UNIVERSIDAD › OPINION

Movimientos juveniles

 Por Hugo Biagini *

Los hechos recientes ocurridos en Chile, Buenos Aires y Francia abrieron el interrogante sobre si existe un reflorecimiento de los movimientos juveniles de protesta. Mi respuesta es afirmativa y puede simplificarse si hablamos de una suerte de neojuvenilismo fáctico y en ocasiones proclamativo, sea porque se está perfilando un protagonismo central por parte de las nuevas generaciones, sea porque se considere a las mismas como variables intrínsecas del cambio social sustantivo y de un nuevo hombre.

Ni siquiera en un país como Chile, moldeado por la mentalidad privatista de los Golden Boys, se ha logrado domesticar a sus adolescentes –gaseados y encarcelados–, integrantes de una sociedad cuya tercera parte vive bajo la línea de pobreza, no dispuestos a incorporar un modelo responsable de ella y que introdujo bajo el pinochetismo un sistema educativo arancelario reñido con la igualdad de oportunidades. Un sistema que no ha desaparecido con el advenimiento de otra gestión “socialista”, sino que además ha sido premiado por la Secretaría de Estado norteamericana al considerar a ese mismo país como “socio estratégico” frente a los gobiernos “populistas” –calificativo que personalmente prefiero reemplazar por el de nuevos nacionalismos o mejor aún por el de izquierda plebeya– de Venezuela, Bolivia y Argentina, dispuestos a tomar otro rumbo distinto al de los ajustes estructurales noventistas y al del realismo periférico de las relaciones carnales y del alienamiento internacional automático.

Los levantamientos en Francia muestran también a las claras el rechazo al proceso y a la ideología homogeneizadoras de la mundialización por parte de los sectores juveniles medios y bajos, cuyo horizonte ha sido visceralmente cercenado según ya lo ha venido demostrando la literatura y la praxis provenientes de la correntada alterglobalizadora. Como puse de manifiesto en una reciente entrevista formulada por Página/12, en nuestro país se está reaccionando contra una universidad que responde a una lógica mercantil, coopta intelectuales, forma una casta profesoral y directiva lindante con la corrupción, margina estudiantes y amengua el cogobierno, explota a la mayoría de los docentes y administrativos. Se ha creado una atmósfera institucional anestesiante que genera frutos para elegidos, donde impera el lobbismo, normativas favoritistas, procedimientos sinuosos y una máxima por excelencia: “trenzo, luego existo”, en flagrante contradicción con la conducta racional y conforme a principio que se predica desde los claustros.

Con todo, son justamente las nuevas juventudes, privadas de ideales y de porvenir por una modernización conservadora, quienes siguen batallando por las reivindicaciones sociales, ante el perentorio desafío de reactualizar macroproyectos humanistas como el de la Reforma Universitaria que han permitido concebir un mundo para todos, pese al repliegue de muchos elencos supuestamente avanzados. Asimismo, nuevos liderazgos, como el aparecido en la República Bolivariana de Venezuela, proponen reasumir la antorcha redentora en cuestión, como ha sucedido con el llamado efectuado por Chávez en Viena ante una masiva concurrencia de jóvenes, exhortándolos para que sean ellos y sus congéneres quienes salven al planeta de tanta guerra preventiva y promuevan una legítima democracia revolucionaria.

* Doctor en Filosofía, profesor de la Universidad de La Plata.

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