste que te diga la propuesta que te iba a hacer”. Poco después, grabó: “Vos me pegaste donde más me duele. Vos me echaste de la casa sabiendo que eso me dolía. Entre preso o muerto me da lo mismo. Si no me dejás ingresar a Libertador buscate otro padre para los chicos. Esto o torturarme es lo mismo”.

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El gerente de marketing resistía el divorcio, humillaba y amenazaba a su ex pareja.
 
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